Definición:

Definición:

El cuento fantástico es aquel que,
por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables,
hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural

y deja al lector sumido en la incertidumbre.

28 de julio de 2018

DANGER PELUSAS


Tenía que llegar rápido, y ponerme a limpiar.
No podía recibir a nadie en mi casa en las condiciones de mugre que sostenía hacía más de tres meses.
Abro la puerta, y una pelusa gigante intentaba comerse a mi gato, que se parapetaba debajo de la mesa sobre una silla, aprovechando que por ahí la pelusa no pasaba.
De una patada la mandé para el otro lado y rescaté al pobre Amadeus que me miró con reproche, ya estaba cansado de pelear contra las pelusas gigantes que en los últimos días, lograron movilizarse a voluntad, cosa que evidentemente les daba hambre, y vaya uno a saber por qué capricho de la naturaleza, o la contaminación ambiental, deseaban satisfacerlo comiéndose a Amadeus.
Ademas de por la visita, decidí ponerme a limpiar, porque seguramente si crecían un poco más, a quien iban a tratar de comerse era a mí… de carne somos.
Con la aspiradora limpié todo el pelusaje, casi parecía que gritaban, pero eran pelusas, así que era un grito sordo, más bien telepático.
Por eso les hablaba, les decía, mientras aspiraba que era porque tenía visitas que se calmen, que ya iban a salir de nuevo…
Después ordenar, limpiar el polvo acumulado, acomodar los libros desparramados, y papeles, por todos lados papeles, notas, recortes de diarios, facturas de servicio, anotaciones varias, folletos, flyers, y más libros y revistas, y diarios enteros. Y… tanto desorden…
Ropa sucia, ropa limpia, ropa que…
Zapatos, ojotas, chancletas.
Vasos, copas, ceniceros, botellas vacías, latas, pañuelos descartables, servilletas de papel.
Por suerte el departamento era chico, así que no llevaba mucho tiempo y hacía pensar ¿cómo se puede armar tanto kilombo en un lugar tan pequeño?
Las pelusas seguían protestando adentro de la aspiradora.
Quien venía de visita, ¿las podría escuchar?
No sé.
Timbre.
Por suerte estaba todo masomenos presentable.
Más limpieza sería mentir. Si la casa es un reflejo de la personalidad de quién la habita, que todo esté perfecto sería una gran mentira.
Y no tenía ganas de empezar una relación con una mentira.
Esta vez me mostraría tal cual soy, con defectos y virtudes, esperando lo mismo de la otra persona, y que sea lo que dior quiera.
Nos conocimos en una fiesta.
A la salida de una fiesta nos cruzamos, cuando llegaba yo me iba.
Pero hubo un chispazo incomprensible.
Y como teníamos ámbitos en común en las redes sociales empezamos a hablar, hasta que por fin se decidió el encuentro.
Y justo ahora estaba subiendo.
Qué nervios.
Desde aquel cruce no nos vimos en persona.
Abro la puerta, mientras baja del ascensor, se da vuelta y esa sonrisa que me mata… la intensidad de esos ojos…
Beso, entra, una copas, charla amena un poco de música.
En un momento dado me dice:
-Hay un ruido extraño, que no logro definir qué es, pero me da escalosfríos. ¿Tenés a alguien encerrado en algún lado?
-No, son las pelusas. -Manteniendo mi mejor cara de poker. -Hace un rato pasé la aspiradora y las pelusas siguen en la bolsa, no la vacié, y parece que no les gusta estar encerradas.
Si con esta confesión no se va a la mierda, puede ser amor.
No se va, dice ah, como si fuera lo mas normal, y seguimos con la charla.
Nos distraemos con la charla…
Le voy a sacar una pelusita imaginaria del hombro y sin pensarlo le acaricio la cara. Me salió, no pude atajar la mano.
Uy, perdón.
Está bien, no me molesta.
Y se me acerca, para un beso.
Y qué beso…
La ropa se soltó sola y escapó de nuestros cuerpos.
No sé cómo llegamos a la cama y todo fue piel, caricia, besos, lenguas, manos, y ya no sé cuál es mi piel y dónde empieza la tuya.
Los cigarrillos de después, fueron entre besos y charlas liviana, adormecida.
Y el sueño nos cae encima y no lleva en brazos hasta el infinito.
Y nos perdemos en el más allá onírico.
En el sueño siguen los besos y las manos jugando con los cuerpos ya sin limites definidos en una sola masa de placer.
Un latigazo de realidad, me trae del sueño, y no entiendo nada… ¿que pasó?
No está a mi lado, ¿acaso fue todo un sueño?
Y de nuevo ese grito ahogado que me despertó.
Está en el baño, me levanto y voy, en el camino la aspiradora destrozada como testigo de la fuga.
En el baño una pelusa gigante, la suma de todas las pelusas tiene a mi amor casi a medio tragar.
La aspiradora no existe más, necesito encontrar la forma de eliminar esa pelusa, y lo único que se me ocurre hacer es usar la palangana de agua que al mojarla la aplasta y contiene en una masa peluda pero sin forma y logro liberar a mi amor, que le cuesta respirar, tose un par de veces, y me mira con esos ojos que me matan, y asiente.
Le pido perdón, no sé cómo hacer, porque no quiero que me deje…
Y entiende todo, nos sacamos todos los restos de pelusa, con un baño rápido aunque bastante caliente, y nos secamos y mientras tomamos un whisky, para espantar la tensión y el miedo, me cuenta que alguna vez le pasó algo similar… y que de ahí aprendió a no dejar que las pelusas crezcan tanto, por más que el resto de su casa sea un desastre.
Perdió a un amor, porque no pudo soportar la presencia de las pelusas… pero ahora que lo piensa, es que desapareció… tal vez…
Pero no queremos pensar más en el pasado, la amenaza de las pelusas gigantes será controlada, y viviremos felices para siempre.

3 de julio de 2018

POSTALES DEL FIN DEL MUNDO

I


El último huevo.
El último huevo de la última gallina.
El último huevo de la última gallina, de la última granja.
El último huevo, la última comida, de la última persona que queda sobre la tierra.
¿Frito? ¿Hervido? ¿Revuelto? ¿Poché?
Es la última cena, literal, porque no queda ningún otro alimento en el mundo.
Hervido se puede partir en dos, y comer otra parte mañana. 
Eso sólo alarga la agonía.
Morir un día más….
No tiene sentido.
Última cena.
Frito.
No hay pan, pero sí, unas gotas de aceite… y los últimos polvitos de ese pimentón.
Sal, por suerte no falta.
Es casi un banquete.
Cada paso tiene que ser dado con total seguridad para cocinar el mejor huevo frito de la historia de la humanidad… el último.
Dejar que se caliente el aceite.
Con cuidado pegarle con un cuchillo, para cascarlo sin que se destroce.
Abrir las mitades y dejar caer…
Está podrido.
Adentro un pollito a medio formar.
Es imposible comer eso, es puro sangre podrida, restos de tejido, y yema.
¿Y ahora?
El último banquete le fue arrebatado.
Se sienta, ya sin ganas siquiera de deprimirse.
Ahora empezará la agonía del hambre.
Pero…
Si hay pollito, tiene que haber un gallo.
Si hay un gallo, entonces…
Salió a buscarlo.
Todavía estaban las huellas de la gallina en la tierra, desde que no había más viento, todo permanecía igual.
Recorrió, tratando de diferenciar huellas distintas.
Casi corriendo de un lado a otro, cuidando de no pisar las huellas, y enloqueciendo de ansiedad. Giró, corrió, volvió a girar, tropezó y cayó.
Y miró el cielo de un hermoso color verde, agitada la respiración, desesperando, lágrimas de impotencia,
otra vez…
sólo le quedaban dos.
Respiró, hasta recobrar el aliento.
Y se levantó, sacudió su ropa.
Volvió a la casa.
Tendría que poner trampas, para cazar al gallo.
Y volver a tener compañía.
Se hacía muy difícil el fin del mundo, en soledad.


II

La última gallina.
La última gallina, de la última granja que queda sobre la tierra.
La última gallina con vida, de la última granja; que pone los últimos huevos.
No es muy vieja, sigue poniendo día a día un huevo, y con eso está asegurada la alimentación, de la última persona que queda con vida, sobre la tierra.
Y de paso se hacen compañía.
La gallina desarrolló su carácter. O al menos eso parece.
Puede ser también, que al ser el único ser vivo que acompaña a la última persona viva sobre la tierra, esta persona se ha tomado el tiempo de mirarla y conocerla.
O puede ser que la gallina, al ser libre, también se ha tomado el permiso de desarrollar una personalidad.
No le gusta el maíz. Mejor porque ya no existe.
Le gusta andar escarbando por ahí, y sacando gusanitos y otros insectos de las raíces de las plantas.
Ella sola los vé… pero deben existir porque se alimenta de eso.
Y le gusta caminar, esto es bueno porque así desarrolla sus piernas, llegado el momento…
El temor es que se pierda, y que no vuelva.
Por eso es mejor vigilarla. No es cuestión tampoco de perseguirla, porque es muy independiente, y no le gusta para nada que la controlen tanto.
A veces pareciera que está probando si la persiguen, porque como los espías, hace que camina para un lado distraída, y de repente se da la vuelta porque justo a su espalda está ese bichito que estaba persiguiendo. Y mira, sobre los pastos. Es sólo un segundo porque al siguiente está saboreando su presa, que estaba justo ahí.
Por eso fue necesario hacer una cerca.
La única manera que pueda caminar casi libre, o por lo menos sin que la estuvieran vigilando.
Mucho no le gustó. Por varios días llegaba a la cerca, y quería salir, ir más allá. Porque en ese lugar, del otro lado de la cerca estaban los gusanitos más sabroso.
Pero como todo, con el tiempo se acostumbró.
Después de todo tenía suficiente terreno para caminar, y el esfuerzo de querer traspasar la cerca era cansador. Además de inútil.
Eso fue como perder una batalla, y un poco se deprimió.
Pero claro, también fue el paso del tiempo que la hizo no tener tantas ganas de ir más allá.
Primero, se quedaba antes de llegar a la cerca.
Hasta que un día, dejó de caminar tanto.
Y otro día sólo salía a comer y volvía.
Al verla así, dejó un lado de la cerca abierta, para ver si se animaba un poco. Si volvía a salir.
Pero ya no le interesaba el horizonte. Se conformaba.
Y ya no fue necesario cerrar el perímetro… igual no se iba.
Así unos días, hasta que casi no se movía, y fue necesario llevarle algunos bichitos que tampoco quería comer. Toda clase de intentos se sucedían, para que comiera algo o que tomara agua; pero se resistía la muy cabeza dura.
Y se me va a morir… no puedo hacer nada, se me va a morir.
Como aquella vez, y la sensación al endurecerse para aceptar una realidad, conocida; lo que duele, y que hay que bancársela. Como que aceptó que no podía hacer nada.
Y de a poco se apagó.
El último día que vivió, dejó dos huevos.
Como si hubiera sabido que la última persona con vida sobre la tierra necesitaba de sus huevos para alimentarse, para poder seguir viviendo.
Su cuerpo estaba un poco encogido por la edad, pero igual sirvió de alimento durante casi seis días.
Más los huevos guardados, eran nueve días más con qué alimentarse.
Cuando comió el último pedacito, de la última gallina que quedaba en el mundo, la última persona viva sobre el planeta, lloró de soledad.


III


La última granja que quedaba sobre la tierra.
La última granja que quedaba sobre la tierra, albergaba a la última persona que habitaba el planeta y la última gallina, que daba los huevos para brindar el alimento necesario para sobrevivir al fin del mundo.

Era una granja con todo lo necesario para ser funcional, cómoda, y con detalles de lujo campestre.
Quedaba en un valle, que terminaba en el mar; antes se podía plantar cualquier cosa, crecía fuerte. Pero desde que todo ocurrió, y como en toda la superficie del planeta, lo que se plantaba, difícil que brotara, y si brotaba producía plantas raquíticas, con dudosas propiedades.

Era un conflicto, ya que la función de una granja tiene que ver justamente con agricultura hogareña, y animales… pero ya no.
Había un clima de cuestionamiento existencial; porque, ¿qué era una granja que no podía producir alimentos?
Perplejidad… y crisis existencial.

Por suerte era una granja con carácter…
Una vez que se quedó sin habitantes y que la tierra murió, después de un primer momento de crisis; decidió que era una granja para sobrevivientes.

Porque seguro que algún sobreviviente había.

Siempre pasa, ¿qué sentido tiene un fin del mundo, sin ese sólo sobreviviente que tiene que contar los grandes errores de la humanidad para ver si logra crear conciencia de que nos estamos aniquilando entre nosotros; que eso no tiene sentido porque lo que deberíamos hacer es unirnos y luchar contra el enemigo común que es uno solo y se llama… oligarquía, poderosos, poder económico, grandes empresarios, extraterrestres, simios del futuro, pájaros, trífidos… el que sea… siempre hay un enemigo… ah!! zombies, casi me olvido de los zombies!

Así fue como la granja se preparó para recibir a los sobrevivientes.

No te voy a mentir, que hubo días que me desesperaba y perdía toda esperanza y me creía que no iba a venir nadie. Si, claro que sí… una tiene sus complejidades, no te creas que por ser una granja ya está, todo bien… no, yo me cuestiono la existencia también, y tantas otras cosas.
Pero un día pensé que era la primera vez que iba a ser, exactamente lo que quería ser…
No es que siempre soñé con que quería ser refugio para sobrevivientes… al contrario; hasta que no pasó esto, no sabía qué quería ser.
Y eso que lo pensaba.
Porque está bien que yo siempre fui granja, no por decisión, porque me construyeron así.
Pero pensaba ¿qué quisiera ser, si yo pudiera elegir qué ser?…
Y no me lo podía responder.
Con las tareas cotidianas y el esmerarme por ser una buena granja, me olvidaba de eso, pero cada tanto, cuando tenía un momento salía la pregunta. ¿Y vos qué querés ser?
Tenía que pasar un desastre grado extinción, para darme cuenta que, quería ser refugio para sobrevivientes.

Esperó pacientemente, hasta que primero una vibración, ruido de… grande, era un vehículo grande.
Y llegó la última persona viva sobre la tierra con todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo, y se instaló en la última granja.

Esta sería una oportunidad de cerrar con un “y vivieron felices para siempre...”; pero eso no pasa.
“Siempre”, no sucede… 

Los primeros días la alegría de la granja era notable, es esa etapa del sueño cumplido.
Lo que renueva esperanzas.

Pero fueron pasando los días, y medio que se empezó a habituar a la presencia. Quería volver a sentir la excitación de esa primer vibración que anticipaba la llegada de alguien más.
Porque su sueño era ser refugio para “sobrevivientes”, en plural… y solamente albergaba a una persona, que además parecía bastante complacida en su soledad, y eso no era lo que la granja quería.
Si atravesó un evento de extinción, lo sobrevivió y se dio cuenta de lo que quería para su vida; una sola persona ermitaña, no iba a hacer que la granja desistiera de su sueño.

Necesitaba que llegaran más sobrevivientes.

Sino, ¿qué sentido tenía? Iba a ser un monólogo del único sobreviviente… no, de ninguna manera lo podía permitir.

Para que el fin del mundo fuera interesante se necesitaban más sobrevivientes, para que haya conflictos, para que expongan distintas miradas del mundo, o para que se enamoren… el fin del mundo sin amor, no valía la pena.

Pero como solía ocurrir antes del fin del mundo, y evidentemente fue una de las pocas cosas que no cambiaron; uno desea algo, y si se cumple una parte, nunca es completa, y, pasado un tiempo, pierde el estado de deseo casi cumplido, para convertirse en frustración.



IV


La última persona que habitaba el planeta, llegó por fín a la última granja sobre la faz de la tierra, con la última gallina, y todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo.

Pudo llegar hasta esa granja en particular, porque se enteró de su existencia en la red.
Jugaba a buscar cuál sería la casa de sus sueños. Buscaba por distintas localidades, hasta que encontraba alguna que por razones del momento, era la elegida.
Esa tenía todo lo necesario para ser perfecta.

Estaba cerca del mar.
Caminando pocos minutos hacia allá, estaba la playa; una costa interminable, y el mar.
Dentro del mismo terreno había una fuente de agua dulce, napas de agua que afloraban en una laguna, de casi una manzana… y que se vaciaba por alguna otra napa, porque había corriente, que no estaba manejada por el mar…

La tierra, era fértil en ese valle; antes de que todo muriera, claro está.

La casa en sí, tenía todas las comodidades: luz eléctrica, instalación de agua caliente, calefacción; todo muy bien pensado. Utilizaba energía solar y un molino de viento. Había abundante leña, gracias a un bosque cercano que también era parte de la propiedad, y que ayudaba a ocultar la casa para que no se viera desde la ruta.
La casa soñada. Y por fin la tenía, podía vivir en ella. 

Y todos esos temas que durante tanto tiempo fueron su preocupación habían desaparecido… junto con el resto de la humanidad, claro.

Ahora, la preocupación pasaba por cosas tan básicas como qué comer, y cómo obtenerlo.
Cuando llegó con todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo, no se imaginaba que el problema más grande no sería la comida.

Siempre se imaginó que lo mejor que le podía pasar era ser la última persona viva en 25 km a la redonda, no tener que ver a nadie, y poder vivir en estrecho contacto con la naturaleza.
Era una de esas veces en que, cuando se te cumple el deseo, te das cuenta que no, que así no era.
Porque como siempre, la puta vida, que le encanta jugarte malas pasadas, te cumple el deseo, y estás en la soledad en contacto con la naturaleza, pero te quita la opción de poder acercarte a la ciudad en el momento que te pinte ganas de socializar; entonces te cumple el deseo pero te manda también el fin del mundo, como si te dijera: ¿querés soledad? Bueno, acá está, para que tengas.

Y, son ese tipo de cosas que no tienen vuelta atrás. No se vuelve del fin del mundo. Lo único que podes esperar es perecer, más tarde o más temprano, y en la mayor de las soledades.

Como le pasó a la granja, los primeros días eran de acomodar todo, y acomodarse. 

Repartir las tareas a lo largo del día, una cena, y descansar. Repartir víveres, planificar salidas… todo lo que es la logística, cuando una sola persona se tiene que encargar de todo, y con recursos limitados; y lo que no hay, hay que inventarlo o fabricarlo o reemplazarlo. Y eso lleva tiempo y planificación y pensar.
Hasta que todo está masomenos acomodado… y ahí empieza el tiempo aterrador en el que el pensamiento te lleva a otros caminos que no son los que la realidad te permite.

El deseo… el desear cosas, momentos, sabores, que son imposibles de alcanzar. 

Ya no hay, ya no existen, ya se murieron todos y todas.

Entonces la gallina.

La que pasa a ser, además de la proveedora de tu ración diaria de alimento, tu única amiga.

Por eso, los 9 días posteriores a su muerte fueron los peores.
No por la certeza del hambre venidero.
Por la soledad.

Y cuando ya te acomodas a la idea de la muerte y la soledad, la esperanza de un posible gallo, te hace renacer.

Días, de aquí para allá creando posibles trampas que no lo dañen, pero que lo atrapen.

Días en los que ya no hay comida, y el cuerpo se va apagando de a poco.

Hasta quedar ahí, sin poder levantarse. Un entresueño que mezcla realidad y un mundo onírico apenas diferente… 

En los últimos momentos, cuando ya no podes salir de dentro de tu cabeza, escuchas coco
ro co co… pero no sabés si es real, y tampoco tenés fuerzas para intentar nada.

Y así, la última persona viva sobre la tierra, se apaga...

19 de enero de 2018

La humanidad no es una sola



Veo personas cubiertas de oro, destrozando las entrañas de otros buscando una pepita perdida.
Veo personas, clavando sus picos en las espaldas de otros para poder escalar una montaña inexistente.
Veo personas pisando sin piedad sobre otros, porque eso reconforta sus piés.
Veo personas comiendo niños, porque su carne es más tierna y gratifica sus sentidos.
Veo personas traficando con personas, con la vida de otras personas, con la salud de otras personas, y con el alma de otras personas, todo para acumular riquezas que se llenan de polvo en una cámara secreta, sin ser útil para nadie. A eso, le llaman poder... Y con el poder se embriagan hasta la locura.

Y también veo personas que sacan sangre de sus venas para alimentar a otros, y se desviven y se desmueren, dándole su abrigo, o su alimento o sus manos o su afecto, a otras personas que ni tienen aire para sobrevivir.
Veo personas que comparten esa miga que quedó en el mantel, y se alimentan mutuamente para no morir.
Veo personas que luchan para terminar con tanto egoismo, y que en los campos de batalla ponen el cuerpo para salvar a sus semejantes.
Veo manos extendidas para levantar a los que cayeron, y que ya ni saben para dónde correr.
Y veo que a pesar de tanto sangriento, sigue existiendo el amor al prójimo, porque sí, sin esperar nada a cambio.

También veo personas conmovidas por estas buenas gentes, dándo aliento a los que luchan, vivando la empatía, llorando de emoción por ver actos tan humanos, por ver tanta valentía, veo tantas personas conmovidas por los actos de arrojo de las personas luchadoras... veo tantas personas empujando con palabras, sentadas comodamente en el living de su casa, o dónde sea...
Sí, profundamente conmovidas... sí, agradeciendo esa muestra de amor... sí, sintiendo que eso es lo que le hace falta a la humanidad...

Pero sin poner el cuerpo, sin poner nada, como simples espectadores, como si no se dieran cuenta que estamos perdiendo, y que si no ponen todos el cuerpo, nos van a aniquilar.

5 de diciembre de 2017

Mi gárgola

En una esquina del techo había agazapada una pequeña gárgola.
Me observaba, mientras yo tomaba un café.
Por eso siempre pasaba por ese bar.
Me gustaba esa gárgola. No era bebé, era chiquita. En los ojos, en su forma de mirar se notaba que era vieja.
Le gustaba cambiar de lugar de acuerdo a quién sabe qué motivo. Y eso era algo que quería descubrir.
Mi misión era descubrir por qué cambiaba de lugar. Si había algún patrón en esos cambios.
Como no podía ir todos los días, empecé a ir siempre a la misma hora para analizar si había algún patrón.
Se cumplieron tres meses desde que empecé a ir al bar... o desde que empecé a observar.
Lo loco es que nadie la veía.
Una vez la encontré apoyada en una de las columnas observando con asombro a un hombre con traje y corbata que hablaba por celular y gesticulaba con ímpetu, la gárgola lo miraba y tan absorta que se iba acercando sin darse cuenta hasta quedar a un centímetro de la nariz del hombre, que miraba a través de ella...
Como yo la observaba, me ignoraba.
Si me sentaba en el lugar más cercano a ella, se movía, lento, pero llegaba hasta el otro extremo y se ponía de espaldas a mí, mostrándome sus alas verdes y fibrosas.
Por eso cuando llego, busco de sentarme lejos de ella y la ignoro...
Cuando no hay otras personas, se va acercando de a poco, pero si nota que le pongo atención se aleja.
Hace ya un tiempo que voy a la misma hora, es una hora muerta de la tarde en que no hay casi nadie... y se me acerca.
Llevo un libro y hago que leo y observo cómo de a poco se acerca... cae en mi trampa... y los últimos días, ni bien llego se acerca. Yo sigo mi lectura como si no la viera y ella se acerca más...
Hoy por primera vez, cuando estaba pegada a mi, levanté la mirada del libro y la miré directo a los ojos.
Un destello de sorpresa cruzó su mirada y se le dibujó, lo que parecía una media sonrisa.
Y con un alarido espeluznante se arrojó sobre mí, y quedó agarrada de mi cabeza como si fuera un sombrero exótico.
Y nunca más la pude sacar... ahora me acompaña a dónde voy, prendida de mi cabeza.
Ni siquiera cuando me baño logro alejarla de mi... tiene la habilidad de moverse de un lado a otro cuando porque claro, no se deja agarrar...
Nadie la ve, y yo voy por la vida con una gárgola viviendo sobre mi cabeza.
Ahora con la intensión de que se vuelva a alguna de las paredes, vuelvo al mismo bar...
Mira todo con interés pero no se baja de mi cabeza...
Una tarde pasaba por el bar pero no quería entrar y ella empezó a estirarse... me hacía señas para que entrara... se plantó sobre mi cara, noté en su mirada casi desesperación para que entrara al bar.
Me dio pena y entré, me senté y pedí el café de siempre.
Me doy vuelta para llamar a la moza y me encuentro dos pares de ojos que me estaban observando a mi y a mi gárgola.
Él tenía una mirada cargada con lo que yo sentía y su gárgola miraba a mi gárgola...
Mi gárgola saltó de alegría, pero no me soltó, y me susurró al oído que me acerque.
Lo mismo le decía a él su gárgola, y nos encontramos en el medio.
Parecía un tipo interesante, la conversación fluyó y nos contamos cómo llegamos a tener una gárgola de sombrero, la de él venía de otro bar y contándonos y escuchándonos, nos simpatizamos y después de los dramas, la primer risa y el hablar de otras cosas y reímos y puteamos por todo lo que pasa en el mundo y después de tomar unos tragos y reírnos y eso, nos dimos cuenta que nuestras gárgolas ya no estaba en nuestras cabezas...
Ya no estaban en el bar...
Ya no estaban.

Y un poco la extraño a la loca... la vida puede ser muy gárgola cuando quiere, y cuando no quiere... podés estar muy sola.

27 de noviembre de 2017

Movimiento continuo


El show llego al climax.
El público pogueaba y bailaba a lo loco.
Era una marea humana que no se detenía. Generaban tal adrenalina en los músicos que tampoco podían parar.
Un tema tras otro, y llegó la mañana, la luz del sol que se colaba por las rendijas, parecía alimentar más el kilombo.
Pero nadie paraba, era un circulo vicioso de adrenalina, movimiento, amor y rock&roll.
Y pasó la mañana y los temas se empezaron a repetir y en esa repeticion se perfeccionaban generando más ímpetu en el público que contagiaba a los músicos la energía de un huracán y seguían y seguían tocando.
Y llegó la tarde y pasó.
Y la noche y otra mañana.
Un remolino magnético surgió de la sala, atrapando de locura, amor y rock&roll a quién pasaba y se reproducía la magia.
La onda expansiva de adrenalina, amor y rock&roll se expandía inexorable, dándo la vuelta al mundo y todo el sistema capitalista estalló.
No pudo soportar tanto amor y rock&roll.
En la sala, ya cansados, fueron bajando de a poco y después de un par de bises dieron por terminado el show.
Fueron saliendo de a poco totalmente inconcientes de que habían provocado el fin del mundo conocido, destruyendo a puro corazón, al maldito capitalismo.

Dedicado a los Acorazado Potemkin...  www.acorazadopotemkin.com.ar 

25 de septiembre de 2017

Momentos "uy... se me terminó la birra"

Estás fumado...
sólo...
escuchando música...
cuando...
¡Oh No!
¡es la última gota!
y ¿qué hacés?
No te queda otra...
Salís a buscar un chino o un kiosco abierto... a las 3 de la matina... fumado... y con un par de birras puestas...
Te acordás que hay un 24 horas cerca del hospital... y entrás a caminar.
La calle tranca... no pasa naranja... hasta que...
El reflejo azul de las luces de un patrullero que viene por la calle perpendicular...
uy y ahora que hago...
y te comés flor de paranoia... te hacés la película al mejor estilo "Expreso de medianoche"... la cana está muy peligrosa estos días, y vos con esa pinta de jipi bandolero tira bombas... barba de tres días, remera de... bueno, ese aspecto que hace que los que te ven, crucen de vereda.
Te ven así, los ratis y sos boleta...
Como podés te escondés en una puerta.
El patrullero pasa por la esquina, sin doblar.
Uff... el alivio... respirás.
De repente ruido como que se abre la puerta.
Sentís una mano que te agarra y te mete adentro de la casa, que está totalmente oscura y sentís el perfume de una mujer, y la uñas que se clavan en tu brazo, y te mandás... y sentís otras manos que te van sacando la ropa, y te acordás de los calzoncillos que están rotos, pero para cuando te das cuenta, ya no están y eso es una boca, y manos y tetas y pijas y todo a la vez y te hundís hasta el fondo de esos cuerpos y a tronarla.
Con quién esté a mano y con todos a la vez.
Y te hundís en un océano de cuerpos que sudan y palpitan al ritmo del...
Un ruido de vidrio que se rompe te despierta.
Lo usual, cuando un vaso cae al piso.
Te levantás como podés medio dormido y, como podés limpias todo y te volves a sentar.
Te querés tomar un vaso de birra para despejar todo, esa nube que quedó entre sueño y vigilia,
servís…
y ahí te das cuentas que...
uy se te terminó la birra...


2 de julio de 2017

22 de mayo de 2017

Pájaro muerto

Para preparar una omelette 
es necesario romper los huevos. 
Doña Petrona




Parece que en un sueño se puede atravesar uno de esos portales interdimensionales.
Es la única explicación que tengo para estar acá, en este estado de terror.
No me alcanza la palabra miedo para describir lo que estoy sintiendo, y tampoco me alcanza terror.
Es una sumatoria de ambas, y agregándole también horror.
Una parte de mi se aísla de todo y trata de racionalizar y de buscar la palabra más adecuada para describir esto, ayuda un poco, es una forma de negación, pero siento los dientes que mastican dentro mío y el miedo vuelve a apoderarse de mi alma.
Desperté, como todas las mañanas, o eso imaginaba, y cuando estaba leyendo el diario y tomando mate, suena el portero eléctrico.
No esperaba a nadie, dudé un momento pero atendí... ese fue el primer error.
En otros momentos me fijé la idea de que si no espero a nadie no atiendo el timbre.
Sería algún residuo de recuerdo inconsciente de algo que conectaría las dimensiones, no sé, pero fue algo que vino a mi mente y me hizo tomar una decisión.
Pero evidentemente esta mañana estaba con los cables mal conectado o sería el traspaso de dimensión que varió, aunque levemente, algunas de mis decisiones tomadas.
Primero no escuchaba nada, insistí en preguntar ¿quién es? y escuché una voz como un graznido que decía algo ininteligible.
Se me erizaron los pelos de la nuca ante esa voz, pero pensé que sería alguien afónico, no sé, no tenía por qué sentir esa sensación.
Y volví a preguntar ¿quién es? con voz firme, no iba a demostrar miedo, eso lo sabía de...
Y de nuevo esa voz, ese graznido de pájaro muerto. No se entendía lo que decía.
Por atrás escucho que alguien habla, toca el timbre en otro piso, y le responden, y abren la puerta.
Y me asalta el miedo, porque dejaron pasar al pájaro muerto.
Va a tocarme el timbre acá, en mi puerta, y no tengo forma de detenerlo.
Verifiqué que la puerta estuviera con llave, y me agazapé para escuchar el ruido del ascensor que subía y se detenía en mi piso. Se abría la puerta y...
El timbre que sonaba. Del otro lado de la puerta estaba el pájaro muerto.
Tenía mucho miedo, pero una linea de racionalidad aún sobrevivía en mí, por lo que miré por la mirilla y pregunté de nuevo ¿quién es?
El graznido respondio, un nombre que olvidé de inmediato, y preguntó por la odontóloga.
-Acá no hay ninguna odontóloga, tiene que ser en otro piso, no sé.
Lo dije gritando, con mala onda, había algo que percibía que me producía un rechazo brutal sobre ese hombre, que ni siquiera sabía quién era, que dijo su nombre pero no recordaba, o si...
Subió al ascensor y se fue.
Eso me dio un poco de alivio, aunque me dejó esa sensación de vulnerabilidad, de estar a merced de... no sabía de qué, pero era peligroso.
Y sonaba de nuevo el timbre del portero eléctrico, con estridencia de invasión y de reclamo.
Que ¿quién es? y de nuevo el graznido, preguntando en qué piso está la odontóloga, que no sé, le grito que acá no es, ya con un dejo de desesperación en la voz.
Y ahí llegó el pánico, al escuchar esa risa...
Una risa que disfrutaba mi miedo, y volvía preguntar por la odontóloga.
No sé, mi respuesta angustiada, y de nuevo la risa.
Y colgué el portero, y me quise sentar pero no pude porque de nuevo el timbrázo aterrador, y esta vez no atiendo y volvió a sonar y de nuevo todo se volvía miedo, y oscuridad, porque las ventanas se taparon con una noche que no existía, pero que estaba porque las tinieblas invadieron y no sé a qué parajes de misería me llevaron...
Yo estaba sola, en mi departamento que estaba dentro de esa oscuridad, salida no sé de dónde, y el timbrázo del portero, y ese graznido que me pedía que salga, que me una a ellos, que así podría ser feliz.
Por eso el horror, el miedo, la desesperación... el no saber qué hacer para librarme de esto.
No sé qué portal traspasé en sueños, ni por qué vine a parar acá.
Menos sé cómo salir.
Al verme atrapada en mi propia casa, presto atención a los detalles, y noto las leves variaciones, eso no estaba hí, el lugar es allá. La planta tiene menos hojas y con alguna forma diferente, y tantas cosas que puedo percibir inconscientemente, pero no podría describir.
El aire se siente distinto.
Pero no malo, no peligroso, es mi casa mi refugio, mi lugar, y acá estoy a salvo, mientras no entre el pájaro muerto.
Tengo un poco de hambre, sólo tomé mate, y me cortó en mitad del intento de desayuno, voy a prepararme una omelette.
Bato los huevos, un poquito de cebolla, jamón, queso y taparla para que derrita el queso.
Cuando la destapo para ver, me encuentro con una cosa inflada y obscena que me mira, se me cae la tapa de la mano y retrocedo asustada.
Levanto la tapa y la tiro sobre la sartén para no mirar más esa abominación, la tapa cae sobre la sartén tapa por un instante rebota y se cae al piso de nuevo.
Y veo que en la sartén hay una omelette como cualquier otra, sin rasgos terroríficos, apenas una omelette.
Debo estar enloqueciendo, lo que veo no existe, ¿serán alucinaciones?
Pero ¿porvocadas por qué?
Otro timbrázo me hace saltar, y me invade el terror de nuevo.
Ya van como tres o cuatro veces que hace lo mismo, deja pasar un rato, y cuando me estoy relajando y olvidando el timbrázo que me golpea en la boca del estómago y me desespera por no saber cómo escapar.
Estoy atrapada, y desesperada, si aún no estoy loca, no va a pasar mucho tiempo hasta que enloquezca.
Tengo que terminar con esta pesadilla, como sea. No quiero enloquecer.
¿Cómo llegué acá?
Intento el pensamiento racional para salir de esta pesadilla, aunque no sea...
Es lo único, poner paños fríos al pánico, no perder la calma, pensar con frialdad y encontrar la solución. Es la única manera, si me dejo llevar por el miedo voy a cometer errores y se soltará mi locura.
¿Cómo llegué acá?
Busco en mi memoria. Recién me levanto, hasta anoche, cuando me acosté todo era normal.
¿Qué soñé?
Si pudiera recordarlo, algunas respuestas llegarían.
Me viene la sensación de lo soñado, como una tristeza sorda, en una nube gris... humo de sensaciones terribles que se perdieron con el tiempo. Nada claro, me concentro y un relámpago de miedo me frena y trato de pensar en otra cosa, pero la solución está ahí, no la puedo dejar ir.
Me concentro, hago acopio de valor para enfrentar lo que sea, y trato de recordar.
¿Qué soñé?
Caminar hacia un lugar que tiene que estar allí, pero no sé muy bien dónde, en sueños las cosas se materializan al buscarlas y esa es la puerta que quería, y la llave la tengo en mi mano. Abro, entro y...
Pero de dónde venía, porque esa puerta es mi casa. Antes pasé por algún otro lado que hizo que cambiara mi universo, y pienso, y trato de relajar todo mi yo para que emerja la memoria.
Y el timbrázo que me hace saltar el alma, y caer en un abismo.
Y rompo a llorar, la desesperación me puede y no aguanto más esta pesadilla. Desconsolada lloro por impotencia, por no saber qué hacer.
Y un rayito de ira atraviesa mi llanto, y se hace espacio y crece dentro mío, y me enojo... me enojo con ese viejo de mierda que me vino a tocar el timbre y a cagrame el día, y la furia se hace lugar para acompañar a la ira, y el miedo huye despavorido, llevándose con sigo el horror y el pánico, y la bronca, por la interrupción de mi desayuno, estalla.
Abro la puerta con un garrote en la mano, y salgo espantando sombras y demonios que asombrados por mi presencia no saben qué hacer.
Y empiezo a repartir palos, bajo en el ascensor que quedó vacío de alimañas, y llego a la puerta de calle.
La cara de regocijo del viejo de mierda, muestra una pizca de asombro que va transformándose en duda y después en miedo y cuando finalmente abro la puerta, está paralizado sin saber qué hacer, ya no puede alimentarse de mi angustia, ya no puede sostenerse en mi miedo, porque estoy furiosa.
Con el garrote le rompo los dedos, asi no vas a romperle más las pelotas a nadie tocando el timbre.
Y después, un palazo en una pierna y cuando cae boca arriba, le rompo todos los dientes.
Ahora sí vas a tener que encontrar una odontóloga.
Lo levanto de la ropa y lo tiro a la calle, no vengas más a molestar por acá, y llevate tus sombras y oscuridades porque no se necesitan.
Y subo a mi casa, y veo por la ventana que todas las tinieblas se dispersaron y de nuevo el cielo azul...
Y me preparo otra omelette, la anterior la tiro por la ventana con tal puntería que le queda pegada en la cara al viejo, y puedo ver cómo lo empieza a masticar. El viejo quiere gritar pero no puede y pelea por sacarse la omelette que lo está masticando vivo.

Pongo un poco de música, y vuelvo a empezar mi día, esta vez sin que nadie me moleste.

6 de mayo de 2017

¿Quién es el culpable?


A dónde vayan,
los iremos a buscar...




Los gritos me hicieron dar vuelta, iba caminando hacia... ya no me acuerdo, 
era una calle paralela a la avenida, más tranquila, por eso el alboroto que se armó se escuchaba tan bien. 
Me pasó corriendo por el costado un pibe... gorrita, de esos pibes carne de horca. 
Tres grandotes atrás, que lo perseguían y un viejito que apenas podía con su cuerpo gritando y llorando que le robó el celular. 
Todos alterados por la indignación gritaban que lo pararan que le robó el celular al viejito, 
 ese malnacido, pobre anciano; 
por allá cerca de la esquina un pie puesto a tiempo hace caer al pibe y se le fueron todos al humo. 
 El viejito se acercó al tumulto, porque quería recuperar su celular, 
 el pibe gritaba que él no hizo nada, que no le robó nada. 
 La gente en modo horda, empezó a patearlo, sin escuchar lo que el pibe decía. 
 Alguien, por suerte todavía tenía puesta la cabeza de pensar y empezó a frenarlos. 
 Bajaron de volúmen los gritos y se volvía a escuchar las palabras del pibe. 
 Tardaron como dos minutos en entender lo que el pibe decía, 
y creo que a algunos no les iba a alcanzar la vida para comprender lo que el pibe decía. 
 -¡Yo no le robé nada! ¡Ese hijo de puta es uno de los genocidas que salió en libertad gracias al dos por uno! ¡Yo no le robé nada, yo lo reconocí! 

28 de abril de 2017

Terminar con los femicidios

En 28 días mataron 28 mujeres...




Y no aguantó más... 
Cuando el tipo que le pasó por al lado la miró de esa forma que miran algunos tipos y que te generan asco, se dio vuelta, lo miró a los ojos, 
y le puso un tiro.
Este, no va a maltratar a ninguna más. 
Y siguió su camino... con un poco de alivio. 
¿Cuántas fueron este més? ¿veintiocho, estamos a veintiocho y somos veintiocho minas matadas en lo que va del mes? 
Bueno... uno menos... un tipo ¿cuántas minas puede matar hasta que lo agarran? 
Imposible saberlo... por eso, este, no va a matar a ninguna de nosotras. 
Siguió su camino. 
Y en su camino se cruzó con una parejita que estaba discutiendo, y él... él la insultaba, la descalificaba... y ella lloraba... 
se acercó, y le puso un tiro en el medio de los ojos a ese pelotudito para que aprendiera que así, no se le habla a una mujer. 
Y a ella, la miró y le dijo 
vos no tenés que llorar, tenés que aprender a defenderte, porque sino, un sorete como este, un día te va a matar.
Defendete, ¿no ves que es una mierda de persona? 
Aprendé piba, si queres seguir viviendo. 
Y siguió su camino... 
Y ahí estaba, la barra de pelotudos que cada vez que pasaba se esmeraban a ver quién la denigraba más... 
Ejercicio de pajeros, cuando están en grupo se pajean mutuamente insultando y denigrando a las mujeres que pasan, pero nada de lo que dicen se lo dicen a la mina, es entre ellos 
porque se calientan entre ellos tratando de sorprender al otro. 
La mujer que pasa es el objeto intermediario... si serán mierdas... 
Y empezaron, cuando estaba a veinte metros empezaron... estaban tan absortos en la paja mental que ni la vieron 
cuando levanto el brazo, 
disparó, 
y le dio al primero en el medio de los ojos, 
y no atinaron a reaccionar hasta que le voló la tapa de los sesos al tercero. 
Lo que lamentó, es que como empezaron a correr, a los que faltaban los fue matando por la espalda, 
uno por uno, salvo el último que cayó, entonces ella se acercó, y logró ponérsela entre medio de los ojos. 
Así era más prolijo... manías de perfeccionista que tenía... 
Y ahora si, ya podía respirar con un poco más de alivio... eran siete de la barra y dos más, 
son nueve soretes menos para matar minas... 
Siguio su camino... 
Y los que miraban de esa manera... porque una mujer se dá cuenta cómo la miran, 
y no son todas las mirada iguales, entonces por lo menos a esos que ni siquiera tenían un filtro, 
 los fue voleteando a su paso... 
Al final, cuando la apresaron, eran noventa y tres tipos menos que tendrían la oportunidad de matar a quien sabe cuántas minas... 
Y claro, la encerraron. A ella la encerraron, y casi la condenan como paciente psiquiátrica... 
pero ella no los dejó. 
Y se pasó todo el juicio tratando de hacerles entender por qué los mató. 
Lo que las autoridades nunca confirmaron fue el motivo de la baja, en la cantidad de femicidios que se registraron en la ciudad en los siguientes tres años. 


Podes seguir en mi página www.lorna.com.ar