Definición:

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El cuento fantástico es aquel que,
por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables,
hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural

y deja al lector sumido en la incertidumbre.

5 de diciembre de 2017

Mi gárgola

En una esquina del techo había agazapada una pequeña gárgola.
Me observaba, mientras yo tomaba un café.
Por eso siempre pasaba por ese bar.
Me gustaba esa gárgola. No era bebé, era chiquita. En los ojos, en su forma de mirar se notaba que era vieja.
Le gustaba cambiar de lugar de acuerdo a quién sabe qué motivo. Y eso era algo que quería descubrir.
Mi misión era descubrir por qué cambiaba de lugar. Si había algún patrón en esos cambios.
Como no podía ir todos los días, empecé a ir siempre a la misma hora para analizar si había algún patrón.
Se cumplieron tres meses desde que empecé a ir al bar... o desde que empecé a observar.
Lo loco es que nadie la veía.
Una vez la encontré apoyada en una de las columnas observando con asombro a un hombre con traje y corbata que hablaba por celular y gesticulaba con ímpetu, la gárgola lo miraba y tan absorta que se iba acercando sin darse cuenta hasta quedar a un centímetro de la nariz del hombre, que miraba a través de ella...
Como yo la observaba, me ignoraba.
Si me sentaba en el lugar más cercano a ella, se movía, lento, pero llegaba hasta el otro extremo y se ponía de espaldas a mí, mostrándome sus alas verdes y fibrosas.
Por eso cuando llego, busco de sentarme lejos de ella y la ignoro...
Cuando no hay otras personas, se va acercando de a poco, pero si nota que le pongo atención se aleja.
Hace ya un tiempo que voy a la misma hora, es una hora muerta de la tarde en que no hay casi nadie... y se me acerca.
Llevo un libro y hago que leo y observo cómo de a poco se acerca... cae en mi trampa... y los últimos días, ni bien llego se acerca. Yo sigo mi lectura como si no la viera y ella se acerca más...
Hoy por primera vez, cuando estaba pegada a mi, levanté la mirada del libro y la miré directo a los ojos.
Un destello de sorpresa cruzó su mirada y se le dibujó, lo que parecía una media sonrisa.
Y con un alarido espeluznante se arrojó sobre mí, y quedó agarrada de mi cabeza como si fuera un sombrero exótico.
Y nunca más la pude sacar... ahora me acompaña a dónde voy, prendida de mi cabeza.
Ni siquiera cuando me baño logro alejarla de mi... tiene la habilidad de moverse de un lado a otro cuando porque claro, no se deja agarrar...
Nadie la ve, y yo voy por la vida con una gárgola viviendo sobre mi cabeza.
Ahora con la intensión de que se vuelva a alguna de las paredes, vuelvo al mismo bar...
Mira todo con interés pero no se baja de mi cabeza...
Una tarde pasaba por el bar pero no quería entrar y ella empezó a estirarse... me hacía señas para que entrara... se plantó sobre mi cara, noté en su mirada casi desesperación para que entrara al bar.
Me dio pena y entré, me senté y pedí el café de siempre.
Me doy vuelta para llamar a la moza y me encuentro dos pares de ojos que me estaban observando a mi y a mi gárgola.
Él tenía una mirada cargada con lo que yo sentía y su gárgola miraba a mi gárgola...
Mi gárgola saltó de alegría, pero no me soltó, y me susurró al oído que me acerque.
Lo mismo le decía a él su gárgola, y nos encontramos en el medio.
Parecía un tipo interesante, la conversación fluyó y nos contamos cómo llegamos a tener una gárgola de sombrero, la de él venía de otro bar y contándonos y escuchándonos, nos simpatizamos y después de los dramas, la primer risa y el hablar de otras cosas y reímos y puteamos por todo lo que pasa en el mundo y después de tomar unos tragos y reírnos y eso, nos dimos cuenta que nuestras gárgolas ya no estaba en nuestras cabezas...
Ya no estaban en el bar...
Ya no estaban.

Y un poco la extraño a la loca... la vida puede ser muy gárgola cuando quiere, y cuando no quiere... podés estar muy sola.

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