Una luna triste
Una triste luna
Una luna de tristeza
Una tristeza de luna…
Me gusta el último… vamos a ver.
Porque venía a contarte, de cuando me dejó un regalo la luna.
Pasó que…
No…
tengo que empezar por el principio…
Una de las primeras veces que tuve que volver a la casa de mi familia, seguía trabajando en CABA.
Para llegar a horario me tomaba el bondi de las 6:20, entonces llegaba a la parada un ratito antes… estaba sola, ya no era de noche pero no había salido el sol, cuando el cielo se pone añil… y ahí estaba la luna… como que se iba a acostar después de una noche de fiesta.
Y nos poníamos a conversar: el cruce entre la fisura que vuelve a casa y la que madrugó para ir al laburo…
Y desde ahí la amistad.
Cada vez que la veo le hablo… me pongo contenta y le cuento de dolores y ausencias, vacíos y oscuridades…
o le pregunto si no la está molestando tanto humano que va para allá…
Y así
por años…
Pero será que una se pone vieja, y cínica…
porque no hace mucho me di cuenta que de este lado somos nueve mil millones de almas, diez y ocho mil millones de ojos que la miramos y nueve mil bocas…
Bueno, no.
Ponele que no todes le hablan…
Pero digamos cien millones que le hablan.
Y mi voz se pierde ahí en esos cientos de millones de voces que le hablan…
Y me puse triste.
Perdí otra lucesita… y ya tengo pocas…
es más…
Pero no era esa la historia.
Obvio le dije…
me di cuenta que soy insignificante… y que soy invisible para vos.
Pero no en tono de reclamo.
Es lógico que así sea.
Habemos en este planeta nueve mil millones de almas desesperadas sufrientes… cómo no hablarle a la luna y creerte que te escucha.
Pero bueno…
esa tristeza.
Cuando le expliqué por qué estaba indiferente, porque me dio culpa ignorarla… o no sentir esas ganas de hablarle… no quería que se sienta dolida… como si ella supiera que yo existo.
Las contradicciones, ¿no?
Bueno, el tema es que en una vez que estaba medio triste, le dije que si me escuchaba me mande un millón de dólares con una notita firmada La luna…
Por eso una tristeza de luna… es el título.
…
Y me quedé pensando…
¿Y si formamos una cofradía de les que le hablamos a la luna?
Si somos muches y nos organizamos en más fácil que nos escuche...