El libro "Sapos reales en jardines imaginarios" está disponible también en formato digital.
Para adquirirlo comunicarse por mail a milenegra35@gmail.com.
Definición:
Definición:
El cuento fantástico es aquel que,
por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables,hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural
y deja al lector sumido en la incertidumbre.
30 de junio de 2013
29 de mayo de 2013
Denuncia
Santos Goñi en representación de Milena Caserola y El Asunto, ambas editoriales independientes, acordó con migo la impresión de 50 ejemplares de mi libro "Sapos reales en jardines imaginarios", pero no cumplieron con lo pactado...
Desde la fecha de entrada a imprenta del material, hasta que los libros estuvieran listos, el plazo era de 10 días, máximo. Cuando finalmente recibí libros impresos, ya había pasado mas de un mes de la fecha de entrega, y lo que me dieron fue 20 ejemplares de mi libro pero en vez de figurar mi nombre LORNA MIlena, tenía el nombre LorEna Milena, me rebautizaron... claro en la tapa que figure mal el nombre de la autora... no es lo mejor que puede pasar...
No sólo eso, todas las correcciones que se hicieron no se aplicaron, o sea el archivo que se imprimió era uno de los primeros, sin corregir, y para sumar falta de atención y cuidado por lo hecho, en la contratapa aparece un texto que ni siquiera sé a qué corresponde, dice "tambien te paso el texto final de el luminico camino del ser... la tapa ya la tenes..." todo esto debajo del texto de presentación del libro... Esto se puede ver en las fotos...
Ante este error, Santos Goñi me dijo que se iba a volver a imprimir el libro, y me manda un archivo para hacer la prueba de imprenta.... por lo que después de mas de dos meses dando vueltas, estábamos de nuevo en cero...y resultó que este archivo era uno de los primeros en dónde no se reflejaba nada de lo que ya se había corregido... o sea... se hicieron en el medio cuatro correcciones, pero no se tomaron en cuenta... Evidentemente la atención que le estaban poniendo a este trabajo era nula.
Ante todo esto fue que decidí que no iba a seguir con eso y que quería que me devuelvan el dinero...
¿Qué dinero? cuando hablamos quedamos en que en tenía que pagar por adelantado, una parte para empezar a hablar, otra parte cuando el libro entraba en imprenta y lo último cuando me entregaran los libros... Como llegamos hasta el punto en que el libro entró a la imprenta, yo puse dos terceras partes del costo de la impresión...
Y eso es lo que estoy reclamando... ya pasaron dos semanas y sigo esperando, y estamos en la instancia de prometer y no cumplir, como cuando tenían que entregarme el libro... supuestamente este lunes que pasó me darían una parte del dinero... Como se vio ayer, no puede ser, y siguen excusas, que se van repitiendo a lo largo del tiempo.
Me da mucha bronca porque yo confié en el proyecto de Milena Cacerola y El Asunto, son parte de la FLIA, y todo eso pero evidentemente me equivoqué. Me queda claro que un proyecto independiente por mas que se crea muy antisistema, puede tener arraigado uno de los peores vicios del sistema que es no tener palabra, y no cumplir con lo que se pacta. O sea, cagarse en el otro.
Desde la fecha de entrada a imprenta del material, hasta que los libros estuvieran listos, el plazo era de 10 días, máximo. Cuando finalmente recibí libros impresos, ya había pasado mas de un mes de la fecha de entrega, y lo que me dieron fue 20 ejemplares de mi libro pero en vez de figurar mi nombre LORNA MIlena, tenía el nombre LorEna Milena, me rebautizaron... claro en la tapa que figure mal el nombre de la autora... no es lo mejor que puede pasar...
No sólo eso, todas las correcciones que se hicieron no se aplicaron, o sea el archivo que se imprimió era uno de los primeros, sin corregir, y para sumar falta de atención y cuidado por lo hecho, en la contratapa aparece un texto que ni siquiera sé a qué corresponde, dice "tambien te paso el texto final de el luminico camino del ser... la tapa ya la tenes..." todo esto debajo del texto de presentación del libro... Esto se puede ver en las fotos...
Ante este error, Santos Goñi me dijo que se iba a volver a imprimir el libro, y me manda un archivo para hacer la prueba de imprenta.... por lo que después de mas de dos meses dando vueltas, estábamos de nuevo en cero...y resultó que este archivo era uno de los primeros en dónde no se reflejaba nada de lo que ya se había corregido... o sea... se hicieron en el medio cuatro correcciones, pero no se tomaron en cuenta... Evidentemente la atención que le estaban poniendo a este trabajo era nula.
Ante todo esto fue que decidí que no iba a seguir con eso y que quería que me devuelvan el dinero...
¿Qué dinero? cuando hablamos quedamos en que en tenía que pagar por adelantado, una parte para empezar a hablar, otra parte cuando el libro entraba en imprenta y lo último cuando me entregaran los libros... Como llegamos hasta el punto en que el libro entró a la imprenta, yo puse dos terceras partes del costo de la impresión...
Y eso es lo que estoy reclamando... ya pasaron dos semanas y sigo esperando, y estamos en la instancia de prometer y no cumplir, como cuando tenían que entregarme el libro... supuestamente este lunes que pasó me darían una parte del dinero... Como se vio ayer, no puede ser, y siguen excusas, que se van repitiendo a lo largo del tiempo.
Me da mucha bronca porque yo confié en el proyecto de Milena Cacerola y El Asunto, son parte de la FLIA, y todo eso pero evidentemente me equivoqué. Me queda claro que un proyecto independiente por mas que se crea muy antisistema, puede tener arraigado uno de los peores vicios del sistema que es no tener palabra, y no cumplir con lo que se pacta. O sea, cagarse en el otro.
1 de mayo de 2013
Miedo al amor
Con mucho cuidado le
dio la última puntada. No tenía que notarse nada.
Era en el cuello de
la camisa, en la parte de atrás. Para colocarlo, descosió un poco
el borde, y luego de insertarlo, volvió a coser las dos partes. Se
cuidó de hacer coincidir cada puntada con el agujerito que tenía la
tela, de la costura original. No tenía que darse cuenta de que
llevaba un rastreador, porque sino, el experimento fracasaría.
Abrió su laptop,
entró a la página correspondiente. Un mapa del mundo se desplegó y
replegó, mostrando solamente ese sector de la ciudad.
Y si, estaba ahí.
La luz intermitente que mostraba la ubicación del rastreador. Hizo
un acercamiento. La potencia del satélite, era tal, que podía ver
el techo de la casa, y cómo se movía el rastreador dentro de ella.
Dejó la camisa en
el lugar de costumbre y se sentó a esperar a que saliera del baño.
Cuando escuchó que
salía, cerró la pantalla de la computadora para que no viera nada.
Mientras se vestía
charlaron de cosas intrascendentes.
Que ya es la tercera
vez que salimos, que qué lindo sería pasar un fin de semana en la
costa, que si tenés alguna obligación para el fin de semana que
viene; y la conversación fue entrando en terrenos más pantanosos. A
propósito, todo era parte del experimento.
La pregunta sutil
pero clara de “¿Vos me querés aunque sea un poquito?” seguida
por la confesión:
- No puedo más,
tenes que saberlo, te amo.
- Eh... yo también
te quiero mucho. Pero... Mirá mejor lo hablamos mañana porque voy a
llegar tarde. Chuic. Yo te llamo.
En cuanto escuchó
que el ascensor bajaba, abrió la laptop y comenzó a grabar el
registro de los movimientos del rastreador.
Después de unos
instantes tuvo que alejarse un poco más, para abarcar más
superficie.
Ya estaba saliendo
del límite del barrio. Se veía la luz intermitente en el mapa que
se iba alejando cada vez más del punto de partida, calculó la
velocidad, y no había duda de que iba corriendo. Corría y corría,
ya salía de los limites de la ciudad y seguía corriendo, nada podía
detener la huida.
Después de un rato
se aburrió de mirar como corría, dejó todo en automático para que
siga grabando, y se fue a preparar algo de comer.
Cuando volvió a
mirar, tuvo que agrandar mucho más el mapa, pensó que no
encontraría más la señal del rastreador, pero ahí estaba, ya
salía de los límites de la provincia, y seguía corriendo.
En síntesis, el
experimento fue un éxito. Lo único desagradable fue que, después
de un mes, cuando vieron que el rastreador dejó de moverse, y fueron
a buscarle, se encontraron con el cadáver, que no había parado de
correr, hasta que murió.
Y todo por escuchar
un simple te amo.
27 de enero de 2013
Textos publicados
La revista digital El Fantasma de la Glorieta, publico un texto mío, La lección del piano http://elfantasmadelaglorieta.es/21_sumario.htm este es el link para que la visiten.
16 de enero de 2013
La gata negra
de
Esteban Armando Porros
Nunca
vi tanto odio en un solo ojo.
Me
estaba mirando a mi. Pero le pedí perdón, no quise pegarle, calculé
mal.
Tampoco
fue tan grave, un repasadorazo en el hocico, nada más.
Para
darle una carga extra al asunto, es negra. Si, una gata negra y
tuerta que me mira con odio porque le pegué con un repasador.
Cuando
pensé en el cuento de Póe, me cague de risa, y ella se creyó que
me burlaba de ella. Y lo que parecía imposible, aumentó la
intensidad del odio que salía por su único ojo.
Confieso
que me dio un escalofrío, y sentí miedo.
Sacudí
la cabeza como para recomponerme de tanta estupidez. ¿Cómo me voy a
asustar así de una mísera gatita? ¿solamente porque es negra y
tuerta? No importa, ya solo era cuestión de tiempo para que se
duerma.
Hacía
rato que quería deshacerme de ella, era una gata jodida. Lo pensé
mucho porque me da cosa matarla, pero no me la banco más. Apareció
por la terraza y se instaló, yo no la elegí.
Tiene
su personalidad, eso me gusta, es independiente, un poco altanera,
pero está bien.
Me
jode que, por ejemplo, si dejo un par de zapatos a su alcance, cuando
los vuelvo a ver tienen adentro un charquito de orín. La muy guacha
lo hace siempre, y cuando me encuentro con la zapatilla o el zapato
meado, me mira como diciéndome:
-¿Y?
¿Qué me vas a hacer? -Toda desafiante.
Su
otra forma de entretenimiento: La cocina, cualquier taza, plato,
sarten, olla, boul o dispositivo contenedor que quede a su alcance,
meado.
Tengo
que tomar todas las precauciones para evitar sus orines provocadores.
Papeles.
Cualquier papel que quede a su alcance, termina en tiras. Tiene una
habilidad increíble para transformar una hoja de papel en tiritas.
Otros gatos, ya he tenido tantos, desgarran, arrugan, agujerean el
papel de forma despareja, ella no. Su habilidad era graciosa, hasta
que...
Siempre
hay un punto de inflexión, en cada historia. Una vez que se cruza,
es imposible volver...
No soy
dibujante, pero de vez en cuando, me gusta intentarlo, conozco las
técnicas y los materiales. Bueno lo imaginable, hice un dibujo,
salió buenísimo, lo iba a vender a un conocido que está en
publicidad y la gata lo hizo tiras. Necesitaba el dinero. Intenté
rehacerlo, pero hay cosas que no se pueden repetir.
Ese
día cambió totalmente mi percepción de la gata. Sentía que lo
hizo adrede. Sentía que sabía la importancia que tenía para mi. La
empecé a observar, y a tenderle algunas trampas.
Un día
agarre una hoja de diario y la traté como si fuera algo importante,
como si mi vida dependiera de esa hoja. El resultado: tiritas.
Otro
día dejé como al descuido otra hoja de papel. También tiritas. Eso
me desconcertó.
Fue un
reflejo, levanté los ojos y la vi como me estaba observando. Me di
cuenta que ella estaba manipulándome, no era yo la dueña de la casa
que estaba tratando de engañar a su mascota. Ella creía ser y
actuaba como si fuera la dueña de casa. Y me trataba como si fuera,
no la mascota sino la cucaracha de la casa. Eso me indignó. Fueron
unos cuantos días de lucha egointelectoracional.
Y me
cansé, en mi propia casa tenía al enemigo.
No
tenía ninguna obligación de seguir soportando esto.
Me
costó conseguir el veneno, tenía que ser sin gusto ni olor. Además
lo que le pedí al veterinario fue que se duerma, no quería que esté
vomitando y convulsionando horas hasta morir.
Ahora
que ya se comió el veneno, voy a lavar el platito. Tal vez mi
próximo gato sea el adecuado, sino...
Terminé
de calentar el agua para el mate, y llevé todo al patio. Hacía
lindo sol y quería disfrutar la tarde mientras leía un libro que me
tenía casi atrapada en una trama casi intensa. De paso hacía tiempo
para que la maldita gata se duerma.
Pasada
media hora, entre el calorcito del sol y la lectura, me quedé
dormida.
Un
sopapo en la boca me despertó de golpe.
Tuve
que mirar hacia arriba para poder enfocar con mi único ojo, a la
mujer parada frente a mi que me pedía perdón por pegarme con el
repasador.
6 de julio de 2012
La isla de los tomates...
Los tomates de la isla de Bauguin
tienen la característica de ser tan salvajes, que, los cultivadores
de tomates, deben plantarlos en jaulas para que no se destrocen entre
ellos.
Algunos inescrupulosos intentaron bajar
los costos, evitando las jaulas, simplemente atándolos.
Fue una masacre. Hasta que lograron
detenerlos, todos los criaderos de animales, que estaban en su
camino, fueron masacrados.
Las declaraciones de uno de los tomates
detenido eran desgarradoras. Como todos sabemos los tomates sufren
mucho por su violencia, y los destrozos que hacen. Ellos no pueden
detener la explosión interior que se les escapa cuando por motivos
más que insignificantes, los atrapa la ira. Literalmente estallan y
sale de su interior un mostro rojo con garras de zarcillos, con uñas
tan filosas que pueden cortar la carne como si fueran bisturíes. Con
este mostro dominándolos, cometen las peores atrocidades, hasta que
se calman y vuelven a ser los rojos tomates pacíficos conocidos. Y
ahí es cuando la culpa los atrapa, los aprieta y con el tiempo logra
destruirlos.
Y esto es algo que todos saben. Por
eso, esos hombres inescrupulosos, son responsables de la masacre de
animales de cría, y ademas, del dolor de los tomates.
19 de mayo de 2012
Listo el pollo
Se terminó el pollo. Ufa.
¡Pero hay huevos!
A ver, pruebo con dos, total si salen los dos, guardo uno en el freezer y listo.
Aca van a estar bien.
Tengo que sentarme suave para que no se rompan. Así.
Bueno ahora a esperar.
¿Cuánto será que tardan?
Ademas después tienen que crecer...
Era una buena idea, pero ahora me parece que me lleva mucho tiempo.
Bueno, mientras espero acá puedo escribir, por ejemplo.
¿Qué puedo escribir?
Ya sé, un diario de todo lo que me pasa como mama gallina. Listo, hago eso, por ahí, me hago una escritora famosa, y después puedo ir y comprar pollo sin tener que hacer todo este kilombo.
Bueno, empezamos.
Se terminó el pollo. Ufa.
¡Pero hay huevos!
A ver, pruebo con dos, total si salen los dos, guardo uno en el freezer y listo.
Aca van a estar bien.
Tengo que sentarme suave para que no se rompan. Así.
Bueno ahora a esperar.
¿Cuánto será que tardan?
Ademas después tienen que crecer...
Era una buena idea, pero ahora me parece que me lleva mucho tiempo.
Bueno, mientras espero acá puedo escribir, por ejemplo.
¿Qué puedo escribir?
Ya sé, un diario de todo lo que me pasa como mama gallina. Listo, hago eso, por ahí, me hago una escritora famosa, y después puedo ir y comprar pollo sin tener que hacer todo este kilombo.
Bueno, empezamos.
Se terminó el pollo. Ufa.
Hambre
Uno se acostumbra a estar con hambre como se acostumbra a tantas cosas. Caminas, sin sentir que el peso de tu cuerpo, te hunde a cada paso y la energía que necesitas para dar el proximo paso, esta ausente.
De la cabeza te queda una tira de imagenes que no tienen ningun sentido, pero vos seguis, seguís porque no podes hacer otra cosa. Pasa a ser también una costumbre resistir. Porque no queda otra, o vos no encontras otra.
Ya ni siquiera es sentir que queres resistir, porque llegaste al punto que no sentis nada, solo hambre, que no podes saciar.
Es un acto de cobardía porque esa resistencia es inconciente; es lo mismo que durar, es lo mismo que resignarse, es estar atado ahí sin cambiar nada y bancándosela. Tu humanidad fue desterrada a inhospitos lugares donde no puede existir, pero vos seguis, resistis, en un acto de absoluta inmoralidad resitis y te crees muy valiente.
Despues, cuando todo pase, van a decir qué bien, cómo se la bancó, sin darse cuenta de que no te tendrías que haber bancado nada y tendrías que haber gritado y exigido para que eso cambie.
Pero vos no tenes el espiritu para eso.
Y los que están a tu alrededor, peor todavía, porque ni siquiera se dan cuenta de que tienen hambre, se creen que están a dieta.
De la cabeza te queda una tira de imagenes que no tienen ningun sentido, pero vos seguis, seguís porque no podes hacer otra cosa. Pasa a ser también una costumbre resistir. Porque no queda otra, o vos no encontras otra.
Ya ni siquiera es sentir que queres resistir, porque llegaste al punto que no sentis nada, solo hambre, que no podes saciar.
Es un acto de cobardía porque esa resistencia es inconciente; es lo mismo que durar, es lo mismo que resignarse, es estar atado ahí sin cambiar nada y bancándosela. Tu humanidad fue desterrada a inhospitos lugares donde no puede existir, pero vos seguis, resistis, en un acto de absoluta inmoralidad resitis y te crees muy valiente.
Despues, cuando todo pase, van a decir qué bien, cómo se la bancó, sin darse cuenta de que no te tendrías que haber bancado nada y tendrías que haber gritado y exigido para que eso cambie.
Pero vos no tenes el espiritu para eso.
Y los que están a tu alrededor, peor todavía, porque ni siquiera se dan cuenta de que tienen hambre, se creen que están a dieta.
La ilusión de una semilla
Tengo alrededor de trescientas semillas de ceibo. Todas juntas, adentro de una caja de madera, del mismo color marrón oscuro, que las semillas.
A la noche las escucho hablar del futuro. Tienen una voz que las hace simpáticas, porque es un poco ronca, aunque su tono es bastante agudo.
Parecen gorjeos, será porque las visitaban mucho los pájaros, además de las personas que pasaban, entonces aprendieron a hablar escuchando ambas voces.
Hay una en particular que quiere ser, cuando brote, una planta de trigo.
No sé de dónde sacó la idea, porque acá no hay ninguna planta de trigo, pero ella siempre está diciéndole a las otras que las plantas de trigo son las mejores, que el ceibo solamente adorna pero el trigo alimenta.
Las demás se ríen, tienen una risa tan particular que hasta me hacen reír a mí, de solo escucharlas. No me río de la esperanza de la semilla, sino de la risa de las otras.
Porque los pensamientos de esa semilla no me causan gracias, sino admiración.
¿Cómo puede ser que una semilla de ceibo quiera ser trigo? Y lo más importante ¿es posible que se convierta en trigo?
Ella dice que todo es posible, que al ser semilla es solamente una idea de futuro y que puede ser lo que quiera.
Yo no sé si las semillas pueden entender lo que yo digo, pero aunque puedan, no tendría el corazón para decirle a esta semilla, que toda la ciencia tiene sobradas razones para negarle la posibilidad de ser trigo, siendo que salió de una vaina de ceibo.
Mientras sea una semilla, puede soñar con lo que quiera. Será por eso que no las planto, porque no quiero romperle la ilusión.
A la noche las escucho hablar del futuro. Tienen una voz que las hace simpáticas, porque es un poco ronca, aunque su tono es bastante agudo.
Parecen gorjeos, será porque las visitaban mucho los pájaros, además de las personas que pasaban, entonces aprendieron a hablar escuchando ambas voces.
Hay una en particular que quiere ser, cuando brote, una planta de trigo.
No sé de dónde sacó la idea, porque acá no hay ninguna planta de trigo, pero ella siempre está diciéndole a las otras que las plantas de trigo son las mejores, que el ceibo solamente adorna pero el trigo alimenta.
Las demás se ríen, tienen una risa tan particular que hasta me hacen reír a mí, de solo escucharlas. No me río de la esperanza de la semilla, sino de la risa de las otras.
Porque los pensamientos de esa semilla no me causan gracias, sino admiración.
¿Cómo puede ser que una semilla de ceibo quiera ser trigo? Y lo más importante ¿es posible que se convierta en trigo?
Ella dice que todo es posible, que al ser semilla es solamente una idea de futuro y que puede ser lo que quiera.
Yo no sé si las semillas pueden entender lo que yo digo, pero aunque puedan, no tendría el corazón para decirle a esta semilla, que toda la ciencia tiene sobradas razones para negarle la posibilidad de ser trigo, siendo que salió de una vaina de ceibo.
Mientras sea una semilla, puede soñar con lo que quiera. Será por eso que no las planto, porque no quiero romperle la ilusión.
Vivir
Corría entre pasillos de estanterías llenas de cajas, buscando su vida, y no la encontraba.
Tenía la imagen de la caja que quería en la mente, pero no podía determinar su ubicación.
¿Cómo podía ser si hace solo unos instantes, la vió? Pero no era... no sabía cuándo fue que se le grabó la imagen, y ahora no podía encontrarla.
Y el tiempo se le terminaba, tenía que encontrarla para poder ser.
Tenía que ejercer su vida, pero si no encontraba la caja, no podría.
Se empezaba a desesperar.
Iba de un pasillo a otro, lo recorría, se fijaba en este lugar, y después en el otro, pero no aparecía. Tenía la ubicación en su mente, pero cada vez que miraba, no estaba allí.
Alguien la cambió. Pero nadie debía tocar su caja.
Manos anónimas agarraron la caja con su vida, y sin importarles lo que generaban la llevaron a otro lado.
Seguía corriendo cada vez más desesperada. Tenía que encontrarla y mirar adentro para poder reconectarse con ella misma y su ser, para no perderse en el tiempo y desintegrarse en el aire.
Corría y sentía como de a poco sus pies empezaban a desaparecer.
No había forma. No sabía dónde estaba. Se perdió en el laberinto de pasillos, la caja con su vida no aparecía por ningún lado, y empezó a llorar.
Lloraba de angustia, de tristeza, de rabia por haber perdido su vida en ese lugar. Lloraba porque no quería estar allí pero el destino o su propia estupidez, o quién sabe qué o quién la había arrojado a ese lugar. Lloraba sin poder contenerse más.
Tanto tiempo se pasó cuidando su caja, y ahora la había perdido.
El llanto le impidió seguir caminando, todo su cuerpo se desplomó, cayó de rodillas y se sentó en el suelo a llorar, con ese llanto desconsolado y profundo que derrama el alma.
Lloró a lagrima viva, por un rato, hasta que logró calmarse.
Se secó la cara. Respiró hondo. Y buscó la salida.
Su vida, la que estaba en esa caja, no existía más, y lo único que le quedaba era construirse una nueva.
No sabía cómo, porque ni siquiera tenía una caja dónde acomodarla.
Al abrir la puerta de salida, vio la luz de la luna que plateaba todo lo que tocaba. Una luna llena redonda y blanca. El cielo estrellado como nunca.
Agarró un pedazo del cielo negro como la inmensidad, y agarró la luna, una a una se guardó mil estrellas, y las pegó en el pedazo de cielo como si fuera una cartulina, lo dobló, y lo plegó y se armó una hermosa caja, con una luna llena y estrellas como decoración, esa caja la iba a utilizar para ir acomodando de a poco su nueva vida.
Se quedó un rato parada. Pensando. La caja nueva era liviana y fácil de llevar, claro, estaba vacía.
Tenía la imagen de la caja que quería en la mente, pero no podía determinar su ubicación.
¿Cómo podía ser si hace solo unos instantes, la vió? Pero no era... no sabía cuándo fue que se le grabó la imagen, y ahora no podía encontrarla.
Y el tiempo se le terminaba, tenía que encontrarla para poder ser.
Tenía que ejercer su vida, pero si no encontraba la caja, no podría.
Se empezaba a desesperar.
Iba de un pasillo a otro, lo recorría, se fijaba en este lugar, y después en el otro, pero no aparecía. Tenía la ubicación en su mente, pero cada vez que miraba, no estaba allí.
Alguien la cambió. Pero nadie debía tocar su caja.
Manos anónimas agarraron la caja con su vida, y sin importarles lo que generaban la llevaron a otro lado.
Seguía corriendo cada vez más desesperada. Tenía que encontrarla y mirar adentro para poder reconectarse con ella misma y su ser, para no perderse en el tiempo y desintegrarse en el aire.
Corría y sentía como de a poco sus pies empezaban a desaparecer.
No había forma. No sabía dónde estaba. Se perdió en el laberinto de pasillos, la caja con su vida no aparecía por ningún lado, y empezó a llorar.
Lloraba de angustia, de tristeza, de rabia por haber perdido su vida en ese lugar. Lloraba porque no quería estar allí pero el destino o su propia estupidez, o quién sabe qué o quién la había arrojado a ese lugar. Lloraba sin poder contenerse más.
Tanto tiempo se pasó cuidando su caja, y ahora la había perdido.
El llanto le impidió seguir caminando, todo su cuerpo se desplomó, cayó de rodillas y se sentó en el suelo a llorar, con ese llanto desconsolado y profundo que derrama el alma.
Lloró a lagrima viva, por un rato, hasta que logró calmarse.
Se secó la cara. Respiró hondo. Y buscó la salida.
Su vida, la que estaba en esa caja, no existía más, y lo único que le quedaba era construirse una nueva.
No sabía cómo, porque ni siquiera tenía una caja dónde acomodarla.
Al abrir la puerta de salida, vio la luz de la luna que plateaba todo lo que tocaba. Una luna llena redonda y blanca. El cielo estrellado como nunca.
Agarró un pedazo del cielo negro como la inmensidad, y agarró la luna, una a una se guardó mil estrellas, y las pegó en el pedazo de cielo como si fuera una cartulina, lo dobló, y lo plegó y se armó una hermosa caja, con una luna llena y estrellas como decoración, esa caja la iba a utilizar para ir acomodando de a poco su nueva vida.
Se quedó un rato parada. Pensando. La caja nueva era liviana y fácil de llevar, claro, estaba vacía.
15 de enero de 2012
Pecados capitales: La Ira
El ruido del agua al pasar por las piedras lograba que los sentimientos de ira, que acumuló durante años, se desvanecieran. No fue algo instantáneo, llevó aproximadamente siete años.
Siete años fue el tiempo que estuvo acostado boca arriba mirando el cielo y escuchando el ruidito del agua.
En el instante que notó que en su alma no quedaba ni siquiera una mota de ira, se levantó despacio, acomodó sus huesos a la posición erguida, y dejó que su cuerpo se vaya adaptando a la nueva sensación.
Durante cuatro o cinco días se ejercitó, hasta que se sintió lo suficientemente fuerte para reiniciar su vida.
Caminó por el sendero que lo llevaba de vuelta a su casa que estaba en la parte más alta de esa ondulación que en el lugar llamaban “La Cima del Mundo”.
Se sentó delante de la computadora para conectarse a Internet, y ponerse al día con el universo.
La máquina se encendió sin problemas. Todo estaba como lo dejó. Las mismas imágenes lo recibieron, cargar el escritorio con los iconos ya conocidos le dio la sensación de retorno.
Al abrir el explorador empezó la falla. No se podía conectar. En el pasado de su memoria, se registraba una situación similar, pero como le producía cierta inquietud, no le permitió salir a la superficie. Ahora era un hombre distinto, la ira quedó atrás.
Al verificar todos los sistemas llegó a la conclusión que el problema residía en la conexión, en el servicio que le prestaba la empresa de Internet. Buscó en los cajones hasta encontrar el contrato, todo pago por diez años, y solo pasaron siete.
Llamó al servicio al cliente, y después de una hora de frustrados intentos de comunicarse con esos malditos robots, después de una hora de frustrados intentos de conseguir una solución a su problema, después de una hora de frustrados intentos de que alguno de los estúpidos que le contestaban entendieran el mensaje tan básico que quería transmitirle y lograr que le hablaran como personas, después de una hora, su nivel de ira alcanzó niveles nunca antes sentidos, y sin previo aviso la cabeza le estalló, salpicando de sangre y sesos toda la habitación.
Su almita al subir hacia el cielo pensaba:
- Qué ganas de hacer volar por los aires a todos estos hijos de puta que prestan este servicio de mierda.
Y como tenía una formación judeo-cristiana que prohíbe los malos pensamientos, y solo habla de perdonar, fue culpado del pecado del odio, y como un meteorito descendió a los infiernos donde fue condenado a pasar toda la eternidad llamando a distintos call center para reclamar por el incumplimiento del servicio.
Siete años fue el tiempo que estuvo acostado boca arriba mirando el cielo y escuchando el ruidito del agua.
En el instante que notó que en su alma no quedaba ni siquiera una mota de ira, se levantó despacio, acomodó sus huesos a la posición erguida, y dejó que su cuerpo se vaya adaptando a la nueva sensación.
Durante cuatro o cinco días se ejercitó, hasta que se sintió lo suficientemente fuerte para reiniciar su vida.
Caminó por el sendero que lo llevaba de vuelta a su casa que estaba en la parte más alta de esa ondulación que en el lugar llamaban “La Cima del Mundo”.
Se sentó delante de la computadora para conectarse a Internet, y ponerse al día con el universo.
La máquina se encendió sin problemas. Todo estaba como lo dejó. Las mismas imágenes lo recibieron, cargar el escritorio con los iconos ya conocidos le dio la sensación de retorno.
Al abrir el explorador empezó la falla. No se podía conectar. En el pasado de su memoria, se registraba una situación similar, pero como le producía cierta inquietud, no le permitió salir a la superficie. Ahora era un hombre distinto, la ira quedó atrás.
Al verificar todos los sistemas llegó a la conclusión que el problema residía en la conexión, en el servicio que le prestaba la empresa de Internet. Buscó en los cajones hasta encontrar el contrato, todo pago por diez años, y solo pasaron siete.
Llamó al servicio al cliente, y después de una hora de frustrados intentos de comunicarse con esos malditos robots, después de una hora de frustrados intentos de conseguir una solución a su problema, después de una hora de frustrados intentos de que alguno de los estúpidos que le contestaban entendieran el mensaje tan básico que quería transmitirle y lograr que le hablaran como personas, después de una hora, su nivel de ira alcanzó niveles nunca antes sentidos, y sin previo aviso la cabeza le estalló, salpicando de sangre y sesos toda la habitación.
Su almita al subir hacia el cielo pensaba:
- Qué ganas de hacer volar por los aires a todos estos hijos de puta que prestan este servicio de mierda.
Y como tenía una formación judeo-cristiana que prohíbe los malos pensamientos, y solo habla de perdonar, fue culpado del pecado del odio, y como un meteorito descendió a los infiernos donde fue condenado a pasar toda la eternidad llamando a distintos call center para reclamar por el incumplimiento del servicio.
2 de julio de 2011
Soporpatos
Despertaba, otra vez, con ese mismo sentir pesado de somnolencia. Era otro intento por escapar. Por apenas unos minutos recobraba la lucidez necesaria, pero al cabo, empezaba a sentir el sopor.
Como pudo miró alrededor para reconocer la misma prisión que la retenía desde hacía tanto tiempo.
Se recostó sobre la espalda mirando el techo, para repasar sus posibilidades, esta vez estaba cansada y no quería gastar fuerzas en las imposibilidades de siempre. Sus opciones seguían siendo nulas. Lo único era resistir. Respirar a ver qué trae la marea.
Nada. Cada día era igual al anterior, en algún que otro momento parecía abrirse el camino, pero al cabo de dos o tres pasos se encontraba nuevamente en el calabozo inicial, y con esa sensación de pesadumbre que la hacía dormir. Y soñar.
Ni en los sueños podía escapar. Eran más de esa puta realidad o de la anterior que dolía tanto.
Y así durmió nuevamente, y pasaron cinco días.
Otro despertar, y ojear el entorno. Un cambio en la luz, no entendía.
Miró al rededor hasta encontrarse con un pato amarillo, sentado en el sillón, con una pipa en la boca, zapatos negros charolados, que con esa forma rara de pata de pato que tenían, le daban un aspecto de espejos. Anteojos redondos, de montura negra. Un libro en las manos que leía atentamente. Todo su cuerpo, desnudo, tenía, gracias a las plumas, una consistencia suave, como plush. De no ser por su expresión hubiera parecido un patito bebe, pero no, era un pato adulto.
Cuando ella se movió para verlo mejor, el pato clavo sus ojos en los de ella, agrandados en forma alarmante por los anteojos, y la miró con atención.
No parecía peligroso, la estudiaba con curiosidad, de la misma manera que ella lo estudiaba a él.
Cuando habló, su voz era clara, grave, y tenía una forma de hablar de alguien educado. Vocalizaba cada palabra perfectamente.
Esa vos le recordaba a alguien, pero no terminaba de identificarla.
-Te quedaste dormida en el medio de la sesión. ¿Un recuerdo muy doloroso que no quiere salir?
Se miró las manos, por las dudas de que ella fuera también un pato, la mente a veces le jugaba malas pasadas. No, sus manos eran las de siempre, identificó algunas pequeñas cicatrices que la acompañaron por años. El resto de sí misma que alcanzaba a ver, seguía siendo humano, y al tocarse la cabeza y la cara no encontró ni plumas ni un pico. Después de comprobar todo esto lentamente, volvió a mirar al pato, y le hablo.
-Cuac cuac cuac. -De su boca salían graznidos.
Lo intento de nuevo, primero se concentró, dándole la forma a las palabras, antes de pronunciarlas.
-Cuac...
No le podía estar pasando algo así. Se miro, su cuerpo era el de un ser humano, pero sus palabras...
El pato la miro, compasivo, cerró el libro y se acerco a ella. Con un ala le acaricio el hombro, tratando de tranquilizarla.
-No te preocupes, todo va a estar bien.
Antes de cerrar los ojos, pudo ver al pato, salir por la puerta, que le abría un cisne con gorra de guardia de seguridad.
24 de mayo de 2011
Six Flags
Dedicado a Edu "Capitan del Rock" Scofu, cuando cumplimos años nos agarra el viejazo, pero después se nos pasa, no te preocupes, a esta edad te olvidas rápido de todo... jajaja...
Imposible detener el torbellino
dónde quedé encerrado,
mis pies ya no tocan el suelo
solo patalean,
apoyo que no encuentro.
La desesperación se apodera de mí,
sufro lo indecible por no saber
en qué espacio tiempo me encuentro,
perdido definitivamente
de todo recuerdo
de mis deseos de vida.
De a poco
el vértigo parece amainar,
pero es sólo un instante,
desaparece mi apoyo
nuevamente la carrera frenética
detrás de quién sabe qué ilusión imposible.
Y ya no se detiene...
mi vida pasa
yo no puedo
hacer nada para detenerla
hasta que no llegue el final.
Juro, por todas las divinidades
que existen en el universo
que no me voy a subir más
a la montaña rusa,
en este estado.
13 de mayo de 2011
Arboles
Un árbol caído atravesaba el camino.
Estaban en el medio de un monte, y esa era la única ruta para llegar al pueblo.
Se bajaron de la camioneta, y se acercaron a ver.
El árbol abrió los ojos, con una mirada triste teñida de muerte.
Habló con voz de hojas secas.
- Es una trampa. Tienen poco tiempo para huir.
El ruido a sus espaldas se volvió amenazante.
Corrieron hacia la camioneta y cerraron las puertas en el momento que la primer flecha golpeaba la chapa.
El árbol caído se movió, como pudo, dejando un espacio para que pudieran pasar. La camioneta arrancó y pasaron, con la angustia de pisar las manos del árbol que les salvó la vida.
Aceleró al máximo, para dejar atrás a sus atacantes.
A su paso, los árboles les indicaban por señas la ubicación de sus perseguidores.
Llegaron a un claro; a los costados del camino sólo había terrenos cultivados, estaban llegando al pueblo.
Una columna de humo se levantaba desde la torre de la iglesia. El pueblo parecía desierto.
Sobre el camino una barricada impedía el paso. Dos hombres armados salieron a su encuentro. Eran sus vecinos.
Las noticias que traían no eran buenas y las que recibieron tampoco.
El pueblo fue atacado por los intrusos, gracias al aviso de los árboles estaban preparados. Los primeros ataques perdieron efectividad. Los intrusos tenían arcos y flechas y armas rudimentarias, y en el pueblo contaban con todo un arsenal.
Aun así, los intrusos lograron incendiar la iglesia y algunas de las casas linderas con el bosque. Decidieron hacer un cerco alrededor del pueblo, y cada tantos metros, asentaron guardias armados.
Esperaban la llegada de ellos para saber qué pasaba afuera.
No eran buenas noticias.
Todos los pueblos de la zona estaba pasando por situaciones similares. Nadie sabía el origen de los intrusos. Otros pueblos con menos suerte fueron tomados y arrasados. Parecía que el único propósito de los intrusos era destruir.
No pudieron avanzar mucho, las rutas estaban arruinadas, pueblo que era tomado, pueblo que era destruido, y a partir de allí la ruta también era destruida.
En algunas zonas la única resistencia la presentaban los árboles. Pero las zonas abiertas, eran presa de los intrusos. Al haber pocos árboles en las calles de los pueblos, podían destruirlos facilmente.
Las ciudades fueron rápidamente sometidas.
El ruido de las hojas les advirtió sobre un nuevo ataque. Subieron a la camioneta, pasaron la barricada, y llegaron al pueblo para avisar del la nueva incursión. Todos estaban preparados para repeler el ataque.
Aparecieron en todos los puntos de control a la vez, y lanzaron flechas y piedras hasta terminar con la resistencia, cuando estaban por entrar al pueblo fueron recibidos por una andanada de tiros que no pudieron neutralizar, y se batieron en retirada.
Poco a poco el pueblo volvió a la calma.
Tenían que conseguir más municiones, otro ataque como el último y ya no tendrían con qué defenderse.
Una mujer llegó corriendo con una bolsa de papeles. Eran recortes de diarios del siglo anterior. En ellos se hablaba del ataque de intrusos, y cómo lograron repelerlos.
La encontró en el sótano de la biblioteca, mientras buscaba información.
Repasando los recortes pudieron enterarse por fin de los acontecimientos que hicieron desaparecer el pueblo, un siglo atrás.
Siguieron las instrucciones, armaron una estrategia para hacer llegar la información a los pueblos vecinos, y en el transcurso de las semanas siguientes lograron terminar con la amenaza.
Esta vez la destrucción fue menor. El pueblo aún seguía en pié y con los pocos recursos que contaban, empezaron la reconstrucción.
Los intrusos fueron abatidos y diezmados, y con información obtenida de otras bibliotecas lograron encontrar el origen y destruirlos para siempre.
Esta vez para evitar que vuelva a ocurrir, se escribieron libros, se llenaron auditorios con conferencias, se publicó y distribuyó toda la información disponible, hasta que en todo el mundo no quedó un solo lugar apropiado para que los intrusos se desarrollaran y vuelvan a tener las fuerzas suficientes para iniciar otro ataque.
Los árboles, los únicos que reconocían enseguida a los intrusos, fueron plantados por todos lados,no se dejó ningún rincón sin su presencia.
Todos los terrenos de cultivos se dividieron en parcelas rodeadas de bosques. No se dejó ninguna zona, desprovista de árboles.
Al principio eran pequeños arbolitos que con los años fueron creciendo y transformándose en arboledas tupidas, conectadas entre sí. No quedó ningún bosque aislado de otro.
Y cuando todos los árboles llegaron a su máximo crecimiento, mostraron sus verdaderas intenciones.
El ataque fue sincronizado, y no les dio oportunidad a los humanos, para defenderse.
9 de mayo de 2011
Ideas peligrosas
Caminando distraídamente por una playa desierta, convertía a su paso, la espuma en pájaros que salían volando como locos.
Él no se daba cuenta porque miraba el horizonte.
Una zona, dónde la acumulación de espuma era importante, hizo que notara esos objetos oscuros que salían disparados hacia el cielo.
Al darse cuenta de lo que pasaba, se rió con ganas. Y esas carcajadas sacaron más pájaros todavía.
Ya era como una nube pequeña que tapaba el sol. Por eso, aunque haciendo un esfuerzo, logró frenar su risa. Se concentró y ya no salieron más pájaros.
Trato de ponerse serio pero le costaba. Metió los pies en el agua para tratar de liberar su energía y dejar de fabricar pájaros de la nada. Una ola lo tocaba y se alejaba llena de peces. Eso se notaría menos. Siguió caminando, con el agua hasta los tobillos.
Sentir ese poquito de agua lo inspiró a nadar.
Se fue metiendo, una ola grande se acercaba, y la aprovechó para zambullirse.
Cuando emergió para respirar, miles de peces plateados eran llevados por el agua. Y rió. Rió con ganas.
Otra ola y su carcajada, crearon millones de peces, más grandes.
Pasada la rompiente nadó, el agua le acariciaba todo el cuerpo y una estela de peces marcaba su camino.
Cuando se alejó de la costa, fue devorado por un cardumen de tiburones que fueron atraídos por los peces que creaba.
15 de diciembre de 2010
Cambalache
Caminando por la calle Charcas una tarde de verano, me encontré con una situación de lo más insólita.
En una esquina había un gnomo, vestido como se visten los gnomos tradicionalmente, discutiendo acaloradamente con una planta de lechuga.
No, no estoy loca, ni fumé nada. Además no era la única que lo veía, porque, así como yo me paré a mirar, había ya unas tres o cuatro personas que, haciendo un circulo alrededor de ellos, miraban intrigados la discusión.
La lechuga le contestaba al gnomo, mientras, daba la sensación, que se paraba en puntas de pié, para poder hablarle más cerca de la cara.
En un momento dado la audiencia empezó a tomar partido. Un señor que parecía una persona muy seria y de bigotes, se acercó a los discutientes y les dijo, con mucha seguridad:
- Lo que dice la señora lechuga es verdad. Usted no tiene derecho a andar por la calle vestido de esa manera. Existen normas de moral y buenas costumbres y por más que el mundo se esté descalabrando por todos lados, uno no puede largarse alegremente a hacer lo que quiere. Su atuendo es un insulto a las personas de bien.
El gnomo se miró, y luego mirando de arriba a abajo al señor, se afirmó sobre sus pies, y sin dudar le lanzó un escupitajo certero, que fue a parar al ojo derecho del señor.
La lechuga que hasta ese momento se había mantenido callada, se lanzó contra el gnomo tratando infructuosamente de golpearlo, pero sus hojas eran bastante cortitas, y no tenían fuerza, por lo que más parecía acariciarlo que golpearlo.
Viendo la situación que se descontrolaba una señorita con guardapolvo de maestra jardinera, se acercó y tomó suavemente la lechuga, la apoyó en el suelo y trató de disuadirlos.
- Por favor, con la violencia no se llega a ningún lado. Señor, lo que usted dice es un poco autoritario ¿no le parece? Cada uno es libre de vestirse como quiere, además seguramente ese traje es típico de los gnomos, hay que aceptar otras culturas.
- A mi no me importa cómo se vista este desgraciado.- Dijo la lechuga, furiosa como nadie que haya visto en mi vida.- Ustedes agarraron la discusión empezada, el problema es que este... este asesino, se comió a toda mi familia en un asado que hicieron en su casa, y yo no le voy a perdonar la vida tan fácilmente. No tengo la fuerza física suficiente para matarlo con mis propias manos.- Dijo mirándose las hojas como si fueran garras.- Pero tengo la fuerza de voluntad necesaria para joderle la vida de tal manera que va a terminar suicidándose.
Todos nos quedamos estupefactos ante la declaración de la lechuga, porque quien más quien menos en algún momento se comió una rica ensalada de fresca lechuga, con algún tomate o quien sabe qué variedad de frutas y hojas. Y de más está decir que un nudo de culpa se nos alojó, por unos instantes en el estómago.
En ese momento, y ante el silencio de todos, se acercó un niño, que llevaba una jaula. Abrió la jaula y de su interior sacó un cobayo, lo acercó a la planta de lechuga que empezó a gritar desesperada pidiendo auxilio.
El cobayo, que parecía muerto de hambre, arremetió contra ella, y se la maducó.
El último en retirarse de la escena fue el gnomo. Por raro que parezca, se quedó paralizado ante la aparición del cobayo, y parecía hasta apenado cuando vio cómo la pobre lechuga iba desapareciendo entre sus fauces.
Una vez que el niño volvió a encerrar el cobayo, y se fue de allí, el gnomo quedó solo, y parecía aturdido, hasta que acomodándose el sombrero, se retiró del lugar silbando “Cambalache”.
8 de diciembre de 2010
Amor de una noche
Apareció en el Faceboock.
Ella estaba esperando.
En el muro de un contacto en común, escribió una frase descolgada sobre un partido de fútbol, del que hablaban sus amigos.
El picó.
- Vos sí que no sabes nada de fútbol. Necesitas alguien que te explique.– Dijo él.
- Es que no conozco a nadie que pueda explicarme.–Repuso ella.
- Yo puedo explicarte si querés.
- Bueno, dale. ¿Cuándo y dónde?- Ella se reía, sabía que iba a recular, como todos. Una lástima, porque le gustaba mucho ese pibe.
- Si querés ahora mismo, y el mejor lugar es acá, en mi casa, tengo videos de partidos para que veas. Decime dónde estás y te voy a buscar.
- Estoy en Barrio Sur, ¿te animás a venir hasta acá a esta hora?-
Él estaba a más de 30 kilómetros. Tenía que cruzar toda la ciudad, y más.
- Si seguro, decime cómo hago para llegar.
- Tenés que... ¿qué te queda mejor la autopista o por la ruta?
- Mejor dame la dirección y la encuentro con el GPS.
- ¿Tu GPS tiene el mapa de Barrio Sur?
- Si seguro. Decime la dirección.
Ella le dió la dirección, por dársela nomás, porque estaba segura de que la estaba gastando.
- Acá está, ya la ubiqué. En una hora masomenos estoy por allá.
- ¿No querés verificar que esté bien lo que te dice el GPS?
- No, está bien. Preparáte porque en una hora estoy por ahí.
- Bueno dale, te espero.– Esto le terminó de confirmar que era todo una broma, por lo menos se rió un rato, pero qué lastima pensó, le gustaba mucho este muchacho.
Se preparaba para dormir cuando escuchó una bocina, se asomó y era él que venía a buscarla. No entendía nada, pero ante la sorpresa, se largó la carcajada y salió a recibirlo así como estaba, con pijama, pantuflas de garras, y bata de polar; los pelos por cualquier lado.
- Veo que no estás lista.
- ¿Me esperas veinte minutos?
- Si, seguro. Dale andá a cambiarte, que te espero.
Entró cagándose de risa, no lo podía creer. La vida te sorprende, y a veces hasta es posible que de todo salga algo bueno.
En el tiempo previsto logró bañarse, vestirse y peinarse.
- Bueno, listo.
- Te pensaste que no iba a venir, ¿no?
- Si, la verdad que me sorprendiste.
- La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. – Canturreó él.
Todo el trayecto se la pasaron hablando trivialidades, recordando cada tanto las lecciones de fútbol que le tenía preparadas.
Llegaron a la casa de él. Entraron.
Se sentaron frente al televisor, lo encendió y puso un partido que tenía grabado.
Ella lo miró. Se sonrió y le dijo.
- ¿Sabes, la verdad es que a mi el futlbol no me interesa un carajo?
- Te pensaste que te estaba gastando ¿no? Que no iba a ir a buscarte.
- Si.
- Bueno, a ver. ¿Y querés fumarte algo? Tengo porrito bien rico, de planta.
- ¿Tenés plantas? Si, me encanta, me tenés que mostrar las plantas.
- Están en el balcón, vamos que te las muestro y fumamos afuera, está linda la noche. De paso tomamos algo.
Salieron al balcón y ella quedó deslumbrada con la vista. Era un piso alto, y se veía el río a lo lejos. Una hermosa noche.
- Che que vista alucinante que tenés acá.
Empezaron a fumar y hablaron un poco del paisaje, y del río, y de la luna que salía.
- ¿Tenés frío?
- Si, un poquito.
El se acercó y la abrazó, ella apoyó su espalda en el pecho de el y se arrebujo en sus brazos.
- ¿Así está mejor?
- Si, así está perfecto.
- Me imagino que te diste cuenta que mi idea no era hablar de fútbol ¿no?- Dijo él.
- Si, me di cuenta.- Dijo ella.
- Si te diste cuenta entonces infiero que vos querías venir igual, y que sabías que no era a hablar de fútbol.
- Exactamente.
- Lo que estoy seguro que no sabes es que mi idea no es solamente una noche de pasión, la verdad es que me gustas mucho. Quiero conocerte y quiero que me conozcas.
- Es verdad eso no lo sabía, pero me encanta la idea. Vos también me gustas mucho.
Se miraron, sus labios se juntaron, en un profundo húmedo y amoroso beso.
El la apoyó contra el balcón y presiono su cuerpo contra el de ella.
Entre tanta pasión, ninguno de los dos notó que la baranda estaba floja, se soltó y cayó con los dos, todavía abrazados, al vació.
15 de noviembre de 2010
Esta vida se está poniendo demasiado difícil
Parecería que no, pero mirando las huellas que dejé,
te vas a dar cuenta de que es verdad.
Lo hice yo.
Mirá como está todo ¿ves mi zapato? Tiene esa marca que lo distingue.
Ahora seguí la huella de sangre ¿ves?
Esta es mi última huella. Dos o tres para atrás todavía son del mismo tamaño.
Aquella parcial ya es mas grande. Y así siguen creciendo. ¿Lo ves?
Y si ves mas allá, se achican de nuevo, y quedan del mismo tamaño de ahora.
Ahí empezó todo.
Para que me entiendas, tendría que poder explicarte en pocas palabras todo lo que pasó, todo lo que me hizo, son casi tres años, imaginate.
¿Ves todavía no puedo dejar de llorar?
Pero ahora es dolor y bronca, ya no es sólo dolor.
Con decir me traicionó, no alcanza. No expresa toda la situación. El mismo hecho de que la traición sea algo tan común, o sea, mostró que no es más que un cascote cualquiera, y yo me creí que era alguien distinto ¿se entiende lo que trato de decir?
Pensar que es alguien especial, con quién realmente te entendés, y es todo mentira.
Sumale a eso, que durante todo este tiempo se comportó como un celoso patológico, y miles de veces, sin que hubiera ninguna razón aparente, se ponía hecho un basilisco.
La sonrisa que yo tenía en el corazón, se transformaba en un segundo, en un tajo sangrante. Y yo no tenía la mas puta idea de por qué.
Y después de por ahí un día o dos, me decía lo que realmente pasaba, ¿y sabés qué era? que se creía que yo miré a un tipo en el colectivo. Si, él se alucinó que yo miré a un tipo en el colectivo, entonces se puso como loco, me dijo cualquier cosa, y yo ni siquiera sabía de qué tipo estaba hablando.
Las primeras veces que pasó, yo me quedaba totalmente estupefacta, no podía creerlo. Por suerte... ¿por suerte? ... Bueno, no sé, el asunto es que con el tiempo, ya le cacé la onda, y sabía por qué se ponía así.
¿Y sabes cómo terminó todo? Casi cinco meses, o más, mientras todavía estábamos juntos, él estaba saliendo con otra mina.
Ira, dolor, indignación, creo que en estos últimos tiempos pude conocer todos los matices del dolor, porque no es dolor y ya. Resulta que está lleno de matices el dolor. Te deseo que nunca los conozcas. Es feo. Te destruye.
Y para sumar a todo, resulta que hace algún tiempo que yo sospechaba que había otra, claro, no quería quedarme con lo que yo pensaba y cortar, porque él me lo negaba. Pasó miles de veces que se iba, todos los días, salía, y me decía vengo en un ratito, y llegaba a las 3, 4, 5 de la mañana, hasta una vez, llegó al otro día a las nueve de la noche.
Y resulta que se iba a ver a esta mina.
Si, ya sé, fui una pelotuda por creerle.
¿Sabés lo que es, pedirle por favor a alguien que te diga la verdad, por más fulera que sea, porque necesitas saberla? Le pedí por favor, no sé cuántas veces, y siempre me negó todo, y para peor, me decía que me amaba.
¿Te das cuenta? Me decía que me amaba, ¿para qué? eso no lo puedo entender...
Si, ya vi, se me empieza a agrandar todo de nuevo, perdón, voy a calmarme un poco.
Y no me voy a poner a contarte todos los maltratos, todas las peleas, todas las cagadas que se mandaba, y después me pedía perdón, y que no lo iba a hacer más, y después otra vez.
Y bueno, pasó lo que tenía que pasar.
Yo no tenía que volver hoy de la casa de mi vieja. Tenía que volver pasado mañana.
Pero necesitaba sacarme la duda, no podía seguir así.
Necesitaba saber la verdad, como se necesita el aire.
No podía seguir con esa ambigüedad adentro, me destrozaba.
Y él no era capaz de cortar con mi sufrimiento.
Volví antes.
Y los encontré juntos.
Fijate ¿ves esta huella? Es de mi pié derecho, cuando entré a la habitación, y fijate, este es el izquierdo, que da el paso. Hay una diferencia de casi 10 centímetros entre uno y otro. Bueno las demás crecieron un poco mas, y se ven mejor por la sangre.
¿El machete? Si, lo agarré de la cocina antes de entrar a la pieza.
Yo sé que es difícil de creer esto, porque ni yo lo puedo creer todavía. Por más que racionalmente veía un montón de indicios para saber que me engañaba, cuando él me decía que no era así, y que me amaba, yo le creía.
¿Podés entender eso? Yo le creía. Lo amaba y le creía.
Me arrepiento por la piba, no le tendría que... pero ella se puso adelante para que no le diera el primer machetazo a él.
Pobre, seguramente a ella también la iba a cagar como me cagó a mi. Por eso ella tiene un corte solo, no quería hacerle nada.
¿Dónde está él? Es ese montón de carne picada... que loco, eso es lo que es ahora.
Y pensar que ese montón de carne picada me hizo sufrir como loca.
31 de octubre de 2010
Fumado si, fumado no...
Fumado se podrá hacer la revolucion?
Y no, fumado no vas a hacer la revolución, imaginate.
Uh… qué loco revolución - evolución, cambia la r que es la que suena fuerte, la que rompe… que loco…
Digo, imaginate… eh…
Uh… qué loco revolución - evolución, cambia la r que es la que suena fuerte, la que rompe… que loco…
Digo, imaginate… eh…
¿Cómo era?
Ahora no me acuerdo…
…
Ah… si decía que fumado no vas a hacer la revolución…
Ah… si decía que fumado no vas a hacer la revolución…
Imaginate que te tiren un chocolate….
Mmmmm... todo chocolatoso, duce, rico... ese sabor intenso a chocolate... Y si tiene crocante...
...
Mmmmm... todo chocolatoso, duce, rico... ese sabor intenso a chocolate... Y si tiene crocante...
...
¿En qué estaba ?
…
…
Recién estaba pensando en algo regracioso, ahora se me fue… Bueno sigo escribiendo y así, claro fumado no vas a hacer la revolución. Cuando avanzas hacia el palacio de invierno te ponen un disco de Piazzola. Y chau… a la mierda la revolución.
¿Y este que grita?
¿Quién es?
¿A quién le grita?
A ver, bajo la música a ver a quién le grita… ¿qué pasa?… ¿ahora no grita mas? Qué raro... ¿estaré alucinando?...
Y bueh…Me pongo los auriculares, para no escuchar a los que gritan… y apago acá…
Qué ricos estos … ¿cómo se llaman?? Snikers … mmm …qué ricos…
Lo que decía es que fumado no vas a hacer la revolución.
Y te ponen a Piazzola… y chau… te colgás, y escuchas el violín … y te fuiste un instante… y volvés… es el violín… ¿o la guitarra? acá no hay fuelle… es el violín…
...
Por eso decía…
Fumado no vas a hacer la revolución…
Uh, en esta es el piano… que bárbaro… acá hay fuelle...
Fuelle, piano, contrabajo, punteadocontrabajo que suena a muchos… es distinto… violines… me suena a violines… si violín y fuelle… Impresionante… Acá empieza el fuelle a full se suma el piano después el contrabajo no tan bajo, o violín no tan alto…… y nada mas???
Pero te das cuenta… fumado no vas a hacer la revolución…
¿Y este que grita?
¿Quién es?
¿A quién le grita?
A ver, bajo la música a ver a quién le grita… ¿qué pasa?… ¿ahora no grita mas? Qué raro... ¿estaré alucinando?...
Y bueh…Me pongo los auriculares, para no escuchar a los que gritan… y apago acá…
Qué ricos estos … ¿cómo se llaman?? Snikers … mmm …qué ricos…
Lo que decía es que fumado no vas a hacer la revolución.
Y te ponen a Piazzola… y chau… te colgás, y escuchas el violín … y te fuiste un instante… y volvés… es el violín… ¿o la guitarra? acá no hay fuelle… es el violín…
...
Por eso decía…
Fumado no vas a hacer la revolución…
Uh, en esta es el piano… que bárbaro… acá hay fuelle...
Fuelle, piano, contrabajo, punteadocontrabajo que suena a muchos… es distinto… violines… me suena a violines… si violín y fuelle… Impresionante… Acá empieza el fuelle a full se suma el piano después el contrabajo no tan bajo, o violín no tan alto…… y nada mas???
Pero te das cuenta… fumado no vas a hacer la revolución…
08-02-2007 Publicado en Indymedia argentina
13 de septiembre de 2010
Antes que cuente diez, dormirá.
La vida a veces tiene situaciones que parecen cerrar en circulo.
Allá por el 86, todavía eran las épocas en las que había que pedir permiso para salir, una amiga me invitó a un recital que hacían en Cemento, Los Redondos. Obviamente tenía muchísimas ganas de ir, por lo que por días y días estuve pensando qué hacer para conseguir el permiso necesario.
Era prácticamente una misión imposible, mis padres/tutores y encargados siempre fueron muy estrictos y la idea que tenían de un recital era la de un lugar lleno de drogadictos, donde te ponían droga en la bebida y que, endrogada, te llevaban por ahí para hacerte quien sabe que cantidad de cosas horribles. No entendían que nadie te la regalaba.
Como no encontraba la forma de conseguir ese permiso, hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar: mentir. Le dije a mis padres que me quedaba a dormir en la casa de mi amiga, que nos juntábamos varias chicas, y qué sé yo qué mas.
Después de advertir a todos los involucrados y de hacer todos los arreglos necesarios, por fin llegó la gran noche del recital, y con mi amiga partimos felices hacia Cemento.
No lo podía creer se estaba cumpliendo mi sueño de ver en vivo a Los Redondos.
Llegamos y estábamos en la cola esperando para entrar y se unieron a nosotros algunos amigos de mi amiga. Entramos todos juntos.
Antes de que empezara el recital fuimos a tomar algo, a ver si nos ponían algo en la bebida. Uno de los amigos de mi amiga, se acerco a ella y le dijo algo al oído, después se acercó a mi y empezamos a hablar.
Era seguidor de Los Redondos hacía tiempo, y era tan fanático de ellos como yo. Hablamos un montón, hasta que en un momento me di cuenta de que estábamos solos, todo el grupo se dispersó y nos dejaron solos.
En ese momento empezaron a apagar las luces porque empezaba el recital. Fuimos hacia adelante, porque queríamos estar en primera fila, bien pegados al escenario. La voz del Indio se desparramaba sobre nosotros, y hacía cosquillas en el estomago, la música era alucinante, y
bailamos y cantamos como locos.
Cuando empezaron los primeros acordes de La bestia Pop, la emoción se desbordó, y para cuando me quise dar cuenta estaba envuelta en los brazos de él, besándolo, él besándome envuelto en mis brazos, y escuchando a cientos de personas diciendo “a brillar mi amor, vamos a brillar mi amor”. Y en el medio de todo ese quilombo, por un momento sentí que brillaba, que brillábamos.
Al final del recital volví a encontrar a mi amiga, pero lo perdí a él.
Y como suele ocurrir, nunca mas lo volví a ver.
Al poco tiempo de esto me fui a vivir sola, ya no toleraba mas tanto control. Los años fueron pasando y la vida también, y me toco un poco de cada cosa como a todos.
Siempre y hasta ahora escuchar a Los Redondos es especial, aunque nunca volví a verlos en vivo.
Con la llegada de las nuevas tecnologías, Internet, y esto de intercambio de archivos, Emule, Soulseek, etc. Siempre que puedo busco música para bajar, y en una de tantas búsquedas me encontré con algo especial. El recital de Cemento del 86, grabado de consola. Lo baje, y lo volví a escuchar, quien sabe después de cuantos años, fue como sentir de nuevo esa noche, las cosquillas en el estomago, y la voz del Indio rayando los oídos, y solas volvieron las sensaciones de aquel beso inolvidable. Y por un instante sentí que volví a brillar.
17 de junio de 2010
Quemarse los pies
Llegó como del mar
con los ojos de una hoguera
feliz y embaucador
me llevó por su vereda
me llenó el corazón
con leyendas de sal
y en los dias que en mí se quedó
fue llenándome de paz.
Le dí todo el amor
de quien se anda con cuidado
pero él quería hurgar
en mis sueños maltratados
me lloró y le conté
que en historias de dos
es preciso quemarse los pies
si uno quiere ver el sol.
Como un quardián
le ví pelear
iba jugándose los sueños
para mi
le quise más
viendo volar
a ese chiquillo con sus juegos
para mi.
Y ahora ya no sé
si creer que todo es falso
amores que viví
con el tiempo fueron barro
hombres tuve y tendré
que me roben el sol
pero yo no renuncio a querer
ni perdono a quien me hirió
pero este corazón
se confunde cada dia
ese hombre como el mar
me acompaña todavía
él se quema los pies
yo le doy cuanto soy
por querer y dejarme la piel
nunca pediré perdón.
Como un guardián
le veo pelear
siempre jugándose los sueños
por mi bien
le quiero más
y echo a volar
como chiquilla con mis juegos para él.
Ana Belén
Cuando alguien ya lo dijo mejor...
Gran duda... ¿existe?...
12 de mayo de 2010
13 de febrero de 2010
A veces la vida.
Soledad,
asumida como eterna.
Será así,
seré así.
Destello de un vos que me conmueve,
me enamora un ser,
y me cambia el panorama;
no soy sola, no estoy sola.
Transcurrir plácido de amor y encontrarse,
y conocernos, y gozarnos y sentirnos,
y extasiarnos en un sentimiento de milagro,
por poder ser, juntos.
Hasta que se resquebraja la burbuja que nos cubre,
y se hace incontenible la rotura.
Mis manos no alcanzan para...
Yo, no soy suficiente para...
Todo salta por el aire, se disuelve y pierde.
Solo queda el dolor de lo que pudo ser.
Y no entiendo cómo te vas,
cómo no estás,
si yo todavía te siento acá.
...
Soledad,
asumida como eterna.
Será así,
seré así.
asumida como eterna.
Será así,
seré así.
Destello de un vos que me conmueve,
me enamora un ser,
y me cambia el panorama;
no soy sola, no estoy sola.
Transcurrir plácido de amor y encontrarse,
y conocernos, y gozarnos y sentirnos,
y extasiarnos en un sentimiento de milagro,
por poder ser, juntos.
Hasta que se resquebraja la burbuja que nos cubre,
y se hace incontenible la rotura.
Mis manos no alcanzan para...
Yo, no soy suficiente para...
Todo salta por el aire, se disuelve y pierde.
Solo queda el dolor de lo que pudo ser.
Y no entiendo cómo te vas,
cómo no estás,
si yo todavía te siento acá.
...
Soledad,
asumida como eterna.
Será así,
seré así.
10 de agosto de 2009
La lección del piano
Tengo un piano sobre mi cabeza, amenazando con caer sobre mi, constantemente.
Aunque camine, y gire inesperadamente, sigue ahí arriba, y no encuentro la forma de librarme de él.
Cansada de intentar perderlo, me resigno a su presencia, y dejo de prestarle atención.
Al notar mi indiferencia, deja escapar unas notas graves, como amenazando, y logra que me fije en él nuevamente.
La tensión que acumulo me hace estallar, agarro un hacha y trato de destrozarlo, pero se aleja y no llego a tocarlo.
Mi vida se gasta en mis intentos de sacármelo de encima, pero no puedo encontrar la forma. Me siento en la vereda, harta de la pelea, y lo desafío a que me aplaste.
Indignado por mi calma, comienza a maltratar con música destemplada mis oídos.
No puedo aguantarlo más. Me levanto, salgo corriendo pero no lo pierdo.
A cincuenta metros de donde estoy, veo a un hombre con un piano sobre su cabeza, en sus ojos noto la misma tensión que yo tengo, la ira y la frustración mezcladas. Nos miramos y nos entendemos. Corremos uno hacia el otro, y en el momento que nos cruzamos, su piano choca con el mío y los dos caen, destartalandose contra el piso.
Frenamos, volteamos al mismo tiempo y nos miramos. El alivio que siento lo veo reflejado en su cara, donde se dibuja una sonrisa. Nos presentamos, hablamos, y logramos encontrarnos en ideas, tristezas y alegrías. Caminamos juntos alejándonos de los pianos que creíamos muertos para siempre.
Cuando los perdimos de vista, los pianos se levantan, se acomodan las tablas, y después de saludarse, salen a buscar a sus nuevas ¿víctimas?
Aunque camine, y gire inesperadamente, sigue ahí arriba, y no encuentro la forma de librarme de él.
Cansada de intentar perderlo, me resigno a su presencia, y dejo de prestarle atención.
Al notar mi indiferencia, deja escapar unas notas graves, como amenazando, y logra que me fije en él nuevamente.
La tensión que acumulo me hace estallar, agarro un hacha y trato de destrozarlo, pero se aleja y no llego a tocarlo.
Mi vida se gasta en mis intentos de sacármelo de encima, pero no puedo encontrar la forma. Me siento en la vereda, harta de la pelea, y lo desafío a que me aplaste.
Indignado por mi calma, comienza a maltratar con música destemplada mis oídos.
No puedo aguantarlo más. Me levanto, salgo corriendo pero no lo pierdo.
A cincuenta metros de donde estoy, veo a un hombre con un piano sobre su cabeza, en sus ojos noto la misma tensión que yo tengo, la ira y la frustración mezcladas. Nos miramos y nos entendemos. Corremos uno hacia el otro, y en el momento que nos cruzamos, su piano choca con el mío y los dos caen, destartalandose contra el piso.
Frenamos, volteamos al mismo tiempo y nos miramos. El alivio que siento lo veo reflejado en su cara, donde se dibuja una sonrisa. Nos presentamos, hablamos, y logramos encontrarnos en ideas, tristezas y alegrías. Caminamos juntos alejándonos de los pianos que creíamos muertos para siempre.
Cuando los perdimos de vista, los pianos se levantan, se acomodan las tablas, y después de saludarse, salen a buscar a sus nuevas ¿víctimas?
12 de febrero de 2009
Mi planta de marihuana, la de naranja lima ya fue.
Tengo una bonita planta de marihuana.
Cuando llegó a mi, era tan solo una pequeña semilla, redonda y lustrosa, que traía en su interior la posibilidad de transformarse en un rico porrito, para degustar a la tarde disfrutando la puesta de sol, y el viento refrescante de la playa.
Como una jardinera hacendosa, seguí estrictamente los pasos para lograr que de esa pequeña semilla, brotara la planta de mis sueños.
El tiempo y el amor brindado rindieron, y al cabo de tres meses tenía una hermosa criatura verde con una fracción del alma de Bob Marley.
La hojas tenían hasta ocho dedos, con la gracia y la elasticidad de un arroyo. Cada tarde, cuando la regaba, la observaba en busca de cualquier defecto, pero no había nada, era una hermosura.
Un día noté una hoja con algunos mordiscos del tamaño de un medio poroto, eso me preocupó, alguna alimaña la estaba lastimando y eso me dolía. Busqué por todos lados pero no encontré al responsable.
Así, cada día se convirtió en una obsesión, la búsqueda del intruso. Hasta que un día lo hallé. Era un insecto feo, con forma prehistórica, pequeño, si, pero con mandíbulas desapasionadas, que mascaba a mi pobre planta como si fuera una lechuga común. Quise sacarlo de ella, no lo pensaba matar, porque no era justo sin juicio previo, además no se condena a muerte a un ser por masticar una planta, ese puede ser su único alimento, y si no tiene una forma alternativa de alimentarse, no es justo matarlo, pero el jodido se resistía, y no despegaba sus patitas de mi pobre planta.
Busqué un palito, lo inserte entre sus patas y mi pobre juana, y con un poco de presión logré despegarlo. Giró su cabeza hacia mi, y me observó con ojos de odio, por eso le hable, y le dije que a mi planta le dolían sus mordiscos, que no era justo con ella, que debía buscar otra forma de alimentarse. Su respuesta me conmovió, me dijo que no podía decir que era mi planta, que las plantas ni nada que tenga vida puede ser poseído por alguien, que no era mía la planta, que era parte de la naturaleza como él, y que ningún daño le hacía, que su saliva la anestesiaba, y que cuando la mordía, ella no sufría. Me contó que en definitiva él era parte de la planta también, que venia con ella en su semilla, y que con sus mordiscos de a poco y con suavidad le enseñaba a ella lo que era la vida y el sufrimiento, pero de una forma tan gradual, que apenas si se daba cuenta. Que para cuando sea adulta, y gracias a él, ella estaría preparada para enfrentar la vida y las tribulaciones que conlleva el vivir.
Me sugirió, que para que pudiera entender perfectamente su verdad, me transformara en él, y así me quedaría tranquila, sabiendo que mi planta no sufría. Un poco escéptica acepté, y al instante lo estaba mirando a su misma altura, y viendo como veía él.
Un conocimiento simple, pero antiquísimo lleno mi mente, y me sentí hermanada a la planta y al bicho. Subimos juntos por sus gajos y ramitas, y él me enseñaba de que manera podía reconocer las hojas mas tiernas. Me mostró como salivarla para que no sintiera dolor, y cuanto era el tiempo que debía esperar para morderla.
El primer bocado fue una explosión de sabor, y de vida, sentí que la planta se entregaba y me transmitía su esencia. Era un intercambio entre tres seres que éramos uno solo, la planta, el bicho y yo. El sol nos acariciaba a los tres y nosotros reíamos y jugábamos, y nos burlábamos del afuera tan grotesco y tan violento.
Parece ser, por lo que me contaron, que cuando llegó la policía y nos encanó a los tres, yo, forma de bicho no tenía, sino que estaba un poco fumada, al bicho, que según me dijo él, cayó por cómplice, nadie lo vió, y a la planta se la llevaron esposada como jefa de una asociación ilícita.
Por suerte el bicho se quedó con migo, porque en esta celda por mas acolchada que esté, y que sea cómoda, estoy sola, y no me gusta, por suerte, él me hace compañía.
De vez en cuando sale, y cuando vuelve me trae un pedacito de una planta que encontró por algún lado, comemos los dos y nos matamos de la risa.
Los que miran por la mirilla de la puerta, se piensan que estoy loca, y no se dan cuenta que soy feliz.
Cuando llegó a mi, era tan solo una pequeña semilla, redonda y lustrosa, que traía en su interior la posibilidad de transformarse en un rico porrito, para degustar a la tarde disfrutando la puesta de sol, y el viento refrescante de la playa.
Como una jardinera hacendosa, seguí estrictamente los pasos para lograr que de esa pequeña semilla, brotara la planta de mis sueños.
El tiempo y el amor brindado rindieron, y al cabo de tres meses tenía una hermosa criatura verde con una fracción del alma de Bob Marley.
La hojas tenían hasta ocho dedos, con la gracia y la elasticidad de un arroyo. Cada tarde, cuando la regaba, la observaba en busca de cualquier defecto, pero no había nada, era una hermosura.
Un día noté una hoja con algunos mordiscos del tamaño de un medio poroto, eso me preocupó, alguna alimaña la estaba lastimando y eso me dolía. Busqué por todos lados pero no encontré al responsable.
Así, cada día se convirtió en una obsesión, la búsqueda del intruso. Hasta que un día lo hallé. Era un insecto feo, con forma prehistórica, pequeño, si, pero con mandíbulas desapasionadas, que mascaba a mi pobre planta como si fuera una lechuga común. Quise sacarlo de ella, no lo pensaba matar, porque no era justo sin juicio previo, además no se condena a muerte a un ser por masticar una planta, ese puede ser su único alimento, y si no tiene una forma alternativa de alimentarse, no es justo matarlo, pero el jodido se resistía, y no despegaba sus patitas de mi pobre planta.
Busqué un palito, lo inserte entre sus patas y mi pobre juana, y con un poco de presión logré despegarlo. Giró su cabeza hacia mi, y me observó con ojos de odio, por eso le hable, y le dije que a mi planta le dolían sus mordiscos, que no era justo con ella, que debía buscar otra forma de alimentarse. Su respuesta me conmovió, me dijo que no podía decir que era mi planta, que las plantas ni nada que tenga vida puede ser poseído por alguien, que no era mía la planta, que era parte de la naturaleza como él, y que ningún daño le hacía, que su saliva la anestesiaba, y que cuando la mordía, ella no sufría. Me contó que en definitiva él era parte de la planta también, que venia con ella en su semilla, y que con sus mordiscos de a poco y con suavidad le enseñaba a ella lo que era la vida y el sufrimiento, pero de una forma tan gradual, que apenas si se daba cuenta. Que para cuando sea adulta, y gracias a él, ella estaría preparada para enfrentar la vida y las tribulaciones que conlleva el vivir.
Me sugirió, que para que pudiera entender perfectamente su verdad, me transformara en él, y así me quedaría tranquila, sabiendo que mi planta no sufría. Un poco escéptica acepté, y al instante lo estaba mirando a su misma altura, y viendo como veía él.
Un conocimiento simple, pero antiquísimo lleno mi mente, y me sentí hermanada a la planta y al bicho. Subimos juntos por sus gajos y ramitas, y él me enseñaba de que manera podía reconocer las hojas mas tiernas. Me mostró como salivarla para que no sintiera dolor, y cuanto era el tiempo que debía esperar para morderla.
El primer bocado fue una explosión de sabor, y de vida, sentí que la planta se entregaba y me transmitía su esencia. Era un intercambio entre tres seres que éramos uno solo, la planta, el bicho y yo. El sol nos acariciaba a los tres y nosotros reíamos y jugábamos, y nos burlábamos del afuera tan grotesco y tan violento.
Parece ser, por lo que me contaron, que cuando llegó la policía y nos encanó a los tres, yo, forma de bicho no tenía, sino que estaba un poco fumada, al bicho, que según me dijo él, cayó por cómplice, nadie lo vió, y a la planta se la llevaron esposada como jefa de una asociación ilícita.
Por suerte el bicho se quedó con migo, porque en esta celda por mas acolchada que esté, y que sea cómoda, estoy sola, y no me gusta, por suerte, él me hace compañía.
De vez en cuando sale, y cuando vuelve me trae un pedacito de una planta que encontró por algún lado, comemos los dos y nos matamos de la risa.
Los que miran por la mirilla de la puerta, se piensan que estoy loca, y no se dan cuenta que soy feliz.
20 de enero de 2009
Adentro mío
Puntos de referencia
Dentro mío hay un universo.
Los átomos que forman mis células, son sistemas planetarios, y galaxias.
Los habitantes de los mundos que me habitan, no conocen mi existencia tal cual es. La idea generalizada es, que yo soy quién los creó.
Para ellos soy Dios.
Claro que hay diferentes visiones sobre mí, me ponen distintos nombres, y cada uno cree que su idea de mí, es la verdad, la única verdad.
Y cada uno, a su manera, tiene razón. Aunque sus miradas son contradictorias.
Es que, yo misma no se quien soy, y mis propias contradicciones me confunden.
Ellos solo perciben una parte, y en esa pequeña parte basan sus creencias.
Mejor, si vieran la totalidad de lo que soy, es probable que no resistan el temor de saberse solos, y a merced del paso del tiempo.
Que sea paranoica, no significa, que no me estén siguiendo...
En el momento del crack, cuando se rompió, escuche esa carcajada.
Otra vez el genio maligno divirtiéndose a costa mía.
Cuelga del techo, lo ves?
A la derecha, arriba....
Se escabulle para que no puedas verlo, y entonces, pienses que estoy loca, pero está ahí.
Siempre está ahí. Cuando no puedo verlo, lo percibo.
¿No me crees?
Prestá atención, porque todos tenemos uno, y cuando algo te sale mal, se caga de risa de vos.
Es que él influye para que las cosas te salgan mal.
Te conoce bien, y sabe te que vas a equivocar.
Nos conocen bien. Tienen paciencia y esperan. En algún momento bajas la guardia, o te cansás. Y ahí es cuando te mandas una macana, para el regocijo de ellos.
Como al mío ya le cacé la onda, se que se va a reír de mí, entonces le gano de mano, y largo una buena carcajada.
Eso lo desconcierta, pierde estabilidad y cae de donde está colgado, es cuando aprovecho y me carcajeo de lo lindo.
Es verdad lo que te digo ¿no me crees?
Miralo, está ahí. ¿Ves como se empieza a reír?
¿Por qué pensas que estoy loca?
¡Mirá! ¡Por favor, en serio, está ahí!
Yo no necesito una inyección, te digo que está ahí...
Miralo al hijo de yuta como se ríe...
... ¿no lo ves?... se ríe...
... miralo... está ahí... en serio... está...
Dentro mío hay un universo.
Los átomos que forman mis células, son sistemas planetarios, y galaxias.
Los habitantes de los mundos que me habitan, no conocen mi existencia tal cual es. La idea generalizada es, que yo soy quién los creó.
Para ellos soy Dios.
Claro que hay diferentes visiones sobre mí, me ponen distintos nombres, y cada uno cree que su idea de mí, es la verdad, la única verdad.
Y cada uno, a su manera, tiene razón. Aunque sus miradas son contradictorias.
Es que, yo misma no se quien soy, y mis propias contradicciones me confunden.
Ellos solo perciben una parte, y en esa pequeña parte basan sus creencias.
Mejor, si vieran la totalidad de lo que soy, es probable que no resistan el temor de saberse solos, y a merced del paso del tiempo.
Que sea paranoica, no significa, que no me estén siguiendo...
En el momento del crack, cuando se rompió, escuche esa carcajada.
Otra vez el genio maligno divirtiéndose a costa mía.
Cuelga del techo, lo ves?
A la derecha, arriba....
Se escabulle para que no puedas verlo, y entonces, pienses que estoy loca, pero está ahí.
Siempre está ahí. Cuando no puedo verlo, lo percibo.
¿No me crees?
Prestá atención, porque todos tenemos uno, y cuando algo te sale mal, se caga de risa de vos.
Es que él influye para que las cosas te salgan mal.
Te conoce bien, y sabe te que vas a equivocar.
Nos conocen bien. Tienen paciencia y esperan. En algún momento bajas la guardia, o te cansás. Y ahí es cuando te mandas una macana, para el regocijo de ellos.
Como al mío ya le cacé la onda, se que se va a reír de mí, entonces le gano de mano, y largo una buena carcajada.
Eso lo desconcierta, pierde estabilidad y cae de donde está colgado, es cuando aprovecho y me carcajeo de lo lindo.
Es verdad lo que te digo ¿no me crees?
Miralo, está ahí. ¿Ves como se empieza a reír?
¿Por qué pensas que estoy loca?
¡Mirá! ¡Por favor, en serio, está ahí!
Yo no necesito una inyección, te digo que está ahí...
Miralo al hijo de yuta como se ríe...
... ¿no lo ves?... se ríe...
... miralo... está ahí... en serio... está...
29 de noviembre de 2008
A cada quien, lo que le corresponde
El hombre propone, y...¿Quién dispone?
Los preparativos para el desarrollo del Proyecto, llevaron casi un año. Tiempo suficiente para verificar, que las Obras realizadas, cumplirían su función, y esa zona, en otros momentos pantanosa, no se inundaría bajo ningún concepto.
Desalojaron a los pocos habitantes que allí vivían, en condiciones de extrema pobreza; fue cosa fácil por ser pobres, a nadie le importaban.
Se iniciaron las obras, era el Emprendimiento Inmobiliario mas ambicioso de los últimos veinte años. Era la zona mas cara de la Ciudad. Hasta ahora no se pudo aprovechar, porque un descolgado, de los que nunca faltan, logró declararla Reserva Natural.
Pero con el nuevo Gobierno, ese tipo de ingenuidades quedaban obsoletas. Ahora se estaba Construyendo una Ciudad en serio.
Los Holdings que iniciaron la obra, invirtieron sumas millonarias, pensaban sacar ganancias astronómicas. Tenían casi vendida, la mitad de las mansiones, y departamentos súper lujosos.
La puesta a punto de los terrenos fue una lucha contra el río, que, por supuesto, ganó la mano del hombre, en nombre del progreso.
De nada sirvieron los reclamos de los antiguos pobladores, algunos fueron sobornados con dos mangos, a los otros, los mas intransigentes, los apretaron, amedrentaron, asustaron, y a los pocos que seguían luchando, les armaron causas y los encanaron, o los mataron.
Transcurrido un año mas, y borrados los últimos escollos, el Megaproyecto estuvo terminado
.
Para la inauguración, los festejos fueron gloriosos, algo nunca antes visto. Se gastaron fortunas, para no dejar librado al azar, el mas mínimo detalle.
Cuando la fiesta estaba en su apogeo, un leve viento del sur empezó a soplar.
A medida que transcurría la fiesta, la fuerza del viento se empezó a hacer notar.
Llegado el momento de los fuegos artificiales, se convirtió en una sudestada., que potenciada por la luna llena, formó, a dos kilómetros de la costa, una ola tan grande, que parecía un Tsunami.
Nadie lo vió venir, ni se dio cuenta de nada, hasta que la ola, con toda la fuerza del la Naturaleza, cayó sobre el Megaproyecto, apagando los fuegos artificiales; y provocó la inundación mas grande de los últimos ochenta años. Todo quedó bajo tres meros de agua, las casas mas lujosas, eran grandes y lujosas piletas.
Y los asistentes a la fiesta, debieron ser evacuados por Defensa Civil.
Con el tiempo muchas de las construcciones fueron desmoronándose, no eran, había sido, dela mejor calidad constructiva.
Volvieron de a poco, con el paso del tiempo, animales y plantas a reinstalarse en su antiguo espacio.
Y desde aquella época, ya hace casi cinco años de esto, los propietarios indignados buscan a los responsables de la empresa constructora, para que les devuelvan su dinero.
Pero nadie, absolutamente nadie, saben donde están.
El agua que no has de beber, por favor, por tu bien,no la contamines.
El presidente de la compañía Minera Gold Company Ink. & Co., al inaugurar la nueva fase de explotación, en el pueblito El Dorado, en el interior de la Cordillera de los Andes, y para desterrar los rumores sobre la posibilidad de contaminación de las aguas, que según los malintencionados, producía la explotación minera a cielo abierto, tomó un baso de agua, que se extrajo de una canilla, que se alimentaba de un arroyo, y lo bebió ante todos al iniciar su discurso.
A medida que tomaba, se le fue derritiendo la boca, la mandíbula, la garganta, saliendo finalmente un chorrito de agua, por un agujero que se le hizo en el estomago.
Él, nunca se enteró, que una mano anónima, desvió la cañería que tenían conectada a un bidón de agua mineral, y la conectó, de verdad, al arroyo.
Los preparativos para el desarrollo del Proyecto, llevaron casi un año. Tiempo suficiente para verificar, que las Obras realizadas, cumplirían su función, y esa zona, en otros momentos pantanosa, no se inundaría bajo ningún concepto.
Desalojaron a los pocos habitantes que allí vivían, en condiciones de extrema pobreza; fue cosa fácil por ser pobres, a nadie le importaban.
Se iniciaron las obras, era el Emprendimiento Inmobiliario mas ambicioso de los últimos veinte años. Era la zona mas cara de la Ciudad. Hasta ahora no se pudo aprovechar, porque un descolgado, de los que nunca faltan, logró declararla Reserva Natural.
Pero con el nuevo Gobierno, ese tipo de ingenuidades quedaban obsoletas. Ahora se estaba Construyendo una Ciudad en serio.
Los Holdings que iniciaron la obra, invirtieron sumas millonarias, pensaban sacar ganancias astronómicas. Tenían casi vendida, la mitad de las mansiones, y departamentos súper lujosos.
La puesta a punto de los terrenos fue una lucha contra el río, que, por supuesto, ganó la mano del hombre, en nombre del progreso.
De nada sirvieron los reclamos de los antiguos pobladores, algunos fueron sobornados con dos mangos, a los otros, los mas intransigentes, los apretaron, amedrentaron, asustaron, y a los pocos que seguían luchando, les armaron causas y los encanaron, o los mataron.
Transcurrido un año mas, y borrados los últimos escollos, el Megaproyecto estuvo terminado
.
Para la inauguración, los festejos fueron gloriosos, algo nunca antes visto. Se gastaron fortunas, para no dejar librado al azar, el mas mínimo detalle.
Cuando la fiesta estaba en su apogeo, un leve viento del sur empezó a soplar.
A medida que transcurría la fiesta, la fuerza del viento se empezó a hacer notar.
Llegado el momento de los fuegos artificiales, se convirtió en una sudestada., que potenciada por la luna llena, formó, a dos kilómetros de la costa, una ola tan grande, que parecía un Tsunami.
Nadie lo vió venir, ni se dio cuenta de nada, hasta que la ola, con toda la fuerza del la Naturaleza, cayó sobre el Megaproyecto, apagando los fuegos artificiales; y provocó la inundación mas grande de los últimos ochenta años. Todo quedó bajo tres meros de agua, las casas mas lujosas, eran grandes y lujosas piletas.
Y los asistentes a la fiesta, debieron ser evacuados por Defensa Civil.
Con el tiempo muchas de las construcciones fueron desmoronándose, no eran, había sido, dela mejor calidad constructiva.
Volvieron de a poco, con el paso del tiempo, animales y plantas a reinstalarse en su antiguo espacio.
Y desde aquella época, ya hace casi cinco años de esto, los propietarios indignados buscan a los responsables de la empresa constructora, para que les devuelvan su dinero.
Pero nadie, absolutamente nadie, saben donde están.
Dulce patito criollo
Cada domingo, pasaba lo mismo. Se despertaba convertido en un patito. Un hermoso y tierno patito amarillo, con su brillante pico anaranjado.
Y, por supuesto, no podía salir de su habitación en todo el día. Por suerte, a la tarde, casi llegando a la noche, su cuerpo empezaba a recuperar su tamaño normal, y perdía casi todas la plumas.
Era una incomodidad terrible, para un militar de su grado, y sus antecedentes, miembro del Ejercito, despertarse cada domingo, siendo un hermoso patito.
El agua que no has de beber, por favor, por tu bien,no la contamines.
El presidente de la compañía Minera Gold Company Ink. & Co., al inaugurar la nueva fase de explotación, en el pueblito El Dorado, en el interior de la Cordillera de los Andes, y para desterrar los rumores sobre la posibilidad de contaminación de las aguas, que según los malintencionados, producía la explotación minera a cielo abierto, tomó un baso de agua, que se extrajo de una canilla, que se alimentaba de un arroyo, y lo bebió ante todos al iniciar su discurso.
A medida que tomaba, se le fue derritiendo la boca, la mandíbula, la garganta, saliendo finalmente un chorrito de agua, por un agujero que se le hizo en el estomago.
Él, nunca se enteró, que una mano anónima, desvió la cañería que tenían conectada a un bidón de agua mineral, y la conectó, de verdad, al arroyo.
7 de noviembre de 2008
Cosita loca llamada amor
Con mucho cuidado conectó los sensores de la supercomputadora, a la sien de su prometida.
Quería detectar sus verdaderos sentimientos, ya que al día siguiente, se casarían. Gracias a unas gotas en su bebida, ella, dormía profundamente.
Quería estar seguro de algo, pues, sus propios sentimientos eran una gran confusión. Al menos, necesitaba conocer qué sentía ella, para, de esta, manera, reprogramarse él, con los mismos sentimientos, así evitaría el sufrimiento innecesario.
Los circuitos zumbaban, o al menos esa era la impresión que daban, al bajar la información de la cabeza de ella hacia el disco rígido. El proceso fue mas corto de lo que esperaba.
Cargó el archivo resultante en el programa y le dió la orden de procesar. En la pantalla, un simulador de osciloscopio dibujaba distintos tipos de ondas, y cambiaba a otra máscara; así por varios minutos; muchos más de los que esperaba.
El programa buscaba información que lo incluyera a él, pero tardaba mucho en listar resultados. A medida que avanzaba, teóricamente, debía ir escribiendo, en un listado, las direcciones de memoria que lo contenían a él. Pero ya tenía analizado una tercera parte del archivo y él no aparecía.
Cuando terminó el proceso, sin la mas mínima pista de que él estuviera en su campo sentimental, pensó que habría algún problema, eso significaba la nada, es decir que él no le causaba a ella ningún tipo de sentimiento, ni bueno, ni malo, ni duda, ni certeza, le era absolutamente indiferente. Y después de casi cinco años de noviazgo, ésto era imposible.
Tendría que reconfigurar la búsqueda, porque evidentemente se equivocó en algo.
Había hecho pruebas de sensibilidad en él mismo, sobre distintos temas frívolos como para poder calibrar los sensores, y que detectaran los sentimientos más ínfimos.
Buscó es sus archivos de prueba, pero algo llamó su atención.
Había un proceso similar al que estaba realizando, pero llevaba su nombre como el origen del archivo de sentimientos. Lo que generó una reprogramación de sentimientos, que llevaba el nombre de ella. Él no fue quien creo esos archivos. Buscó la fecha, y la hora. Ese día él se durmió mas temprano que de costumbre, apenas recordaba algo.
Cuando quiso abrir esos archivos, apareció una ventana que decía::
- Éstos, eran mis sentimientos, antes de ver los tuyos, y de realizar una reprogramación en mi. Yo tampoco quiero sufrir- Lo firmaba ella.
Automáticamente apareció el mismo simulador, pero con otra información, cada segundo tiraba una dirección de memoria dónde aparecía el nombre de él. Ella lo amaba realmente, como pocas veces alguien se animaba a amar.
Pero a continuación, el archivo que se procesó, era el que le extrajo a él. Y no existía en ningún lugar de sus sentimientos el nombre de ella, es decir que ella no le causaba a él ningún tipo de sentimiento, ni bueno, ni malo, ni duda, ni certeza, le era absolutamente indiferente.
Perplejo, se quedó largo rato mirándola como dormía, y la verdad es que, no le despertaba ningún sentimiento. Un poco mas aliviado, apagó todo, desconectó los sensores y la dejó dormir tranquila.
En la nota que le dejó blanqueaba la situación. Nunca la amó, porque en realidad estaba enamorado de su amigo de la infancia, le pedía perdón por todo el tiempo que le hizo perder. Y le decía que se iría a buscar a su verdadero amor.
Obviamente a su verdadero amor nunca lo sometió a este proceso, es que tenía miedo de los resultados. Sabía que no lo podría soportar.
Quería detectar sus verdaderos sentimientos, ya que al día siguiente, se casarían. Gracias a unas gotas en su bebida, ella, dormía profundamente.
Quería estar seguro de algo, pues, sus propios sentimientos eran una gran confusión. Al menos, necesitaba conocer qué sentía ella, para, de esta, manera, reprogramarse él, con los mismos sentimientos, así evitaría el sufrimiento innecesario.
Los circuitos zumbaban, o al menos esa era la impresión que daban, al bajar la información de la cabeza de ella hacia el disco rígido. El proceso fue mas corto de lo que esperaba.
Cargó el archivo resultante en el programa y le dió la orden de procesar. En la pantalla, un simulador de osciloscopio dibujaba distintos tipos de ondas, y cambiaba a otra máscara; así por varios minutos; muchos más de los que esperaba.
El programa buscaba información que lo incluyera a él, pero tardaba mucho en listar resultados. A medida que avanzaba, teóricamente, debía ir escribiendo, en un listado, las direcciones de memoria que lo contenían a él. Pero ya tenía analizado una tercera parte del archivo y él no aparecía.
Cuando terminó el proceso, sin la mas mínima pista de que él estuviera en su campo sentimental, pensó que habría algún problema, eso significaba la nada, es decir que él no le causaba a ella ningún tipo de sentimiento, ni bueno, ni malo, ni duda, ni certeza, le era absolutamente indiferente. Y después de casi cinco años de noviazgo, ésto era imposible.
Tendría que reconfigurar la búsqueda, porque evidentemente se equivocó en algo.
Había hecho pruebas de sensibilidad en él mismo, sobre distintos temas frívolos como para poder calibrar los sensores, y que detectaran los sentimientos más ínfimos.
Buscó es sus archivos de prueba, pero algo llamó su atención.
Había un proceso similar al que estaba realizando, pero llevaba su nombre como el origen del archivo de sentimientos. Lo que generó una reprogramación de sentimientos, que llevaba el nombre de ella. Él no fue quien creo esos archivos. Buscó la fecha, y la hora. Ese día él se durmió mas temprano que de costumbre, apenas recordaba algo.
Cuando quiso abrir esos archivos, apareció una ventana que decía::
- Éstos, eran mis sentimientos, antes de ver los tuyos, y de realizar una reprogramación en mi. Yo tampoco quiero sufrir- Lo firmaba ella.
Automáticamente apareció el mismo simulador, pero con otra información, cada segundo tiraba una dirección de memoria dónde aparecía el nombre de él. Ella lo amaba realmente, como pocas veces alguien se animaba a amar.
Pero a continuación, el archivo que se procesó, era el que le extrajo a él. Y no existía en ningún lugar de sus sentimientos el nombre de ella, es decir que ella no le causaba a él ningún tipo de sentimiento, ni bueno, ni malo, ni duda, ni certeza, le era absolutamente indiferente.
Perplejo, se quedó largo rato mirándola como dormía, y la verdad es que, no le despertaba ningún sentimiento. Un poco mas aliviado, apagó todo, desconectó los sensores y la dejó dormir tranquila.
En la nota que le dejó blanqueaba la situación. Nunca la amó, porque en realidad estaba enamorado de su amigo de la infancia, le pedía perdón por todo el tiempo que le hizo perder. Y le decía que se iría a buscar a su verdadero amor.
Obviamente a su verdadero amor nunca lo sometió a este proceso, es que tenía miedo de los resultados. Sabía que no lo podría soportar.
18 de octubre de 2008
17 de septiembre de 2008
El mensajero
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“Y un día, a través de unos ojos, uno encuentra el camino a casa”
M. C. López
M. C. López
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En la Ciudad de Buenos Aires ocurren cosas que nadie ve. Con un poco de suerte te puede tocar a vos, que te encuentre el pajarito mensajero. Te preguntaras quien es.
Vi un pajarito caminando. Un zorzal. Caminaba por la vereda una mañana de Marzo.
En Av. Díaz Vélez a una cuadra de Parque Centenario. Caminaba dando saltitos al estilo zorzal. Buscaba la dirección donde tenía que entregar su mensaje. Lo difícil era encontrar el dispositivo, cada sitio lo tenía en un lugar diferente.
Caminaba avanzando desde la mitad de cuadra hacia la esquina.
Saltitos, paraba, miraba. Saltitos, paraba, miraba. Andar de pajarito.
Así estuvo hasta llegar a la esquina, dar la vuelta a la manzana y llegar a la mitad de cuadra; un poco más acá.
Mas saltitos, miró; era la dirección. Ahora buscaba el aparatejo.
Miraba, caminaba hacia un lado; miraba, caminaba hacia el otro. Se paró frente a la puerta y observó atentamente cada centímetro de pared.
Tenía que entregar el mensaje en el momento justo, sabía que, cuando el sol proyectara una sombra de la rama de la casuarina, que estaba enfrente, justo en ese adoquín; era el momento en que debía tocar el llamador. Le quedaba tiempo, pero tenía que buscar.
Cada vez que debía entregar un mensaje, sentía la misma ansiedad, en sus manos estaba lograr el encuentro de dos almas que se separaron en el gran desencuentro. El que ocurrió allá por el inicio de los tiempos. Cuando las almas descarnadas todavía vivían de a dos, cada par en una estrella.
Los dioses, como siempre, esos despiadados; les jugaron una mala pasada, las invitaron a todas a la tierra a una gran fiesta de disfraces, envidiaban la unión y la armonía por lo que decidieron poner a prueba el lazo que las unía.
Ninguna sabría que disfraz usaría la otra. Todas llevaban un llamador bidereccional que podían usar para encontrarse, era como un prendedor, que, cuando lo presionaban, resonaba en el interior de ambas un zumbido que las ponía atentas. Así, como locas. Tensas, locas y ansiosas.
Una vez en la tierra todas las almas encarnadas y disfrazadas, y separadas de sus pares, empezaron el baile. Las lentejuelas y mascaras, titilaban bailoteando, al compás de la orquesta.
Un hilo de plata, estalló en el cielo y se desató la tormenta. El brillo de miles de gotas se confundieron con un desastre de lentejuelas y rasos. Todas huyeron para distintos lugares, dispersándose y perdiéndose unas de otras, dejando caer los llamadores.
Quedaron por toda la tierra, solas y perdidas, sin su par y sin saber como volver a su estrella.
Cuando vieron el dolor que causaron, los dioses se sintieron culpables, quisieron arreglar esto, pero como no son piadosos, crearon un Departamento Encargado de Reunir a las Almas Perdidas, y aquí es donde trabaja el pajarito.
Él es el mensajero, cuando descubren uno de los llamadores bidereccionales, el pajarito debe presionarlo en el momento justo para que ambas almas lo escuchen, levanten la vista de lo que están haciendo, y allí, justo allí, frente a frente, unos ojos que se reconocen sin saberlo.
Ya le quedaba poco tiempo al pajarito para encontrar ese aparato. Miraba por aquí, miraba por allá, volaba sobre la puerta, pero no lo veía.
Si no lograba encontrar el llamador, las almas se cruzarían y seguirían de largo sin verse, y pasarían otros miles de años para que se encontraran nuevamente. Era un trabajo muy estresante para un pobre pajarito, se decía a si mismo. Pero en el fondo le gustaba; se sentía bien, unir almas perdidas.
En aquel rincón brilló algo que llamó su atención, apurado, a los saltitos llego hasta el lugar. Era el llamador bidereccional; miró, si, era el momento; si, justo la sombra de esa rama sobre ese adoquín. Presionó.
Un zumbido atravesó el espacio tiempo.
Escuchá.
¿Escuchás?
Parece que te llaman.
Vi un pajarito caminando. Un zorzal. Caminaba por la vereda una mañana de Marzo.
En Av. Díaz Vélez a una cuadra de Parque Centenario. Caminaba dando saltitos al estilo zorzal. Buscaba la dirección donde tenía que entregar su mensaje. Lo difícil era encontrar el dispositivo, cada sitio lo tenía en un lugar diferente.
Caminaba avanzando desde la mitad de cuadra hacia la esquina.
Saltitos, paraba, miraba. Saltitos, paraba, miraba. Andar de pajarito.
Así estuvo hasta llegar a la esquina, dar la vuelta a la manzana y llegar a la mitad de cuadra; un poco más acá.
Mas saltitos, miró; era la dirección. Ahora buscaba el aparatejo.
Miraba, caminaba hacia un lado; miraba, caminaba hacia el otro. Se paró frente a la puerta y observó atentamente cada centímetro de pared.
Tenía que entregar el mensaje en el momento justo, sabía que, cuando el sol proyectara una sombra de la rama de la casuarina, que estaba enfrente, justo en ese adoquín; era el momento en que debía tocar el llamador. Le quedaba tiempo, pero tenía que buscar.
Cada vez que debía entregar un mensaje, sentía la misma ansiedad, en sus manos estaba lograr el encuentro de dos almas que se separaron en el gran desencuentro. El que ocurrió allá por el inicio de los tiempos. Cuando las almas descarnadas todavía vivían de a dos, cada par en una estrella.
Los dioses, como siempre, esos despiadados; les jugaron una mala pasada, las invitaron a todas a la tierra a una gran fiesta de disfraces, envidiaban la unión y la armonía por lo que decidieron poner a prueba el lazo que las unía.
Ninguna sabría que disfraz usaría la otra. Todas llevaban un llamador bidereccional que podían usar para encontrarse, era como un prendedor, que, cuando lo presionaban, resonaba en el interior de ambas un zumbido que las ponía atentas. Así, como locas. Tensas, locas y ansiosas.
Una vez en la tierra todas las almas encarnadas y disfrazadas, y separadas de sus pares, empezaron el baile. Las lentejuelas y mascaras, titilaban bailoteando, al compás de la orquesta.
Un hilo de plata, estalló en el cielo y se desató la tormenta. El brillo de miles de gotas se confundieron con un desastre de lentejuelas y rasos. Todas huyeron para distintos lugares, dispersándose y perdiéndose unas de otras, dejando caer los llamadores.
Quedaron por toda la tierra, solas y perdidas, sin su par y sin saber como volver a su estrella.
Cuando vieron el dolor que causaron, los dioses se sintieron culpables, quisieron arreglar esto, pero como no son piadosos, crearon un Departamento Encargado de Reunir a las Almas Perdidas, y aquí es donde trabaja el pajarito.
Él es el mensajero, cuando descubren uno de los llamadores bidereccionales, el pajarito debe presionarlo en el momento justo para que ambas almas lo escuchen, levanten la vista de lo que están haciendo, y allí, justo allí, frente a frente, unos ojos que se reconocen sin saberlo.
Ya le quedaba poco tiempo al pajarito para encontrar ese aparato. Miraba por aquí, miraba por allá, volaba sobre la puerta, pero no lo veía.
Si no lograba encontrar el llamador, las almas se cruzarían y seguirían de largo sin verse, y pasarían otros miles de años para que se encontraran nuevamente. Era un trabajo muy estresante para un pobre pajarito, se decía a si mismo. Pero en el fondo le gustaba; se sentía bien, unir almas perdidas.
En aquel rincón brilló algo que llamó su atención, apurado, a los saltitos llego hasta el lugar. Era el llamador bidereccional; miró, si, era el momento; si, justo la sombra de esa rama sobre ese adoquín. Presionó.
Un zumbido atravesó el espacio tiempo.
Escuchá.
¿Escuchás?
Parece que te llaman.
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