Definición:

Definición:

El cuento fantástico es aquel que,
por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables,
hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural

y deja al lector sumido en la incertidumbre.

21 de enero de 2019

Los viajes de Gochilla


Gochilla es un gato viajero. Desde muy chico que adquirió el gusto por viajar. Él y sus hermanitos nacieron en Lanús, y cuando Gochilla tenía dos meses hizo su primer viaje.
Gochilla, dejó a su mamá y a sus hermanitos y se fue a vivir a Caballito, con una señora muy buena, a quién le gustaban mucho los gatos. Y esta señora tenía por costumbre viajar todos los años. Siempre elegía un lugar distinto, que aún no conociera, porque le encantaba conocer lugares nuevos, y descubrir las maravillas que existían.
El primer viaje de Gochilla, que fue de Lanús a Caballito, fue una experiencia muy emocionante para él. Al principio tenía mucho miedo porque no sabía qué pasaba, además nunca antes se había alejado de su mamá y sus hermanitos.
Cuando llegaron al departamento de la nueva dueña de Gochilla, él pudo salir de la caja e inspeccionar el lugar. En ese momento sentía muchísimo miedo, pero la curiosidad típica de los Gochillas pudo más que el miedo, y se puso a investigar cada rincón, como le enseñó su mamá.
-Cuando un Gochilla llega a un lugar nuevo, lo primero que tiene que hacer es investigar hasta el último pedacito de espacio, para saber dónde puede haber algún peligro, por dónde esconderse, dónde está la comida, y dónde está el baño. Recién después de tener todo inspeccionado, uno se puede dedicara limpiarse las orejas, para así conocer todos los ruidos de lugar. Un Gochilla -dijo la mamá finalmente -debe estar atento en cada lugar nuevo que pise.
Cuando su madre le habló así, generó una curiosidad tan fuerte en Gochilla, que no podía esperar a hacer su primer viaje. De ahí que, al tener por fin la oportunidad de inspeccionar un lugar nuevo, estuviera tan emocionado.
Asustado como estaba, poco a poco fue olfateando todo lo que había a su alcance.
Cuando finalmente sus viejos dueños los dejaron solos en su nueva casa, Gochilla vio que su nueva dueña le hablaba, como si ella supiera que él la entendía. Así ella le fue explicando todas las características de su nueva casa. Pero por supuesto, un Gochilla investiga igual, así que se pasó toda esa tarde olfateando por todos los rincones.
Su nueva vida resultó ser de lo más interesante. A los pocos meses de llegar a la casa, y cuando ya tenía toda la confianza con su nueva mamá, hicieron el primer viaje.
A Gochilla le tocó entrar en su bolso. Durante las semanas anteriores se fue habituando a dormir en el, que por cierto era muy cómodo.
La primera salida a la calle lo llenó de excitación, porque de una oleada, millones de olores nuevos atravesaron la abertura del bolso y chocaron contra su nariz. No le daba el tiempo para identificar cada uno. Y el ruido, sabía que era el tráfico, muchas voces de personas, y motores, y muchos ruidos que él no podía identificar, aún.
Tantas cosas nuevas para conocer, lo mantenían constantemente despierto y alerta.
Llegaron hasta el auto de su mamá, y ella lo acomodó en el asiento del pasajero, le puso el cinturón de seguridad y lo dejó bien acomodado para empezar el viaje.
Cada cosa nueva que hacía, su mamá le explicaba qué era, y así él no se asustaba y podía aprender de todo, por eso le gustaba tanto su nueva mamá, porque podría aprender muchas cosas con ella.
Durante el trayecto en auto, Gochilla podía oler los distintos aires que entraban por la ventanilla. Después de un rato, se durmió. Estaba muy cansado por las emociones del inicio del viaje, y ahora no pasaba gran cosa.
Mientras dormía, Gochilla soñaba que viajaba, pero solo en su bolsito volando por el cielo.
Un ruido extraño lo despertó, y la voz de su mamá le anunció que llegaron a destino.
Cuando abrió la puerta del auto, le llegó a Gochilla un olor nuevo, hermoso, que le hacía pensar en su plato favorito, el salmón blanco, con algo que él no podía reconocer, y humedad, y cosas inmensas, y ese sonido que lo arrullaba. Parecía un motor, pero no existía un motor de ese poder.
La mamá lo sacó del bolso, y lo llevó en brazos hacia la playa. Gochilla estaba maravillado por lo que olía, veía y escuchaba, era lo más maravilloso que sintió en su vida.
Su mamá le explico que eso era el mar, que estaban en una playa, cuando lo vio tranquilo lo apoyó en el piso, y Gochilla sintió como cosquillas en sus patas, y que el piso se desgranaba entre sus dedos. Eso era la arena, le contó su mamá.
Caminó y vio como algo se movía, llegaba hasta cerca de sus pies se diluía y se iba, y después de nuevo, y quiso tocarlo, pero su pata se hundió, era agua, y la siguió por un instante, pero tuvo que retroceder, porque la ola lo perseguía. Un pedacito de espuma salió volando por el viento y Gochilla corrió para atraparlo, pero cuando lo tocó se deshizo en su pata.
Todo olía de forma maravillosa, y ese sonido arrullante del mar hacía que se sintiera feliz.
Mientras él jugaba en la playa, su mamá fue acomodando, en la casa, todas las cosas que llevaron.
Gochilla fue hacia allá también, porque tenía que investigar todo, era un lugar nuevo.
Mientras él investigaba, su mamá le contó que se quedarían allí por dos semanas, que eran las vacaciones, que era un lugar muy tranquilo para descansar de todo el trabajo del año, que podía andar por la playa y por la casa a su gusto, pero que cuando estuviera afuera, tenga las orejas atentas, por si llegaba algún perro extraño.
Le dijo también que iban a pescar así probaría el pescado recién salido del agua. Y tantas cosas le fue contando que, como Gochilla ya había revisado todos los rincones, se acomodó en su bolso y se quedó dormido.
Un olorcito riquísimo invadió la conciencia dormida de Gochilla, y lo trasladó sin escalas a la cocina de la casa de la playa. Abrió los ojos, y se fue desperezando fiacosamente, hasta acomodar todos sus músculos. Lo primero que salio de su bolso cama, fue su nariz, seguida de una pata de Gochilla, que hizo de soporte para levantarlo y sacarlo de adentro del bolso.
Se acercó a su mama y con un ronroneo suave le pidió un poco de eso que olía tan bien. Su mamá que le entendió perfectamente le contestó:
-Todavía no está lista la comida, así que vas a tener que esperar.
Los Gochillas tienen habilidades extraordinarias para comunicarse, solamente es necesario saber escucharlos. Tienen un ronroneo agudo, casi musical es, cuando se transforma en un Gochillarmónica, y lo que dice es que quiere comer eso tan rico que está oliendo. Otras veces su ronroneo es más grave, y es el momento en que aparece el Gochillamimosón... que lo único que quiere es mimos, caricias, pellizcones de orejas y mucho amor. Eso suele pasar cuando un Gochilla soñó algo feo que le dio miedo.
Pero en este momento en particular, estaba el Gochillarmónica, quería comer algo, porque el viaje y tantas emociones le dieron hambre. Fue hasta su plato, y allí había comida para él, ese alimento desabrido que los humanos le dan a los Gochillas confundiéndolos con simples gatos. Después de oler el plato, la miró a su mamá con ojos de reproche.
-Esa es la comida que tiene que comer un Gochilla, porque ésta que estoy preparando, a los Gochillas les puede hacer mal, así que, comé esa, que después yo te convido, pero un poquito nomás, como para que pruebes.
-Claro, los Gochillas no pueden comer.... No mamá, no es así la cosa... Los Gochillas comemos de todo.
Pero protestando y protestando, como no podía aguantar más el hambre comió lo que había.
Cuando pudo probar un poco de la otra comida, quedó maravillado con los sabores, tenía como un fueguito en los labios que le resultaba muy agradable, y quería más. Así fueron pasando los minutos, y terminaron de cenar. El postre no le gustó mucho, pero el dulce de leche si, le encantaba, así que también le tocó un poco.
Madre y Gochilla, bien alimentados, y aletargados por el sueño, se fueron a dormir, así al otro día se levantaban temprano para aprovechar el día.
Los dos se levantaron temprano para ir a la playa. Gochilla estaba muy entusiasmado por ver todo lo que había allí.
Como la playa quedaba fuera de la casa, no era mucho el trayecto. La mamá de Gochilla llevaba una sombrilla y una reposera, y Gochilla todos sus sentidos alertados para investigar.
Se pasó todo ese día jugando con el mar, cada vez que creía que podía alcanzarlo, una ola lo enfrentaba, y lo perseguía, así fue mojándose las patas, a las que después se les pegaba la arena.
Un gran susto se dio Gochilla cuando vio que su mamá se metía al agua, y el mar la zarandeaba entre las olas, pero como escuchó que reía, no se preocupó más y le dieron ganas de entrar él también. Porque a los Gochillas, les llama mucho la atención el agua. Pero todo tiene su límite, y por más que le llamara mucho la atención, no le gustaba para nada la idea de mojarse todo.
Por la tarde, cuando el sol ya era más suave, la mamá de Gochilla sacó de la casa algo muy intrigante, era un palo largo con unos hilos muy tentadores que se movían y brillaban con el sol. Era una caña de pescar.
-No Gochilla. -le dijo su mamá cuando el quiso agarrarlo -Mirá, acá hay un anzuelo, y eso te puede pinchar.
No muy convencido Gochilla se quedó sentado observando lo que ella hacía. Estiro una de sus manotas cuando vio pasar por arriba de su cabeza la tanza, pero no pudo agarrarla.
Después de un buen rato, cuando él ya estaba adormecido por el calorcito del sol y la arena, todo se convirtió en expectativa.
-¡Agarré uno! -Gritó su mamá y el vio como estiraba la caña, y se sacudía, y se doblaba, y la tanza tirante, no se dejaba juntar.
Unos minutos pasaron hasta que empezó a ver algo, allá, en donde terminaba el hilo, que saltaba, y luchaba por soltarse. Un resplandor plateado, que resaltaba en el agua, se movía de acá para allá, hasta que finalmente, salió todo del agua.
Era una cosa de lo más extraña, pensaba Gochilla, huele a algo rico, pero se sacude como loco.
El pescado, cayó a los pies de Gochilla, dándole un buen susto, y en el apuro quiso agarrarlo con la mano, pero se le patinaba. Todos sus instintos de cazador se despertaron en un segundo, y se transformó en un Gochilla salvaje.
Saltó, mordió arañó, hasta que finalmente logró contener al extraño animal. Su mamá finalmente, lo agarró, lo enjuagó en el mar, y lo metió adentro de un balde, del que quería escaparse, pero no pudo, porque Gochilla se quedó haciendo guardia. No podía dejar de mirar cómo se movía, y metió su mano para tranquilizarlo, pero no se dejaba tocar, y el Gochilla salvaje volvió a surgir, cayó adentro del balde y lo volcó, dejando al pescado suelto saltando por la arena. Sus instintos salieron a la luz y el Gochilla salvaje se tiró encima del pescado y logró retenerlo, apenas por un instante, le dio un pequeño mordisco y pudo saborear un poco... y se quedó pensando lo rico que era.
Por suerte vino su mama, agarró al pescado y lo metió de nuevo en el balde despues de darle una lavada en el mar, y juntar un poco de agua limpia.
Fue una experiencia tan exitante para Gochilla que se fue a acostar a la reposera para reponer las fuerzas, pero eran tantas las cosas que pasaban que no pudo quedarse mucho tiempo y volvio pescar con su mamá.
Después de una tarde de pesca, llegaron a conseguir tres hermosas piezas, Gochilla quedó agotado, y su vestido lleno de lentejuelas escamas, de lo que sería su cena.
Volvieron a la casa y su mamá empezó a enseñarle cómo se limpiaba el pescado, que se raspa así para sacar las escamas, y salieron volando millones de letejuelas plateadas, que si no hubiera estado tan cansado, seguramente las estaría persiguiendo. Despues le sacó cosas que tenía adentro, evidentemente los pescados eran como bolsas que cargaban cosas, pero por mas que él quiso probarlas, le dijo su mama que no, que eso no era rico. Y finalmente despues de enjuagarlos con agua del mar, cortó un pedacito y se lo dio para que comiera. Lo probó, masticó, saboreó y empezaron los maullidos medio ahogados y agudos del Gochilla goloso... le gustó tanto el pescado que pidió mas desesperadamente. Como siempre su mamá le dijo que esperara para ver si no le hacía mal, pero como lo vio tan desesperado y que le gustó tanto, cortó otro pedazo, un poco mas grande y se lo dio.
Ya pasada la primera impresion lo comió un poquito mas despacio, aunque no tanto, y lo saboreo y le gustó mucho, tanto que al terminar de comer quedó extasiado y agotado, y se fue directamente a su cama a dormir una siesta tardía. Fue un día lleno de cosas lindas, de sensaciones nuevas, y eso a los Gochillas les encanta, y también les da mucho sueño.
Para cuando se despertó de la siesta su mamá ya estaba lavando los platos de su cena, y se fueron a sentar afuera a mirar y escuchar el mar. Era una noche cálida, pero rara, el cielo estaba lleno de nubes oscuras, y el viento se sentía amenazador. Gochilla tenía una sensación extraña, se subió al regazo de su mamá para sentirse mas protegido, y una luz estalló en el cielo, salto y corriendo se escondió abajo de la silla justo en el instante que un ruido ensordecedor sonó, parecía ahi cerquita, su mama se agacho y le dijo que eso era un rayo, que venía una tormenta, que no tuviera miedo porque no pasaba nada, pero por as confianza que tenía en su mamá no pudo sacarse el susto por un buen rato. El viento era cada vez mas fuerte y se metieron a la casa, cerraron todo y lo aseguraron para que no se volara, otro rao mas iluminó el cielo, y como Gochilla ya sabía lo que venía despues, se tapó las orejas como pudo y se puso a resguardo abajo de un sillón bien grande que lo protegería de cualquier cosa. Mientras tanto su mamá le hablaba de forma tranquila, le decía que no tenía que tener miedo, que no pasaba nada, pero él se daba cuenta, por la vos de ella, que estaba un poco asustada, él le decía con los ojos y los maulliditos que viniera con él abajo del sillón, que ahi estarían segurs, pero ella insistía que estarían bien que no pasaba nada. El viento zumbaba afuera y se escuchaba el ruido del mar embrabecido, mas rayos cayeron hasta que finalmente empezó a caer agua del cielo, eso él lo conocía, era la lluvia, pero tan intensa como nunca. Una vez que empezó la lluvia, el viento y los rayos se alejaron, por lo que de a poquito, primero la nariz, y algunos bigotes, y asi despacio, Gochilla salió de abajo del sillon y se sentó frente a la venatana a mirar cómo llovía. Su mamá también estaba mas tranquila y así estuvieron los dos mirando la tormenta y conversando, hasta que se hizo la hora de dormir.
Gochilla dormía, y escuchaba el mar a lo lejos. Eso le gustaba, era algo nuevo, la noche anterior estaba tan cansado que no escuchó nada, pero como durmió una buena siesta estaba un poco desvelado y se quedó escuchando el mar. Definitivamente le gustaba mcho el mar.
Al otro día nuevamente se levantaron temprano y despues de desayunar se fueron a caminar por la playa. La mamá le dijo que estuviera atento porque podían cruzarse con perros, pero él no sabía bien qué eran los perros, nunca vio uno.
Caminaban por la playa jugando con las olas que iban y venían, el aire se sentía mas puro y limpio, como si la lluvia de la noche anterior lo hubiera lavado, y el sol estab radiante.
Empezaron a encontrar distintas cosas de los mas extrañas, que traían olores totalmente desconocidos, maderas, platos, botellas, resaca que eran montones de pedaciotos de cosas que no se sabían qué eran pero olían de formas tan variadas que era casi imposible dejar de olerlas. En eso estaban Gochilla y su mamá totalmente absortos cuando se escucha un grito extraño, como un buau, o algo así, y se escucha unos pies que vienen corriendo. Gochila se erizó todo y no alcanzó a darse vuelta para mirar que era cuando su mamá lo agarró y lo alzó por arriba de ella. Y esa bestia que seguía gritando queriendo saltar, pero su mamá le habló en un tono que le hubiera dado miedo al diablo, y la bestia se asustó, y se fue alejando. Su mamá seguía retando a la bestia hasta que se fue con la cola entre las piernas.
-¿Ves Gochilla? Eso es un perro. Ladran pero no muerden, por lo menos este.
Gochilla estaba tan alterado que no habñia forma de que se le asentara el pelo, su mamá lo bajo y lo abrazó, lo miró a los ojos y le preguntó si estaba bien, el como pudo sacó un ronroneo de Gochillamimozón, aunque todavía estaba asustado, y se apoyó en el hombro de su mamá. Fue un susto terrible, porque con esos dientes gigantes que tenía, el perro lo podría haber lastimado, o la podría haber lastimado a su mamá, pero por suerte ella no tuvo miedo y lo asustó.
De a poco se le fue tranquilizando el corazón y sus pelos volvieron a la normalidad, su mamá ledijo que caminara un poco, que no tuviera miedo, que si estuviera atento, pero que no tenía que tener miedo porque los perros, casi como los Gochillas se dan cuenta cuando alguien tiene miedo y se aprovechan de eso.
Siguieron caminando un rato por la playa. Su mamá siempre le decía que no tenía que tener miedo, porque el miedo lo paralizaba, que si, que era lógico que hubiera cosas que lo asustaran, pero esa era la reacción del momento, que una vez pasada la impresión inicial uno tenía que pensar cómo salir de la situación que le daba miedo, que nada era tan grave, y que lo que si era grave, lo mejor era solucionarlo. Eso le daba tranquilidad, ademas que sabía que mientras estuviera con ella, nada le iba a pasar.
Así fueron pasando los días, descansando en la playa, jugando con el mar, pescando, y dando largas caminatas, en las que Gochilla no dejaba un rincón sin explorar, llenándose de olores nuevos, y misteriosos, de cosas que imaginaba, porque nunca había visto, pero que llegaban a su mente desde lo más profundo. Esa es la cualidad que tienen los olores, y los Gochillas tienen memoria de todas las generaciones anteriores de Gochillas, que guardaron en su interior, el conocimiento de cosas extraordinarias, que son activadas en su memoria, por un olor.
A la noche, soñaba con lugares lejanos, de tiempos lejanos, y con cosas que le pasaban, le pasaron a un Gochilla en otro espacio tiempo, pero que el mar traía todavía consigo después de siglos, de deambular por las playas del mundo.
Y llegó el final de las vacaciones, y la vuelta a casa.
El Gochilla que volvió, ya no era el mismo, llevaba consigo, historias, aventuras vividas por él, y un universo de olores sensaciones que no podría olvidar. Se sentía un Gochilla maduro.
Y este, fue el segundo viaje de Gochilla.
Así se convirtió en un verdadero gato viajero.






23 de diciembre de 2018

Gayina Batman, una gallina dArk.

La primera vez, estaba muy conmocionada.
Por fin iba a poner un huevo.
La decepción de que se lo quitaran, hizo que por varios días no pusiera más.
Las demás gallinas le explicaron que el mundo era así; y que si quería seguir viva, tenía que ser útil… de otra manera, sería pollo al horno.
Trató de convencerse, de hacerse a la idea; pero era como un fuego en su interior que no le permitía aceptar esa vida.
No podía dejar sus huevos para que otro se los llevara…
no era justo.
Cuando vinieron a buscarla, casi tenía un plan.
No estaba segura de nada, por momentos sentía que estaba totalmente equivocada; que su mente le jugaba malas pasadas.
Pero no podia ir en contra de lo que sentía…
Si estaba equivocada; moriría en su ley.
La sacaron del ponedero. La llevaron y la metieron en una jaula con otras gallinas viejas.
Por suerte los barrotes dejaban salir el humo, porque la mayoría estaba fumando.
Veinte pares de ojos muertos la miraron, entre el humo que bamboleaba.
-¿Y a vos qué te pasó?
-No puedo poner huevos. No tolero que otros se los lleven.
Los ojos muertos casi expresaron algo… asombro, pero estaban muy gastados y apenas reflejaron burla.
Una de ellas largó una risa quebrada y se le acercó.
-¿Sabés que para eso vivimos?. -Y le tiró el humo en la cara. -¿No te lo explicaron?
-Sí. Pero no puedo. -Una lágrima se asomó, pero la enjugó. Como si el propio ojo la absorbiera. -No puedo. -Dijo con más firmeza. Y se plantó.
Murmullo general.
La gallina vieja que se le acercó, sintió un poco de nostalgia, contagiada por la firmeza, de algo que creía que hubiera querido sentir alguna vez.
-Pero ahora, vas a ser pollo al horno. Nosotras ya estamos viejas y vamos a ser puchero de gallina.
-No. Yo no soy pollo al horno. Yo soy Gayina Batman, y me voy a escapar. Y todas ustedes pueden escapar conmigo.
De nuevo el murmullo, pero con algo de vida. Había asombro genuino, esta vez.
Otra se adelantó.
-Nosotras no podemos escaparnos. ¿A dónde iríamos?
-A cualquier parte. No sé. Pero seguro que no, a una olla de puchero.
Se miraron entre ellas.
Ya no tenían nada que perder, salvo la vida, que de cualquier manera las estaba abandonando.
Discutieron un poco, pero en ese discutir descubrieron que les quedaba algo adentro.
Algo que se parecía al deseo de vivir. Eso animó el gallinero.
Pronto empezaron a discutir posibilidades.
Gayina Batman les explicó el plan, y les advirtió que algunas seguramente no sobrevivirían, pero que otras sí, y que honrarían la vida en nombre de todas.
Cuando volvió el hombre trayendo otra gallina, estaban preparadas.
Abierta la puerta, Gayina Batman salió y voló hasta la cara del hombre, lo picoteó y arañó con las patas, que se asustó tanto que salió corriendo dejando caer la gallina que traía y la puerta abierta.
Todas las gayinas se abalanzaron para salir.
Una vez libres corrieron, volaron, y como pudieron se escaparon. Incluida la última gallina que no entendía nada, pero siguió a las demás.
Para cuando el hombre volvió armado, no quedaba ninguna.
Con el tiempo un rumor se fue esparciendo. Primero entre los hombres, pero después, y eso fue lo mejor, entre las gallinas.
Una manada de gayinas que asaltaban gallineros y ponederos y liberaban a las gallinas.
El rumor fue creciendo hasta transformarse en leyenda.
Nunca se supo bien cuántos gallineros fueron liberados por Gayina Batman y su banda; y cuántos iniciaron la revolución por su cuenta, una vez que se enteraron de que escapar, era posible.

15 de agosto de 2018

“Apocalípsis de la hora 24”


"Los cementerios están llenos de buenas intenciones."



No fue un error por falta de planificación...
Es más, el plan salió perfecto... cada detalle... cada paso se completó tan bien... demasiado bien.
No nos dimos cuenta, la vida es muy yuta y ...
cuando algo está saliendo bien en vez de alegrarse hay que concentrarse más, para ver por dónde te va a cagar.
La planificación llevó tiempo porque aunque el plan era simple, la realización era muy compleja. Necesitábamos conocimientos técnicos que no teníamos y para eso había que encontrar las personas adecuadas, porque era imprescindible el secreto más absoluto.
Dadas las circunstancias, si algo se filtraba nos iban a acusar de terrorismo y nos iban a guardar for ever, si no nos suicidaban antes.
Estábamos en un punto en que la cosa estaba muy jodida y que al gobierno no le temblaba la mano para...
No sé, estoy escribiendo todo esto y... no hay quién lo vaya a leer... es la esperanza... allá muy lejos en el fondo del alma siempre queda un poco de esperanza de algo bueno... creo que por eso une sigue viviendo, pero es un engaño... debe ser alguno de los mecanismos de supervivencia que nos caracterizan...
Si esos mecanismos de mierda hubieran funcionado antes no estaríamos en los problemas que estamos ahora.
A ver si puedo ordenar un poco esto porque ya es un enriedo... el plan, si, el plan.
El plan surgió a raíz de muchas charlas idas y venidas, análisis, peleas... mejor explico quiénes somos, porque sino, no se entiende nada.
Somos... mejor dicho, eramos un grupo de... ¿rebeldes? ¿eramos la resistencia? Si, todo eso, y algunas cosas más... las etiquetas son para delimitar y nosotres... tontas nosotres, pensábamos que no teníamos límites.
El tema es que nos juntábamos a debatir sobre política y el estado de las cosas, todes de una manera u otra, de forma partidaria o independiente militábamos por lo que creíamos.
A medida que iba pasando el tiempo y que el gobierno se asentaba en su posición, las medidas que tomaban eran todas dirigidas hacia un solo objetivo; drenar el país.
Empezaron con despidos, endeudamiento, apertura de las importaciones, más despidos, prohibición de paritarias, intervención...
Pero antes de que llegara a este punto, todes sabíamos cómo venía la mano y cuáles iban a ser los pasos siguientes, y sabíamos también que sólo era cuestión de tiempo para que empezaran a matar gente, represión, al principio de forma encubierta, que parezca un accidente, pero siempre los accidentes eran en la misma dirección, y así a les que no le encontraran la vuelta para encarcelarles simplemente les iban a matar y... un robo... un intento de secuestro... un accidente de auto... suicidade de 5 tiros... y así...
Lo que no podíamos concebir era la complicidad de la sociedad... callada, dentro de su propio mundo, puteaban porque no les alcanzaba el mango... pero el odio... el odio... el odio hacia les negres, hacia les extranjeres, hacia les otres, cualquiera sea ese otre... la falta de conciencia de clase... que decir la falta, la absoluta ignorancia de lo que es la conciencia de clase...
¿Y cómo puede ser que no vean? ¿Por qué tanto odio? ¿Están ciegues?
Y ahí empezó el trabajo de campo... simple... 

¿cuál fue la primer medida que tomó el gobierno ni bien asumió? 
Aplastar la Ley de Medios...
¿Y por qué harían algo así?
Ese día nos tuvimos que fumar un discurso de ya ni sé cuánto tiempo de una compañera... socióloga, pero además tenía la particularidad de no mirar televisión... y casi ni escuchar radio... entonces estaba totalmente virgen de lo que era manipulación y anestesia mediática, por eso cada vez que veía algo o leía algo que pasó en la tele, le daba una dimensión distinta a la que incluso nosotres, seres esclarecides le dábamos.
Resumiendo: el aparato mediático se compone de elementos que entre sí se potencian, insertando el discurso a la mayor profundidad posible en la psiquis... una vez programado el inconsciente... solamente necesitás tirarle los estímulos... y podes lograr lo que quieras.
Manipulación de las masas.
¿Cuáles son esos elementos? Realitys, películas, series, programas de “entretenimiento”, cada uno cumple una función de adoctrinamiento, después la publicidad la que se encarga de amalgamar todo ese adoctrinamiento y formar el “sentido común”, con esa materia prima bien insertada llegan los “informativos” que son el estímulo de odio que completa la formación del ciudadano.
Con ese caldo nutriendo las conciencias, llegan las campañas electorales que gracias a la utilización de las redes sociales y las falsas encuestas moldean el odio y hacen que les ciudadanes voten en contra de sus propios interés creyendo que eligen libremente a los funcionarios que les van a destruir.
Esclarecido todo esto, el objetivo a cumplir, era más que claro. 

Teníamos que lograr cortar el cordón umbilical que alimentaba toda la maquinaria de odio.
Nos fijamos como objetivo volar, literalmente, las transmisiones de televisión por aire y por cable.
Empezamos a buscar toda la información técnica que necesitábamos para cortarle la cabeza la serpiente, para poder liberar las cabezas de nuestres compatriotes y de ser posible de les ciudadanes del mundo.
Logramos establecer contactos con grupos internacionales que tenían el mismo objetivo que nosotres, lo mismo estaba pasando en todo el mundo, por lo menos en el mundo occidental alimentado por la maquinaria de la tv por cable.
Toda la planificación nos llevó casi un año. Nada se dejó librado al azar y pusimos como fecha de la liberación el 31 de diciembre, a la hora 24.
Era una coreografía, en cada uno de los países donde teníamos un grupo afín, se apagaría la tele a esa hora.
País por país a medida que llegaban al final del año, se apagaban las transmisiones, estábamos todes tan emocionades porque nos comunicábamos con cada ciudad del mundo, y nos contaban los logros, y después que nos llegó el turno a nosotres, como unes idiotas empezamos a festejar el gran acontecimiento de liberar a las ciudadanas del mundo, del arma más peligrosa del capitalismo.
Y si, lo logramos.
El mundo se quedó sin televisión.
A medida que transcurrían las horas del nuevo año, empezaron a registrarse algunos incidentes, que no le dimos importancia porque el objetivo fue logrado.
Les ciudadanes del mundo eran libres de la televisión, estaban las conciencias liberadas, por fin el mundo iba a empezar a pensar por sí mismo y a ver que el otro no era un otro distinto, sino que eramos un nosotres mundial que nos necesitábamos y que teníamos que construir un lugar dónde podíamos convivir todes con nuestras diferencias pero siendo iguales.
Qué tontes que fuimos, sin querer, nosotres que queríamos salvar al mundo lo destruimos.
El primer mensaje llegó de Wellington, Nueva Zelanda, un mensaje entrecortado que parecía un pedido de auxilio. Después de Sidney, Australia.
Para cuando entendimos lo que estaba pasando, ya era tarde.. la mitad del mundo estaba siendo devorada por los zombis.
Si, nosotres, les salvadores sin siquiera un virus o bacteria, con el hecho de apagar la televisión del mundo, desatamos el apocalipsis zombi.
Al quedar sin el estímulo de la televisión las mentes de las personas sufrieron un impacto tal que la conciencia dejó de existir y todo el odio inoculado transformó a las personas en zombis hambrientos de cerebros y carne fresca y cual pandemia mundial contagiaban a quienes herían, ya sabemos cómo funciona un apocalipsis zombi.
Ahora, soy la última sobreviviente de mi grupo, estoy acá, escondida en un departamento, en el último piso, y puedo escuchar cómo están subiendo para alcanzarme... porque hay algo en la conciencia viva y libre, una vibración o algún tipo de frecuencia que atrae a los zombis y los enfurece más... y lo único que me queda es contar cómo fue... ya no queda tiempo para más...
Por eso hablaba de la estúpida esperanza...
Por suerte logré hacerme con un 38, que está cargado. A mi, no me van a agarrar viva.






1 de agosto de 2018

CUANDO LAS ARAÑAS...





Dedicada a Laura Va, y a sus telas de araña.
Cuando me dijiste el otro día que escribiera una para tus arañas, daba la casualidad, que días antes soñé esto, y lo escribí para armar un texto... que quedó así... esta hecho de la materia de los sueños, así que por eso es medio críptico y confuso...
Esas conexiones que hace el universo...







No recuerdo bien ahora.
Es que me desvanezco por momentos… me cuesta focalizar.
Vino a decirnos que se le escaparon unos ejemplares de araña, muy particular y muy peligrosa.
Pero ¿quién?
Tendría que acordarme de dónde estábamos.
¿Era un hotel?
¿O en casa?
No sé...
Es esta pesadez. Ya ni sé por qué es necesario que recuerde lo que pasó.


…


Y vuelvo a despertar.
Tengo que recordar.
Se le escaparon una arañas, le tengo terror a las arañas.
Me dio mucho miedo, y a mirar por todos lados, vengan a mi casa, así ven cómo son….
Y saben qué son...
Y conocen...
Y a mi casa seguro no vuelven… va a ser el lugar más seguro.
O, tengo lo necesario para protegernos...
Tampoco puedo acordarme bien cuál fue la excusa, pero ahí fuimos todos a la casa de “ello”.
Llegamos y…
¿Qué pasó?
¿Cuál fue el cuestionamiento que detonó todo?
Algo sobre...
Pero sí, tengo la imagen de cómo se le abría una pequeña grieta de luz, con forma de rayo en la sien izquierda, y crecía, deformando la cara y vomitando luz.
Y cuando vuelvo a ver, era una araña gigante, que se sacaba el disfraz de persona.
Y todo se transformaba alrededor…
Caímos en una trampa.
Y estábamos en el medio de su casa, de su tela.
Pegados. Sin poder movernos.
Y fue de a uno, inyectándonos un toquesito de veneno, para adormecernos.
Y nos empezó a envolver.
Ahora recuerdo, por eso me cuesta tanto concentrarme.
Igual creo que ya es tarde.
Esta vez no podremos escapar.





28 de julio de 2018

DANGER PELUSAS


Tenía que llegar rápido, y ponerme a limpiar.
No podía recibir a nadie en mi casa en las condiciones de mugre que sostenía hacía más de tres meses.
Abro la puerta, y una pelusa gigante intentaba comerse a mi gato, que se parapetaba debajo de la mesa sobre una silla, aprovechando que por ahí la pelusa no pasaba.
De una patada la mandé para el otro lado y rescaté al pobre Amadeus que me miró con reproche, ya estaba cansado de pelear contra las pelusas gigantes que en los últimos días, lograron movilizarse a voluntad, cosa que evidentemente les daba hambre, y vaya uno a saber por qué capricho de la naturaleza, o la contaminación ambiental, deseaban satisfacerlo comiéndose a Amadeus.
Ademas de por la visita, decidí ponerme a limpiar, porque seguramente si crecían un poco más, a quien iban a tratar de comerse era a mí… de carne somos.
Con la aspiradora limpié todo el pelusaje, casi parecía que gritaban, pero eran pelusas, así que era un grito sordo, más bien telepático.
Por eso les hablaba, les decía, mientras aspiraba que era porque tenía visitas que se calmen, que ya iban a salir de nuevo…
Después ordenar, limpiar el polvo acumulado, acomodar los libros desparramados, y papeles, por todos lados papeles, notas, recortes de diarios, facturas de servicio, anotaciones varias, folletos, flyers, y más libros y revistas, y diarios enteros. Y… tanto desorden…
Ropa sucia, ropa limpia, ropa que…
Zapatos, ojotas, chancletas.
Vasos, copas, ceniceros, botellas vacías, latas, pañuelos descartables, servilletas de papel.
Por suerte el departamento era chico, así que no llevaba mucho tiempo y hacía pensar ¿cómo se puede armar tanto kilombo en un lugar tan pequeño?
Las pelusas seguían protestando adentro de la aspiradora.
Quien venía de visita, ¿las podría escuchar?
No sé.
Timbre.
Por suerte estaba todo masomenos presentable.
Más limpieza sería mentir. Si la casa es un reflejo de la personalidad de quién la habita, que todo esté perfecto sería una gran mentira.
Y no tenía ganas de empezar una relación con una mentira.
Esta vez me mostraría tal cual soy, con defectos y virtudes, esperando lo mismo de la otra persona, y que sea lo que dior quiera.
Nos conocimos en una fiesta.
A la salida de una fiesta nos cruzamos, cuando llegaba yo me iba.
Pero hubo un chispazo incomprensible.
Y como teníamos ámbitos en común en las redes sociales empezamos a hablar, hasta que por fin se decidió el encuentro.
Y justo ahora estaba subiendo.
Qué nervios.
Desde aquel cruce no nos vimos en persona.
Abro la puerta, mientras baja del ascensor, se da vuelta y esa sonrisa que me mata… la intensidad de esos ojos…
Beso, entra, una copas, charla amena un poco de música.
En un momento dado me dice:
-Hay un ruido extraño, que no logro definir qué es, pero me da escalosfríos. ¿Tenés a alguien encerrado en algún lado?
-No, son las pelusas. -Manteniendo mi mejor cara de poker. -Hace un rato pasé la aspiradora y las pelusas siguen en la bolsa, no la vacié, y parece que no les gusta estar encerradas.
Si con esta confesión no se va a la mierda, puede ser amor.
No se va, dice ah, como si fuera lo mas normal, y seguimos con la charla.
Nos distraemos con la charla…
Le voy a sacar una pelusita imaginaria del hombro y sin pensarlo le acaricio la cara. Me salió, no pude atajar la mano.
Uy, perdón.
Está bien, no me molesta.
Y se me acerca, para un beso.
Y qué beso…
La ropa se soltó sola y escapó de nuestros cuerpos.
No sé cómo llegamos a la cama y todo fue piel, caricia, besos, lenguas, manos, y ya no sé cuál es mi piel y dónde empieza la tuya.
Los cigarrillos de después, fueron entre besos y charlas liviana, adormecida.
Y el sueño nos cae encima y no lleva en brazos hasta el infinito.
Y nos perdemos en el más allá onírico.
En el sueño siguen los besos y las manos jugando con los cuerpos ya sin limites definidos en una sola masa de placer.
Un latigazo de realidad, me trae del sueño, y no entiendo nada… ¿que pasó?
No está a mi lado, ¿acaso fue todo un sueño?
Y de nuevo ese grito ahogado que me despertó.
Está en el baño, me levanto y voy, en el camino la aspiradora destrozada como testigo de la fuga.
En el baño una pelusa gigante, la suma de todas las pelusas tiene a mi amor casi a medio tragar.
La aspiradora no existe más, necesito encontrar la forma de eliminar esa pelusa, y lo único que se me ocurre hacer es usar la palangana de agua que al mojarla la aplasta y contiene en una masa peluda pero sin forma y logro liberar a mi amor, que le cuesta respirar, tose un par de veces, y me mira con esos ojos que me matan, y asiente.
Le pido perdón, no sé cómo hacer, porque no quiero que me deje…
Y entiende todo, nos sacamos todos los restos de pelusa, con un baño rápido aunque bastante caliente, y nos secamos y mientras tomamos un whisky, para espantar la tensión y el miedo, me cuenta que alguna vez le pasó algo similar… y que de ahí aprendió a no dejar que las pelusas crezcan tanto, por más que el resto de su casa sea un desastre.
Perdió a un amor, porque no pudo soportar la presencia de las pelusas… pero ahora que lo piensa, es que desapareció… tal vez…
Pero no queremos pensar más en el pasado, la amenaza de las pelusas gigantes será controlada, y viviremos felices para siempre.

3 de julio de 2018

POSTALES DEL FIN DEL MUNDO

I


El último huevo.
El último huevo de la última gallina.
El último huevo de la última gallina, de la última granja.
El último huevo, la última comida, de la última persona que queda sobre la tierra.
¿Frito? ¿Hervido? ¿Revuelto? ¿Poché?
Es la última cena, literal, porque no queda ningún otro alimento en el mundo.
Hervido se puede partir en dos, y comer otra parte mañana. 
Eso sólo alarga la agonía.
Morir un día más….
No tiene sentido.
Última cena.
Frito.
No hay pan, pero sí, unas gotas de aceite… y los últimos polvitos de ese pimentón.
Sal, por suerte no falta.
Es casi un banquete.
Cada paso tiene que ser dado con total seguridad para cocinar el mejor huevo frito de la historia de la humanidad… el último.
Dejar que se caliente el aceite.
Con cuidado pegarle con un cuchillo, para cascarlo sin que se destroce.
Abrir las mitades y dejar caer…
Está podrido.
Adentro un pollito a medio formar.
Es imposible comer eso, es puro sangre podrida, restos de tejido, y yema.
¿Y ahora?
El último banquete le fue arrebatado.
Se sienta, ya sin ganas siquiera de deprimirse.
Ahora empezará la agonía del hambre.
Pero…
Si hay pollito, tiene que haber un gallo.
Si hay un gallo, entonces…
Salió a buscarlo.
Todavía estaban las huellas de la gallina en la tierra, desde que no había más viento, todo permanecía igual.
Recorrió, tratando de diferenciar huellas distintas.
Casi corriendo de un lado a otro, cuidando de no pisar las huellas, y enloqueciendo de ansiedad. Giró, corrió, volvió a girar, tropezó y cayó.
Y miró el cielo de un hermoso color verde, agitada la respiración, desesperando, lágrimas de impotencia,
otra vez…
sólo le quedaban dos.
Respiró, hasta recobrar el aliento.
Y se levantó, sacudió su ropa.
Volvió a la casa.
Tendría que poner trampas, para cazar al gallo.
Y volver a tener compañía.
Se hacía muy difícil el fin del mundo, en soledad.


II

La última gallina.
La última gallina, de la última granja que queda sobre la tierra.
La última gallina con vida, de la última granja; que pone los últimos huevos.
No es muy vieja, sigue poniendo día a día un huevo, y con eso está asegurada la alimentación, de la última persona que queda con vida, sobre la tierra.
Y de paso se hacen compañía.
La gallina desarrolló su carácter. O al menos eso parece.
Puede ser también, que al ser el único ser vivo que acompaña a la última persona viva sobre la tierra, esta persona se ha tomado el tiempo de mirarla y conocerla.
O puede ser que la gallina, al ser libre, también se ha tomado el permiso de desarrollar una personalidad.
No le gusta el maíz. Mejor porque ya no existe.
Le gusta andar escarbando por ahí, y sacando gusanitos y otros insectos de las raíces de las plantas.
Ella sola los vé… pero deben existir porque se alimenta de eso.
Y le gusta caminar, esto es bueno porque así desarrolla sus piernas, llegado el momento…
El temor es que se pierda, y que no vuelva.
Por eso es mejor vigilarla. No es cuestión tampoco de perseguirla, porque es muy independiente, y no le gusta para nada que la controlen tanto.
A veces pareciera que está probando si la persiguen, porque como los espías, hace que camina para un lado distraída, y de repente se da la vuelta porque justo a su espalda está ese bichito que estaba persiguiendo. Y mira, sobre los pastos. Es sólo un segundo porque al siguiente está saboreando su presa, que estaba justo ahí.
Por eso fue necesario hacer una cerca.
La única manera que pueda caminar casi libre, o por lo menos sin que la estuvieran vigilando.
Mucho no le gustó. Por varios días llegaba a la cerca, y quería salir, ir más allá. Porque en ese lugar, del otro lado de la cerca estaban los gusanitos más sabroso.
Pero como todo, con el tiempo se acostumbró.
Después de todo tenía suficiente terreno para caminar, y el esfuerzo de querer traspasar la cerca era cansador. Además de inútil.
Eso fue como perder una batalla, y un poco se deprimió.
Pero claro, también fue el paso del tiempo que la hizo no tener tantas ganas de ir más allá.
Primero, se quedaba antes de llegar a la cerca.
Hasta que un día, dejó de caminar tanto.
Y otro día sólo salía a comer y volvía.
Al verla así, dejó un lado de la cerca abierta, para ver si se animaba un poco. Si volvía a salir.
Pero ya no le interesaba el horizonte. Se conformaba.
Y ya no fue necesario cerrar el perímetro… igual no se iba.
Así unos días, hasta que casi no se movía, y fue necesario llevarle algunos bichitos que tampoco quería comer. Toda clase de intentos se sucedían, para que comiera algo o que tomara agua; pero se resistía la muy cabeza dura.
Y se me va a morir… no puedo hacer nada, se me va a morir.
Como aquella vez, y la sensación al endurecerse para aceptar una realidad, conocida; lo que duele, y que hay que bancársela. Como que aceptó que no podía hacer nada.
Y de a poco se apagó.
El último día que vivió, dejó dos huevos.
Como si hubiera sabido que la última persona con vida sobre la tierra necesitaba de sus huevos para alimentarse, para poder seguir viviendo.
Su cuerpo estaba un poco encogido por la edad, pero igual sirvió de alimento durante casi seis días.
Más los huevos guardados, eran nueve días más con qué alimentarse.
Cuando comió el último pedacito, de la última gallina que quedaba en el mundo, la última persona viva sobre el planeta, lloró de soledad.


III


La última granja que quedaba sobre la tierra.
La última granja que quedaba sobre la tierra, albergaba a la última persona que habitaba el planeta y la última gallina, que daba los huevos para brindar el alimento necesario para sobrevivir al fin del mundo.

Era una granja con todo lo necesario para ser funcional, cómoda, y con detalles de lujo campestre.
Quedaba en un valle, que terminaba en el mar; antes se podía plantar cualquier cosa, crecía fuerte. Pero desde que todo ocurrió, y como en toda la superficie del planeta, lo que se plantaba, difícil que brotara, y si brotaba producía plantas raquíticas, con dudosas propiedades.

Era un conflicto, ya que la función de una granja tiene que ver justamente con agricultura hogareña, y animales… pero ya no.
Había un clima de cuestionamiento existencial; porque, ¿qué era una granja que no podía producir alimentos?
Perplejidad… y crisis existencial.

Por suerte era una granja con carácter…
Una vez que se quedó sin habitantes y que la tierra murió, después de un primer momento de crisis; decidió que era una granja para sobrevivientes.

Porque seguro que algún sobreviviente había.

Siempre pasa, ¿qué sentido tiene un fin del mundo, sin ese sólo sobreviviente que tiene que contar los grandes errores de la humanidad para ver si logra crear conciencia de que nos estamos aniquilando entre nosotros; que eso no tiene sentido porque lo que deberíamos hacer es unirnos y luchar contra el enemigo común que es uno solo y se llama… oligarquía, poderosos, poder económico, grandes empresarios, extraterrestres, simios del futuro, pájaros, trífidos… el que sea… siempre hay un enemigo… ah!! zombies, casi me olvido de los zombies!

Así fue como la granja se preparó para recibir a los sobrevivientes.

No te voy a mentir, que hubo días que me desesperaba y perdía toda esperanza y me creía que no iba a venir nadie. Si, claro que sí… una tiene sus complejidades, no te creas que por ser una granja ya está, todo bien… no, yo me cuestiono la existencia también, y tantas otras cosas.
Pero un día pensé que era la primera vez que iba a ser, exactamente lo que quería ser…
No es que siempre soñé con que quería ser refugio para sobrevivientes… al contrario; hasta que no pasó esto, no sabía qué quería ser.
Y eso que lo pensaba.
Porque está bien que yo siempre fui granja, no por decisión, porque me construyeron así.
Pero pensaba ¿qué quisiera ser, si yo pudiera elegir qué ser?…
Y no me lo podía responder.
Con las tareas cotidianas y el esmerarme por ser una buena granja, me olvidaba de eso, pero cada tanto, cuando tenía un momento salía la pregunta. ¿Y vos qué querés ser?
Tenía que pasar un desastre grado extinción, para darme cuenta que, quería ser refugio para sobrevivientes.

Esperó pacientemente, hasta que primero una vibración, ruido de… grande, era un vehículo grande.
Y llegó la última persona viva sobre la tierra con todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo, y se instaló en la última granja.

Esta sería una oportunidad de cerrar con un “y vivieron felices para siempre...”; pero eso no pasa.
“Siempre”, no sucede… 

Los primeros días la alegría de la granja era notable, es esa etapa del sueño cumplido.
Lo que renueva esperanzas.

Pero fueron pasando los días, y medio que se empezó a habituar a la presencia. Quería volver a sentir la excitación de esa primer vibración que anticipaba la llegada de alguien más.
Porque su sueño era ser refugio para “sobrevivientes”, en plural… y solamente albergaba a una persona, que además parecía bastante complacida en su soledad, y eso no era lo que la granja quería.
Si atravesó un evento de extinción, lo sobrevivió y se dio cuenta de lo que quería para su vida; una sola persona ermitaña, no iba a hacer que la granja desistiera de su sueño.

Necesitaba que llegaran más sobrevivientes.

Sino, ¿qué sentido tenía? Iba a ser un monólogo del único sobreviviente… no, de ninguna manera lo podía permitir.

Para que el fin del mundo fuera interesante se necesitaban más sobrevivientes, para que haya conflictos, para que expongan distintas miradas del mundo, o para que se enamoren… el fin del mundo sin amor, no valía la pena.

Pero como solía ocurrir antes del fin del mundo, y evidentemente fue una de las pocas cosas que no cambiaron; uno desea algo, y si se cumple una parte, nunca es completa, y, pasado un tiempo, pierde el estado de deseo casi cumplido, para convertirse en frustración.



IV


La última persona que habitaba el planeta, llegó por fín a la última granja sobre la faz de la tierra, con la última gallina, y todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo.

Pudo llegar hasta esa granja en particular, porque se enteró de su existencia en la red.
Jugaba a buscar cuál sería la casa de sus sueños. Buscaba por distintas localidades, hasta que encontraba alguna que por razones del momento, era la elegida.
Esa tenía todo lo necesario para ser perfecta.

Estaba cerca del mar.
Caminando pocos minutos hacia allá, estaba la playa; una costa interminable, y el mar.
Dentro del mismo terreno había una fuente de agua dulce, napas de agua que afloraban en una laguna, de casi una manzana… y que se vaciaba por alguna otra napa, porque había corriente, que no estaba manejada por el mar…

La tierra, era fértil en ese valle; antes de que todo muriera, claro está.

La casa en sí, tenía todas las comodidades: luz eléctrica, instalación de agua caliente, calefacción; todo muy bien pensado. Utilizaba energía solar y un molino de viento. Había abundante leña, gracias a un bosque cercano que también era parte de la propiedad, y que ayudaba a ocultar la casa para que no se viera desde la ruta.
La casa soñada. Y por fin la tenía, podía vivir en ella. 

Y todos esos temas que durante tanto tiempo fueron su preocupación habían desaparecido… junto con el resto de la humanidad, claro.

Ahora, la preocupación pasaba por cosas tan básicas como qué comer, y cómo obtenerlo.
Cuando llegó con todo lo necesario para sobrevivir el fin del mundo, no se imaginaba que el problema más grande no sería la comida.

Siempre se imaginó que lo mejor que le podía pasar era ser la última persona viva en 25 km a la redonda, no tener que ver a nadie, y poder vivir en estrecho contacto con la naturaleza.
Era una de esas veces en que, cuando se te cumple el deseo, te das cuenta que no, que así no era.
Porque como siempre, la puta vida, que le encanta jugarte malas pasadas, te cumple el deseo, y estás en la soledad en contacto con la naturaleza, pero te quita la opción de poder acercarte a la ciudad en el momento que te pinte ganas de socializar; entonces te cumple el deseo pero te manda también el fin del mundo, como si te dijera: ¿querés soledad? Bueno, acá está, para que tengas.

Y, son ese tipo de cosas que no tienen vuelta atrás. No se vuelve del fin del mundo. Lo único que podes esperar es perecer, más tarde o más temprano, y en la mayor de las soledades.

Como le pasó a la granja, los primeros días eran de acomodar todo, y acomodarse. 

Repartir las tareas a lo largo del día, una cena, y descansar. Repartir víveres, planificar salidas… todo lo que es la logística, cuando una sola persona se tiene que encargar de todo, y con recursos limitados; y lo que no hay, hay que inventarlo o fabricarlo o reemplazarlo. Y eso lleva tiempo y planificación y pensar.
Hasta que todo está masomenos acomodado… y ahí empieza el tiempo aterrador en el que el pensamiento te lleva a otros caminos que no son los que la realidad te permite.

El deseo… el desear cosas, momentos, sabores, que son imposibles de alcanzar. 

Ya no hay, ya no existen, ya se murieron todos y todas.

Entonces la gallina.

La que pasa a ser, además de la proveedora de tu ración diaria de alimento, tu única amiga.

Por eso, los 9 días posteriores a su muerte fueron los peores.
No por la certeza del hambre venidero.
Por la soledad.

Y cuando ya te acomodas a la idea de la muerte y la soledad, la esperanza de un posible gallo, te hace renacer.

Días, de aquí para allá creando posibles trampas que no lo dañen, pero que lo atrapen.

Días en los que ya no hay comida, y el cuerpo se va apagando de a poco.

Hasta quedar ahí, sin poder levantarse. Un entresueño que mezcla realidad y un mundo onírico apenas diferente… 

En los últimos momentos, cuando ya no podes salir de dentro de tu cabeza, escuchas coco
ro co co… pero no sabés si es real, y tampoco tenés fuerzas para intentar nada.

Y así, la última persona viva sobre la tierra, se apaga...