Definición:

Definición:

El cuento fantástico es aquel que,
por la suma de elementos reales y de elementos extraños e inexplicables,
hace vacilar entre una explicación natural o una sobrenatural

y deja al lector sumido en la incertidumbre.

27 de junio de 2021

Un pie para no caer...

 

La luz de la luna era lo único que apenas disipaba, algunas sombras.

Las nubes, cómplices de la oscuridad se amontonaban en movimiento, amenazantes, con las entrañas llenas de agua a punto de ceder.

Se olía la muerte.

El camino fangoso debía luchar con los pinos para dejarse ver, estaba perdiendo.

Y yo seguía caminando.

No era la esperanza lo que me movía, es que tenía las piernas puestas, y un pie adelante de otro para no caer…

Llegué a un lago.

El primer paso adentro me dio frío… pero para no caer, un pie adelante de otro, hasta las rodillas y después…

El frío de la primer bocanada de agua, me hizo sentir mi adentro tibio.

Uno delante de otro…

la superficie se veía cada vez más alta, acariciada por algunos rayos de luna que las nubes dejaban filtrar.

Como en el camino, la oscuridad, pero ya sin camino.

Delante del otro…

Respirar el agua no era tan diferente, la realidad de la metáfora de cómo era mi vida…

Y el continuo de la nada.

Peces, plantas, vida, pero lejos… siempre lejos.

¿Así se sentirá La Parca de tan sola?

Un pie delante de otro…







Y tu ausencia...

… el dolor,

es lo único que me queda del nosotros que fuimos

y si dejo de sentirlo…

¿Ves como pasó?

Un momento de relax,

y en el pecho,

en la parte de los bronquios

la sensación caliente de rojoanaranjado

que quiere desbordar la garganta y

los ojos empiezan a inundarse,

y ni siquiera sabía por qué…

¿entendés?

Tuve que pensar un rato hasta que me acordé que era por vos…

Y al darme cuenta

me zambullo en dolor y espanto por el olvido…

dejás de existir,

si yo te olvido…

y ahí lloro…

lloro con lágrimas

y con dolor infinito

me arrugo en mi

y quiero desaparecer…

por suerte

con esfuerzo

se enfría hasta hacerse soportable…

Respirar, ventilar...

Que el viento se lleve los tules

Y ahí en el fondo

queda la soledad…

la infinita soledad que

apaciguaste

tantos años…

Ya sin vos, puedo mirar al rededor

y no hay nadie.

Tengo que agradecerte eso…

acompañarme.

Esta soledad que

estuvo guardada tantos años

necesita estirar las piernas,

ver la luz y explayarse.

Después de todo

ganó de nuevo.

Lo intento pero…

ella siempre va a estar ahí,

y yo lo sé.

De ella nunca me olvidé.

Eran sólo

recreos

lo nuestro un intermedio

salida del páramo por un rato.

Y volver la soledad que por olvidada

está más afilada y corta feo…

y no atino a cómo caminar…

pero son zapatos viejos,

que al poco de volver a calzarlos

me acomodan a lo que era,

y todo vuelve a mi.

Y ahora no me acuerdo cómo se hacía para vivir en esta desolación…

¿Será por eso que nada me despierta interés?

Por eso nada me emociona

y no puedo disfrutar…

porque estoy incompleta,

porque todavía no puedo…

Todo eso es lo que estaba debajo de esa tapa que se movía

la sensación siempre,

a pesar del aparente olvido…

Disfrazada de desesperanza,

estaba la soledad de vos

y la de saber,

que ahora es para siempre…


12 de junio de 2021

Todos mis libros, para todes...

Y para más comodidad de les amigues lectores, acá están, en orden cronológico decreciente, todos mis libros...
Si, tres... 
¿Y el cuarto? 
Seguramente se estarán preguntando... el cuarto es el mejor y todavía se está gestando...


#TVaM, muejeje...  
 

 
Sexo cuántico sobre París

https://drive.google.com/open?id=0Bwl0mJ2nZriLVHd5YVFXWERyekE  
 
 
Sapos reales en jardines imaginarios
https://drive.google.com/open?id=0Bwl0mJ2nZriLMlFYSEp2U0lGc0E

10 de mayo de 2021

Liberamos el tercero...

Dados los tiempos y que siempre creí que hay que socializar, voy a liberar mi tercer libro.

A partir de ahora, lo pueden bajar en forma gratuita.

Acá te dejo el link para bajar el libro  

 












31 de marzo de 2021

Las carpas de Parque Centenario

 

Ahora si, no tengo más nada para comer.

Nada.

Cuando las reservas mermaban, pensé en robustecerlas un poco con pescado.

Pero no me animé.

Era muy peligroso.

Sigue siendo muy peligroso, pero la alternativa es morir de inanición.

Cuando todavía se podía salir a caminar, llegué hasta Parque Centenario, hasta el lago, y quedé impactada por las carpas…

así de grandes, así de gordas… un hilo de baba corrió por la comisura de mis labios cuando las veía encerradas entre dos rejillas, adobadas, sobre las brasas…

El ruido de niños, me volvió a la realidad, aún estaban vivos… un vigilante del otro lado del lago ponía su atención en mi, por lo que puse cara de confundida, y seguí caminando, primero despacio para que no se notara, y dando la vuelta, y mirando a lo lejos… podía ser loca, era lo más seguro.

La idea quedó pinchada en mi mente desde ese día.

La carpas de Parque Centenario a la parrilla…

El hambre tiene esa cualidad de alimentarte la audacia, y en este momento ya no me importa arriesgar la vida.

Es más, si me matan, me harían un favor…

Ya es la hora.

Faltan unas cuantas horas para que salga el sol.

Camino las cuadras que me separan del parque, lo más rápido que puedo.

Que en la ciudad ya no haya luces, ayuda.

Mis sentidos están amplificados, espero un rato y no percibo nada.

Sigo hasta el otro árbol. Me pego a el.

Y escucho, miro… nada.

La parte difícil es trepar la reja.

Me cuesta, pero logro pasar al otro lado.

Desciendo y me tiro detrás del primer arbusto.

Escucho, miro…

Sigo.

Cuando llego al lago, me doy cuenta que si me acerco a la orilla quedo expuesta.

Miro en derredor a ver qué parte de la costa tiene el arbusto más cercano.

Voy.

Antes de lanzar la linea, espero, escucho, miro…

Linea al agua.

A esperar.

Me trae recuerdos pescar con linea.

De cuando era chica, y pescábamos en la casa de la abuela; había río, y peces…

Si hubiera forma de salir de la ciudad me iría hasta allá, son 1200 kilómetros, pero valdría la pena.

Esos territorios no pueden estar controlados, nunca lo estuvieron. Son demasiado salvajes para que alguien se interese, menos ahora con todo este caos.

El abuelo tenía razón…

Siento un tirón…

un poco de sedal se escurre de mi mano, lo dejo ir… esperar unos instantes, y ahí si, tres tirones.

Se enganchó, voy juntando la linea, cuando se acerca a la orilla en lo más playo se puede ver el plateado del cuerpo, y me hace acordar a un cuento de Carver, por la luna que se refleja… el problema es que hace ruido con el agua.

Junto la linea, ya está en tierra, es un golpe sordo contra el piso de adoquines, o como planchazos depende con qué parte de su cuerpo golpea el piso.

Junto la linea más rápido, hasta tenerla en mis manos.

Con un cuchillo le corto la cabeza de una, para que no haga más escándalo, y pobrecita, me da lástima… puedo recordar todavía la época que, el solo hecho de pensar en matar algo me partía el alma… el ser humano se acostumbra a todo.

¿Una sola?

Podría llevar dos, así tengo para un par de días, total el freezer todavía funciona.

La duda…

No sé si arriesgarme a quedarme más tiempo o arriesgarme a volver a intentarlo otro día…

Ya estoy acá…

Encarno, revoleo, plop…

Esperar…

El agua siempre me tranquilizó.

El acto de pescar, te quedás mirando la plomada, o la linea, y en segundo plano el movimiento del agua… hace bien al espíritu… el mundo puede estar patas arriba, pero hay cosas que no cambian… más recuerdos de los buenos tiempos quieren abrirse paso, pero no los dejo… las lágrimas que dejan, me nublan la vista, y la congoja me tapa los oídos… y no puedo, si quiero salir viva.

Otra vez el tirón, y de nuevo, dejar llevar, y los tres tirones, se engancha, y juntar la linea…

Las cabezas me las llevo, ninguna huella de mi paso puede quedar, si quiero poder volver.

Junto todo, limpio, escucho, miro.

La vuelta es un poco más rápida. La reja se dejó fácil, nadie en ningún lado.

Todo silencio.

25 de febrero de 2021

El cosito del cierre.

Texto dedicado a: Martin Lovati, Teresa de la Iglesia, Nidia Fontan, Demian Rafael Gonzalez, Susana Westman, Marce Paez, Graciela Gachi Holfeltz, Luciano Lulo Esain, Pao Pontiac, Iris Fernández. Muchas gracias por la ayuda para encontrar la respuesta.

 

Primero fue un brillito que parecía emerger en la frente, donde dicen que se ubica el tercer ojo… podía vérmelo desde adentro, o más que verlo, lo presentía.

La tensión de la piel a medida que brotaba, daba una sensación rara, no fea; solamente rara, porque no dolía.

Por fin se abrió el tejido y el dorado se mostró por completo; hizo un ruidito como sopapa, cuando se terminó de romper la piel que lo cubría y quedó el cosito, bamboleándose un poquito.

Con dos dedos, lo tome y deslicé hacia abajo, abriendo el cierre de a poco pasando por el medio de mis ojos, la nariz, la boca, el cuello, el pecho, hasta el ombligo, para abrir la carne lo suficiente para poder sacarme el cuerpo, y los años, y esta vida que me tocó en suerte, como si fuera un tapado viejo.

Abrí por la cara y liberé la cabeza, lo deslicé por mis hombros y mis brazos, saqué mis manos, y lo destrabé de mi cintura y lo fui bajando. Saqué primero un pie, después el otro, y por fin con una mano lo revoleé y lo tiré.

Se estampó contra una pared y cayó al suelo despatarrado…

La yo carne de tiempo y esta vida, quedé ahí tirada, sin vida ni pena, como una muñeca muerta.

Y la yo espíritu libre y despojada de la oscuridad por fin, pude irme a navegar la inmensidad de los océanos del universo.

Un bocinazo me hizo frenar el paso, y la puteada del conductor me trajo de nuevo a la realidad…

Esperé el semáforo y crucé, seguí mi camino pensando… ¿cómo se llama el cosito del cierre?




3 de septiembre de 2020

#TVaM muejeje...

 

 

Llego el día, hacemos la publicación digital de

#TvaM muejeje…

Prólogo

Todos los textos apocalípticos o de fin del mundo o de epidemias y demases temáticas fueron escritos mucho antes de la pandemia.

Ahora, en este momento en que rejunté los textos y escribí dos o tres, estamos atravesando la cuarentena.

Vamos por la semana… creo que tres, así que todavía queda, no sé cuánto tiempo, seguramente para cuando lean esto sabrán… o no.

Todo el mundo se metió en uno de mis textos, o uno de mis textos pasó a ser el argumento del mundo, no sé… pero todo está muy raro, quienes ya conocen mis libros saben de qué hablo… y yo lo siento mucho, y juro que no tengo nada que ver con esto que está pasando.

Pero volviendo al libro está compuesto por relatos, algunos microrelatos, y algo que podría parecer poesía… pero no llega porque le falta un poco de belleza.

Pasen lean y disfruten, o puteen lo que les salga.

Haciendo click en la imagen, pueden acceder a MP, y te llevás esta joyita en formato digital.

Si depués querés un ejemplar en papel, con el comprobante del aporte te hacemos un descuento.

Cualquier inconveniente, por favor comunicarse a milenegra35@gmail.com y te resolvemos el problema al toque;

… me refiero a problemas para pagar o para obtener el libro, los demás problemas de la vida, no puedo solucionarlos, aunque si pudiera, lo haría. :)

Espero que lo disfruten. 







29 de agosto de 2020

Y se va el tercero

Yo sé que están todes espectantes esperando cuáles son las novedades, así que no les voy a hacer esperar más.
Sale el tercero!!
Si, nuevo libro...
Nuevamente es autoedición, autoimpresión, autoarmado, y autobombo...
La semana que viene empiezo la impresión y distribución.
Así que vayan juntando unos morlacos...
Les presento la nueva tapa...



16 de junio de 2020

Dimensión QK...

Y ¿vos bichito? ¿de dónde saliste?

No te digo yo, estas qks atraviesan portales interdimensionales, a mi no me joden.

Sí, es así.

Yo estoy laburando tranquila, y de repente muevo la mano para allá y de abajo sale una qk, que aparece de la nada, y caminando como si viniera de lejos. Porque no es que estaba parada y arranca, no, viene caminando, y aparece así, en movimiento…

Ya sé que van a pensar que enloquecí por la cuarentena, pero no… a mi me gusta estar en mi casa, no tener que salir, y la cuarentena me dio la excusa que necesitaba.

¡Viste! Ahí se apareció una, la voy a pisar, porque si la dejo salen mil y después…

¡Apa!

¿Qué pasó?

Mierda, sentí como si me hubiera dado una patada de electricidad… maldita qk… ¿a dónde está?

¿Ves lo que te digo? Ahora desapareció…

Y me voy al lavadero, escucho que el lavarropa terminó el ciclo, y voy a colgar todo, antes de que se arrugue.

Me asomo por la ventana porque escucho ruidos en la calle, que con esto de la cuarentena está más que silenciosa.

Y lo que veo me deja perpleja…

La calle está como siempre, pero veo que está lleno de autos circulando, y coches tirados por camellos alados…

Juro que no estoy drogada… pero esto no puede ser real.

Listo, ya está, colapsé por el encierro y no me di cuenta, ahora estoy alucinando…

¿O será algo que tomé?

Alguien se olvidó una pepa, en algún lado y me la puse sin querer…

Ves… si con una pepa puede pasar algo así, que son bichitos visibles, imaginate con un virus que no se ve.

Por eso el tema de los contagios.

Imaginate una situación de contagios, pero en vez de ser un virus lo que se transmite, fueran pepas… interesante esa ciudad.

Pero ahora veo camellos alados que están tirando de carros… no puede ser.

Mejor me voy a ver en la tele si dicen algo…

Ok, ahora si que estamos jodides.

En la tele están discutiendo, mejor dicho argumentando sobre… no, esto si que… pero el zócalo dice “El aumento del 50% a las becas culturales, ¿es suficiente?”

Los camellos alados son más creíbles…

Pero cambio de canal, y me encuentro “Canal filosofía: Hoy materialismo vs. Idealismo.”

Ok, esto no puede ser, voy a ver en internet.

No… no voy a mirar nada en internet.

Voy a salir a la calle…

Creo que ya entiendo lo que está pasando…

Y si, salgo a la calle…

La gente camina tranquila, sin barbijo, se saludan cuando se cruzan.

Ademas de algunos autos y los camellos alados, hay unos vehículos como bicicletas, pero que caminan solas… si, caminan porque tienen piernas… dos piernas adelante y dos atrás, y caminan.

Me doy unas vueltas, y escucho pedazos de conversaciones, hago algunas preguntas lo suficientemente ambiguas para que no se den cuenta de que no entiendo nada, y sigo caminando, me siento en una mesa de bar afuera, y me traen una cerveza, porque si… porque parece que es lo que se usa. Me preguntan si quiero comer algo, y deja la carta. Miro un rato el movimiento y noto que nadie paga nada, se levantan y se van.

Cuando viene el mozo, me hago la extranjera y le pregunto como se paga, y me dice que no, que no se paga porque está todo incluido en el presupuesto, que sabe de algunos países que aún están en la etapa semisalvaje de utilizar dinero, pero que acá no.

Entonces pido comida, pido más cerve, y como, como, como… y bebo.

Es que con esto de la cuarentena, yo no tenía un mango y me quedaba encerrada en casa… no tenía ni para comer, y veía a cientos de chetos pelotudos, por la tele violando la cuarentena.

Pero acá parece que no hay pandemia…

Después de comer y beber, me levante, saludé, y me fui caminando… entré a un supermercado, y por las dudas observé, pero no, evidentemente nadie pagaba, cada uno se llevaba lo que necesitaba… así que me busqué un vino rico, algo para picotear más tarde, y algo dulce, y lo puse todo en una de las bolsas que estaban a disposición, y me encaminé de vuelta para mi casa.

Acomodé todo.

Y empecé a recorrer mi casa mirando los detalles.

Ya me di cuenta, que por pisar a la qk, me traspasé a otra dimensión… así que quiero conocer todo lo que pueda de acá, para…

Pero si hay una casa mía, un mis cosas… entonces la yo que vive acá ¿dónde está?

Pobre piba si fue a parar a mi realidad… la va a pasar para el orto…

Mi casa es casi… igual.

Son detalles los que la hacen diferente.

Miro mails, y papeles, y descubro que acá soy escritora…

Tengo tres libros publicados.

Y parece que andan bien, que gustan.

Todo se está poniendo demasiado bueno para ser real, empiezo a dudar si pasé a otra dimensión, o si estoy muerta… o drogada… eso es lo más seguro. Voy a tener que averiguar qué me endrogó, para poder conseguir más.

Y suena el teléfono… si, suena igual que allá.

¿Y este bombón quien es?

No te puedo creer que acá está…

Hola mi amor, me dice, que cómo estoy… me pregunta si me siento bien porque me escucha rara… que por qué no me dejo ver… y me doy cuenta que es una videollamada, me hago la tonta, y miro el teléfono… ¡Mirá quién es! No te puedo creer que en esta realidad se enteró de que existo… y encima me dice mi amor… naaa… estoy muerta… o dame más drogas…

Si, seguro que quiero verte… dale, vení…

Mirá dior, si esto es un sueño, no seas tan conchudo de despertarme ahora, porque se pudre.

Me baño,

me visto bonita.

Preparo algo para picar…

la bebida fría…

Yo no.

Tocan a la puerta y llega él…

tan lindo como siempre…

un beso…

qué beso…

Pasá, traje algo, que bueno, otro beso…

¿Estás bien? Te escuché rara por teléfono…

Si estoy bien…

A ver dame que esto lo ponemos acá…

Y cayó una qkita del paquete, y automáticamente la pisé…

…

Y acá estoy… de nuevo… tomándome sola, una birrita, encerrada, porque la cuarentena sigue por otras tres semanas.

Y vos, dior… agradecé que no creo en vos… conchudo.


7 de noviembre de 2019

Como te ven, te tratan.

 


   El virus perfecto.
Pensando como virus, claro.
Porque ¿cuál es la función de un virus?
Expandirse, crecer y multiplicarse, habitar todos los cuerpos posibles.
Y para eso, ¿qué necesita un virus?
No ser detectado, y además… capacidad de saltar a otros, capacidad de contagio.
Este virus, una vez que llegaba a una persona, se acomodaba durante veinticuatro horas.
Pasado un día, ya tenía todo instalado para empezar a contagiar. Si esa persona tosía, o respiraba un poco fuerte sobre alguien, le contagiaba. Y claro, tapándose la boca para toser, el virus se pasaba a la mano, y de su mano… al infinito y más allá.
Y era un virus muy fuerte.
En cualquier superficie, podía vivir hasta setenta y dos horas.
Y, para ser totalmente eficaz, los síntomas se presentaban, recién después de cuarenta y cinco días.
Si, durante cuarenta y cuatro días, la persona infectada iba de aquí para allá dejando huellas, que eran adquiridas por otras personas, que a su vez al día siguiente empezaban a contagiar a otres, y así.
Imaginate.
¿Te lo podes imaginar?
El sujeto 0, creo que le dicen así al primero que se contagia, o el primero que adquiere el virus y de ahí empieza a contagiar a otres, era un...
Imaginemos el escenario.
Un señor muy resfriado, va caminando por el Puente Pueyrredón, entrando a la ciudad autónoma. Pasa un camión, que viene del vertedero de basura más cercano, exhala por el escape los humos que llevan a su vez, quién sabe qué mezcla de cosas que salieron de la basura que pisó hace un rato y, el viento trae una bocanada del baho del riachuelo; todo esto junto lo respira el señor resfriado, y por esas combinaciones que suele lograr la naturaleza, el virus de gripe muta, y adquiere las características del virus que venimos describiendo desde el principio.
Vale la aclaración. Ese señor es ciudadano de CABA, lo que pasa es que cuando cruzó a provincia, se le quedó el auto, y como vive cerca, se cruza caminando para volver a la casa. Porque viste como son algunos, que se ponen jodidos con las personas que vienen del conurba… de pelotudos que son, nomás.
Entonces el señor llega a la casa, hace lo que tiene que hacer para recuperar su auto, y transcurre el resto de su día, como lo hace habitualmente, y que la verdad no debería interesarle a nadie, porque es su vida.
Este señor se llama Esteban Krank, es empleado bancario.
Trabaja en la sucursal Avellaneda del Banco Provincia... (¿Ya escuchan la música incidental? ¿Se escucha el suspenso?)
Es cajero… (Chan!)
El señor Krank, pasadas en este caso, cuarenta y ocho horas, porque es el tiempo que necesitó la nueva mutación, para desarrollar todas sus nuevas características, va a su trabajo, como todos los días. Porque el incidente fue el lunes, cuando iba para trabajar, entonces pasadas cuarenta y ocho horas es miércoles, a las diez de la mañana, la hora que abre el banco y que las cajas empiezan a funcionar. Y, por esas cosas de los paralelismos y coso, entonces justo a las diez, cuando se abre la puerta, se activa el virus y empieza a ser contagioso.
Y esta parte no te la cuento, imaginátela vos. Todo lo que toca, todas las personas con las que habla… el sello de caja, las facturas que te cobró, el papel que te dio para firmar. La taza con la que tomó café. Los billetes… si, los billetes que tocó, ahora el señor billetín también lleva con sigo el virus del señor Krank…
Y el señor billetín, en la caja se manosea con otros señores billetín…
Una señora, dueña de una campo de soja, fue al banco a cambiar unos dólares que tenía en la cuenta, porque se quería comprar algo. No importa qué, eso no es asunto tuyo.
El tema es que justo la atiende el señor Krank.
Ella estaba en Avellaneda porque fue a visitar al hijo, que estudia por ahí, y el banco le queda cerca de la casa del hijo. Tres días después se vuelve para General Villegas, que es dónde tiene los campos, todos sembrados con soja, y para darle mayor suspenso a la cosa, un aditivo que faltaba para hacer que el virus sea colosal.
Como todes sabemos donde hay soja hay agro-químicos… imaginate la combinación entre un agro-químico y un virus, ya de por sí, extraordinario.
Bueno el tema es que la señora Reisen, porque ella se llama Marta Reisen, cuando se bajó del auto, sin querer dejó caer un pañuelito de papel con el que se había limpiado las lágrimas que derramó cuando se despidió del nene… flor de pelotudo el nene, pero no es parte de este relato.
El tema es que nadando en las lágrimas de la señora Reisen, iban unos cuantos hijitos de nuestro virus… y se fueron volando y cayeron en un surco, por donde pasó un avión y los fumigó.
Y para los virus fue como darse un pase de super merca…
Quedaron re locos, pero además los fortaleció… imaginate que de ser virus bebes, con carita de tiernos, se le ponen las cejas negras, casi como una eme, lo ojos se les salen de las órbitas, y entran a sacudirse por todos lados, y de cada uno se estallan tres, como los gremlins cuando los mojan.
Bueno, el viento hace el resto.
Y todo esto es una sola persona que pasó por la caja del señor Krank.
Otra persona que pasó, es un cadete que labura para un despachante de aduana. No sé que cosa de impuestos tuvo que ir a pagar ahí, puteo como nunca porque odia tener que cruzar a la provincia. No sé por qué le molesta tanto, pero en fin, cada loco con su tema.
Diego Damlich, se llama el cadete, después del banco también hizo su vida, ese día no le importa a nadie, al otro día a partir de las doce del mediodía, es cuando nos empieza a importar, fue a la aduana a llevar unos papeles que eran para una carga de un importador de esos que venden en el Once, cosas chinas… desde un taladro a una caja de música, pasando por juegos de vajilla, o destornilladores y linternas. Los papeles que tocó, pasearon por un montón de lados, y en cada lugar dejaron un virus, al punto que, cuando al otro día empezaron a descargar el container en el Once, todos los productos llevaban una muestra del virus, pa repartir.
La encargada del negocio está muy atareada porque necesita poder verificar que le mandaron todo lo que pidió, porque en dos días más viaja a Europa, quiere dejar todo ordenado para no tener kilombos y poder disfrutar de su viaje tranquila, esta vez le tocaba Londres, Brujas, París y Amsterdan, y no quería que la estén llamando a cada rato a romperle la paciencia y las vacaciones. Patricia Stolz venía preparando ese viaje hacía casi un año… de ninguna manera la iban a molestar.
Ahora imaginatela a Patricia, en Ezeiza… todo lo que toca, y quién lo va a tocar después, y a dónde lo va a llevar. Y ahí va en otras manos nuestro virus amigo.
Pero lo del campo no quedó ahí, porque el virus cejudo, recargado, se empezó a esparcir mucho más rápido, porque una vez contagiada una persona, en tan solo una hora, se volvía contagiosa.
Al cabo de quince días, una persona infectada con el virus original se cruzó con otra que tenía el virus cejudo… e intercambiaron virus.
Un virus cejas M, miró a un virus O, hizo un movimiento de cejas, arriba, abajo que conmovió a virus O… y así nació virus MO…
Virus MO sumó las características de ambos, resultado se transmitía a través de la respiración, y de contacto… en definitiva, en veinticinco días se contagió tode el mundo, y todavía nadie había manifestado síntomas, por lo que nadie sabía que estaba infectade.
Y en este punto del relato… une se da cuenta que todes tocamos lo que ya otres tocaron. Todes respiramos el aire que otres expiran, y que, como dice el tango “Vivimos revolcaos en un merengue , y en el mismo lodo, todos manoseaos.”
Ah… la fantasía del individualismo… más de cien años de capitalismo, inculcando el individualismo, y en dos meses un virus te demuestra que es una falacia.
El primero que pidió el día porque estaba enfermo, fue el Señor Krank… esa mañana se sintió raro, no entendía bien qué le pasaba. Veía borroso, le molestaba mucho la luz, le dolía la cabeza, después el dolor se fue transmitiendo a las extremidades.
Llegadas las tres de la tarde no aguantaba más y se fue al hospital. Lo revisaron, le ordenaron una serie de análisis, y esas cosas que te hacen para ver si pueden entender qué cornos le pasa a un paciente. Y si, entre todas estas idas y vueltas y tocadas y todo, el señor Krank iba diseminando virus a lo pavote.
Cuando el médico vio los resultados de laboratorio, lo ingresó, y lo internó en terapia intensiva… los valores eran un desastre, al punto que debería estar muerto.
Una vez internado empezaron las exploraciones en busca de lo que sea que estaba haciendo semejante desastre con el cuerpo del señor Krank. Y no encontraban nada.
Esa noche, el señor Krank durmió mal, profundo, pero con muchas pesadillas, cosas raras que después no podía explicar, porque era ese tipo de pesadillas que son más sensaciones que imágenes, y que se mezclan y es imposible ponerlas en palabras. Pero muy feo todo, se despertó muy angustiado, y a la vez asustado, porque fue el grito de un enfermero que entró a la habitación a hacerle los controles, y el golpe de la bandeja en el piso, lo que lo despertó.
La cara del enfermero expresaba horror y sorpresa, pero debe haber visto el miedo y la angustia en los ojos del señor Krank, porque logró tranquilizarse, un poco, y hablarle.
-¿Qué… quién es usted?
-Soy Esteban Krank. -¿Qué le pasaba a este enfermero? Cuando levantó las manos las sintió y las miró y ahí se dio cuenta.
Tenía la piel amarilla, como la de los Simpsons, y sus manos tenían la forma de...o mejor dicho más que la forma era… bueno las manos parecían de goma inflada, fofas, gordas, y amarillas. Se destapó las piernas y se encontró con dos patas de elefante, parecían pero con pié al estilo humano, eso si, proporcional a lo demás, casi redondos, y amarillos.
Bueno, caos total, en definitiva, el señor Krank se convirtió en un ser que tenía las piernas gordas, el culo gordo, como si fuera un dinosaurio de dibujos animados, la espalda chica, panzón, pelado y el único rasgo que quedó de él, fueron las facciones de su cara. Eso quedó igual, claro que amoldado a una cara gorda y amarilla. Porque sí, era todo amarillo.
Pero se sentía bien. No le dolía nada. Le repitieron los exámenes y gozaba de excelente salud, es más estaba reforzado.
Fue el primero. Como era el paciente 0, la sintomatología apareció antes. Por esas cosas de los virus, para manifestarse en les otres pacientes se tomó un tiempo más, y con eso de las cruzas entre el M y el O, y el MO, que también empezó a cruzarse, se tardó un poco más. Entonces, hubo algunos días de desconcierto con el estado del señor Krank, y de intercambio de información entre médicos y hospitales, y para cuando apareció otre paciente en otro hospital, medio que se sabía y ahí empezaron a alertarse, y cuando cayeron más pacientes… bueno en fin todo eso que se hace ante la posibilidad de una epidemia.
Todo al pedo, porque pasado un tiempo, todo el mundo que se había infectado adquirió el mismo formato que el señor Krank. Mantenían los rasgos de la cara, pero lo demás todo igual, había quienes tenían pito, y quienes tenían rayita… será por eso de la reproducción de la especie. Pero lo loco es que estaba invertido de como era antes. Es decir al señor Krank, le tocó rayita; mientras que a Marta Reisen le tocó pito; al pelotudo del hijo le tocó rayita; a Diego Damlich, también le tocó rayita; y a Patricia Stolz, le tocó pito.
Gran desconcierto, gran.
Por fin empezarían a entender lo que es la diversidad…
Y para sumarle más rareza a todo esto, el tipo de piel que todes portaban era…
Por la piel también se respiraba, por lo que no podían vestirse… las personas que se vestían empezaban a asfixiarse y tenían que ponerse en bolas, o morir.
Entonces todes desnudes, con esos cuerpos similares, y la única forma de distinción entre une y otre son los rasgos faciales…
Lindo kilombo se armó.
Imaginate que sos une de eses muchachites que se pasó media vida en el gym para ser atletique, delgade, bombonaze, esbelte y de repente tenés el formato de Dino, y para peor, todes a tu alrededor son iguales, y ni siquiera podes vestirte, para demostrar con la calidad de tu ropa, que sos mejor que les otres…
Flor de kilombo de desorientades que se armó, porque no había forma de fijar cuál era el status de cada une, todes con el mismo cuerpo, todes en pelotas… y ahora ¿cómo sé cuánto valgo?
Les terapeutas no daban abasto.